El País

Crítica: Barbacoa de hermanos.

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Dos a la carta

Lo mejor:
Algunos exteriores y Melanie Olivares.

Lo peor:
Todo lo relacionado con el familiar que comparten Óscar y Dani, propio de una mala sitcom televisiva.

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 21/11/2014
  • Director: Robert Bellsolà
  • Actores: Adriá Collado (Òscar), Andoni Agirregomezkorta (Dani), Carolina Bang (Belén), Melanie Olivares (Yoli), Marcel Tomàs (Marcello), Sergi López (Deulofeu), Helena Pla (Martona), Jordi Romanós (Sr.Ramon), Martha Carbonell (Sra.Angelina)
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2014
  • Calificación: Todos los públicos

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Siendo una película humilde, a Dos a la carta cabe reconocerle algo: el intento de practicar en España un cine similar al producido con éxito en Francia, que ejemplifica un estreno reciente como Barbacoa de amigos (2014): un tipo de comedia coral, a medias entre lo sofisticado y lo popular, lo turístico y el product placement, en el que adquieren gran relevancia la buena mesa y lo campestre. Un cine que, por el precio de una entrada, sirve a la clase media para desahogar frustraciones de una vida cotidiana que, en pantalla, parece podrían solventar unos cuantos paseos, comilonas y revolcones entre los arbustos.

 Sin embargo, como sucedía cuando eran exhibidas hace bien poco propuestas españolas comparables - Solo para dos (2014), Amor en su punto (2014)-, cabe preguntarse cuál es el verdadero potencial taquillero de Dos a la carta, habida cuenta de que, pese a contar en su reparto con actores de cierto renombre encarnando papeles de más o menos enjundia ( Sergi López, Carolina Bang, el televisivo Andoni Agirregomezkorta), el grueso de su equipo técnico y artístico ostenta un perfil modesto, y lo mismo cabe decir de la cantidad de copias con que podrá verse y la campaña publicitaria que la acompaña.

 Porque el argumento, ni original ni demasiado creativo, es complicado que vaya a procurarle por sí mismo a Dos a la carta una repercusión fruto del boca a boca. En lo que constituye su segunda ficción tras Passi el que passi (2011) y tres documentales, el catalán Robert Bellsolà, asimismo productor de la cinta a través de su compañía Aiguaviva Films, ha ideado junto a Manel Casabó un enredo humorístico estereotípico, en torno a dos caracteres opuestos que han de unir fuerzas a partir de determinado momento por culpa de la adversidad, y que acaban no solo comprendiéndose el uno al otro, sino hallando ese acomodo en el mundo que hasta entonces habían echado de menos.

 Uno de tales caracteres es aquí Dani, un payés de manual que personifica las virtudes y defectos de lo rural. El otro es Óscar, un yuppie urbanita con el agua al cuello económicamente. Un restaurante recóndito del que ambos han de ocuparse por imprevistos y parentescos que no desvelaremos, obligan a Dani y, sobre todo, a Óscar a redecorar sus vidas de arriba abajo, condicionados por las presencias de la mujer del segundo, Belén (Bang), y una joven nativa de armas tomar, la Yoli (Melanie Olivares, puede que la intérprete más entonada), así como por el acecho de un cliente rumano de Óscar que no está nada contento con el uso especulativo que este había dado a su dinero.

 El desarrollo de Dos a la carta es tan absolutamente predecible a partir del planteamiento descrito, la dirección de Robert Bellsolà y el montaje se adecúan tan de puntillas al mismo delegando los potenciales expresivos en la banda sonora y la fotografía, que la sucesión de gags, momentos sentimentales, equívocos y reflexiones livianas sobre el sentido de la existencia ("la tierra es la niñez" y demás); los ecos premeditados o casuales de 8 apellidos vascos por el retrato caricaturesco de ciertos personajes; y alguna que otra secuencia postrera de acción chusca, pasan por nuestros ojos sin llamar la atención en ningún momento, como si las imágenes fueran solo pálidos recuerdos de otras idénticas vistas en infinidad de títulos ya existentes.

 Si algo puede destacarse, es el contraste entre la calidez con que la cámara se desenvuelve en exteriores, y la sensación de asfixia que transmiten los interiores; igual la intención es premeditada, igual responde a que muchos de esos interiores son o están iluminados como si fuesen decorados. Por lo demás, Dos a la carta es decepcionante. No tanto porque insulte la inteligencia del público -se ven películas peores cada viernes-, como porque es correcta en el sentido más alicorto de la palabra: no varía ni una coma respecto de modelos que, como señalábamos al principio, al menos en otros ámbitos funcionan, pero por estos lares no garantizan ningún impacto popular.

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