El País

Crítica: Entre la ficción y la lección

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Dope

Lo mejor:
Su apología contra los lugares comunes en que gustan de moverse los colectivos

Lo peor:
El afán didáctico de la cinta, muy explícito en sus últimos minutos

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 11/12/2015
  • Director: Rick Famuyiwa
  • Actores: Shameik Moore (Malcolm), Rakim Mayers (Dom), Blake Anderson (Will Sherwood), Bruce Beatty (Sr. Bailey), De´aundre Bonds (Stacey), Julian Brand (Mario), Quincy Brown (Jaleel)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Dope se estrena en cines españoles cuando aún está presente en ellos Straight Outta Compton, drama biográfico centrado en la escena artística negra que germinó hace treinta años en barrios marginales estadounidenses; y cuando llega a las salas de aquel país lo nuevo de Spike Lee, Chi-Raq, adaptación de la comedia de Aristófanes Lisístrata al ámbito de una de las zonas más violentas de Chicago, habitada asimismo por una mayoría abrumadora de vecinos de color. Los tres títulos evidencian, por tanto, el interés creciente durante los últimos años de la cultura popular norteamericana -y, más en concreto, el cine- por el papel que juega la minoría citada en aquella sociedad.

Un interés al que no es ajena, lógicamente, la elección de Barack Obama en 2009 como presidente de los Estados Unidos: el argumento común de Straight Outta Compton, Chi-Raq y Dope es el de la capacidad de la comunidad negra para trascender el lugar común en cuanto a costumbres y actitudes que la cultura dominante continúa asignándole, y en el que a veces ella misma ha parecido acomodarse. Dope es muy explícita al respecto ya desde sus créditos iniciales, que nos subrayan los tres posibles significados de la palabra que titula el film: dope puede apelar al consumo de drogas, a una persona estúpida, o, en argot, a algo excelente, que merece aprobación.

El personaje que se debate entre esas tres acepciones es Malcolm (Shameik Moore), un joven residente en The Bottoms, barriada de Los Ángeles que habitan afroamericanos de extracción económica baja y que asolan las bandas y narcotráfico. Malcolm y sus amigos Jib ( Tony Revolori) y Diggy (Kiersey Clemons) se han negado a aclimatarse al medio ambiente que les rodea; todo en sus aficiones, vestimentas y hábitos estudiantiles va a la contra, y las aspiraciones de Malcolm llegan al extremo de pretender ingresar en la Universidad de Harvard.

Sin embargo, su asistencia a una fiesta que desembocará en tiroteo y redada policial, hace que Malcolm y sus colegas se vean envueltos en un enredo criminal que amenaza con precipitar sus vidas a la violencia, y con reafirmar los prejuicios que maestros y demás representantes de la sociedad biempensante tienen sobre ellos bajo las apariencias de la tolerancia y la comprensión. Los intentos de Malcolm por salir con bien de una situación potencialmente catastrófica, por demostrarse y demostrarnos que no es carne de cañón, constituyen el grueso de una película que ha sido muy alabada por la crítica norteamericana.

Y, hasta cierto punto, con razón: el guionista y director de la cinta, Rick Famuyiwa, firmante hasta la fecha de tres películas para público de color absolutamente convencionales -Colegas (1999), Brown Sugar (2002) y La boda de mi familia (2010)-, despliega en Dope el talante entusiasta y desprejuiciado de un debutante. Sabe moverse con habilidad, y en ocasiones en una misma escena, del registro de la comedia al del drama y la intriga, y hacer que una narración con no poco de artificiosa y enrevesada fluya con tanta velocidad e ingenio como para que se le pueda perdonar.

Más problemáticas, sin embargo, resultan su obsesión por plagar los diálogos con todo tipo de referencias pop, lo que le hace pecar de localista y poco atractiva para espectadores no familiarizados con cierta escena cultural; y, sobre todo, el afán didáctico en que acaba ahogándose el relato, menos propio de una ficción que de un docudrama aleccionador para la juventud afroamericana, algo que para colmo choca con la diatriba contra las imposturas de la corrección política que se había planteado. Es un defecto que también podía percibirse, volvemos al comienzo, en las primeras películas de Spike Lee; aunque las imágenes de Aulas turbulentas (1988) o Haz lo que debas (1989) ostentaban una voz política que trascendía, por épica y compleja, las meras mejores intenciones del discurso. En Dope, eso no se logra.

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