El País

Crítica: Princesa y santa

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Diana

Lo mejor:
El vestuario y la ambientación

Lo peor:
Sus tics de TV Movie

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 13/12/2013
  • Director: Oliver Hirschbiegel
  • Actores: Naomi Watts (Princesa Diana), Cas Anvar (Dodi Fayed), Naveen Andrews (Dr. Hasnat Khan), Douglas Hodge (Paul Burrell), Geraldine James (Oonagh Toffolo), Charles Edwards (Patrick Jephson), Daniel Pirrie (Jason Fraser), Juliet Stevenson (Sonia), Jonathan Kerrigan (Colin), Laurence Belcher (Príncipe William), Harry Holland (Príncipe Harry)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, Bélgica, Francia, 2013
  • Calificación: Todos los públicos

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Naomi Watts era muy consciente de dónde se estaba metiendo cuando dio el visto bueno a Oliver Hischbiegel. El de Diana es de esos papeles con los que una actriz del prestigio de Watts tiene poco que ganar y mucho que perder. Pues bien, como era de esperar, la protagonista de 21 gramos sale perdiendo. El director alemán opta por eludir el perfil hagiográfico de la vida y obras de la princesa del pueblo, lo cual es un acierto a priori. Diana se centra en los dos últimos años de vida de la novia del Reino Unido especulando con un romance sin red con un cirujano que, al parecer, fue el hombre de su vida, y al que no olvidaba ni cuando intentaba darle celos montando un circo mediático alrededor de sus salidas diurnas y nocturnas con Dodi Al Fayed. Más allá de la plausibilidad o no del perfil elegido, el drama transcurre por los cauces de un drama romántico de princesas de vieja escuela, pero desde el prisma de ese mestizaje contemporáneo entre el mundo plebeyo y el de la sangre azul.

Típica y tópica crónica de romance imposible entre ella, madre del heredero al trono y princesa, si no de sangre, al menos si en el corazón de sus paisanos, y él, un tipo corriente superado por las agobiantes circunstancias, que ama a la princesa pero no las cargas que ese amor arrastra consigo. Todo es apabullantemente plano en este descafeinado biopic con aire de telefilme de lujo. Por lo pronto propone un retrato unidimensional de la princesa. Todo en ella es noble inmaculado, nada de lo que dice o hace tiene segundas lecturas porque su bondad no ofrece dobleces. Hirshbiegel nos pinta a Diana como una moderna madre Teresa de Calcuta, una santa ejerciendo filantropía en el momento y lugar equivocados.

Es imposible empatizar más allá de los cuadriculados vaivenes del romance principesco (pero sin príncipe) frente a un retrato tan escandalosamente parcial. Diana solo muestra las luces, y esconde las sombras, proyectando una imagen bidimensional del personaje en una película sin ningún interés histórico o político.

Carnaza para incondicionales del clásico romance regio de película, la cinta no arroja luz ninguna sobre el personaje objeto de retrato. Naomi Watts no guarda demasiado parecido con la princesa de Gales, y por algún extraño motivo solo se acuerda de "imitarla" a ratos, cuando se recrea la célebre entrevista-confesión en la que abrió su corazón, y algo más, al pueblo británico. Su composición es errática y sin demasiados matices. El único aliciente es la dramatización de ese infierno mediático al que vivía sometida día y noche una mujer permanentemente acosada, sin derecho a intimidad ni vida propia, que era patrimonio de todos menos de ella misma.

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