El País

Crítica: Los golpes de la vida.

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Dioses y perros

Lo mejor:
Hugo Silva, sobre el que recae el peso de la película.

Lo peor:
La película no atina en ningún momento a ser otra cosa que un producto de consumo que nadie recordará en un mes.

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 10/10/2014
  • Director: David Marqués, Rafa Montesinos
  • Actores: Hugo Silva (Pasca), Megan Montaner (Adela), Juan Codina (Fonsi), Elio González (Toni), Enrique Arce (Colomo), Miriam Benoit (Carmela), Ricard Sales (Mario)
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 18 años

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Viendo una película como Dioses y Perros resulta muy complicado discernir qué hay en ella de producto comercial con estrella, Hugo Silva, al frente; qué de propuesta adscrita a géneros tan codificados como el drama de superación personal, el cine negro o, sorpresa sorpresa, el romance edulcorado; y qué de tragicomedia realista con la que su guionista y director, David Marqués, ambicionaba lanzar un mensaje positivo en torno a la superación de la crisis social y económica que atravesamos, un mensaje sobre "perdedores y redención". No sería preciso establecer estas fronteras entre unos y otros registros, avisar al espectador de a cuál puede acogerse según sus preferencias personales, si Dioses y perros funcionase como conjunto, como ejemplo de buen cine popular. Pero, desgraciadamente, no sucede así.

Marqués ha reconocido que aceptó la película como encargo precipitado. Que apenas tuvo mes y medio "para reescribir un guión previo, ensayar y empezar a rodar". Y ello se aprecia en todos los aspectos formales que concretan la imagen, deudores de modismos televisivos y capaces de pasar de lo mejor a lo peor con el salto de una secuencia a la siguiente. Pero, sobre todo -como ya hemos apuntado y delata un final brusco, en la frontera del absurdo-, ese apresuramiento, esa indefinición fruto de recoger el testigo de una labor ajena y tener poco tiempo para recrearla, queda en evidencia cuando se trata de determinar qué pretende expresar Dioses y Perros a partir de la historia de un antiguo boxeador, Pasca (Silva), que no puede aspirar a un trabajo estable debido a un complejo de culpa que le ha condenado a cuidar de un hermano en silla de ruedas, Toni (Elio González), y de un amigo, Fonsi (Juan Codina), asimismo ex-púgil y abandonado al alcoholismo. La entrada casual en escena de una parlanchina profesora llamada Adela (Megan Montaner), recién llegada al barrio deprimido en el que malviven Pasca y sus familiares y amigos, remueve los cimientos de la existencia del protagonista, que, pese a sus sinsabores, estaba marcada por una resignación cómoda, por la aceptación obligada como sparring de los golpes literales y metafóricos que le ha propinado durante años el día a día.

En su quinta realización tras Cualquiera (2003), Aislados (2005), Desechos (2010) y En fuera de juego (2011), Marqués vuelve a demostrar una innegable habilidad para entretener superficialmente al público durante ochenta minutos escasos: cada escena alberga una nota de interés anecdótica, un personaje entrañable u odiable, una ligazón eficaz con lo que ha sucedido antes y lo que se nos planteará después. Además, como adaptación de la novela homónima de Jesús Martínez Balmaseda, Dioses y Perros hace mínimamente sutil lo que en el texto original rozaba el ridículo en numerosas ocasiones, especialmente en lo tocante al retrato del personaje principal, un semental paródico de extrarradio. Hugo Silva también es partícipe de esa conversión de Pasca en alguien que no abochorna seguir en sus andanzas; pero no se ve secundado por otros miembros del reparto, abonados a la escuela interpretativa de las teleseries españolas, es decir, el chascarrillo y la gesticulación histérica, defectos con los que componen menos tipos humanos que esperpentos de mala comedia. Lo que acaba siendo, en definitiva, Dioses y perros, no por convicción sino por el ensamblaje tan torpe de todas sus partes.

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