El País

Crítica: Evolución-Involución

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
El amanecer del planeta de los simios

Lo mejor:
El impagable impacto emocional del relato

Lo peor:
Una trama un pelín trillada

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 18/07/2014
  • Director: Matt Reeves
  • Actores: Andy Serkis (Cesar), Gary Oldman (Dreyfus), Judy Greer (Cornelia), Keri Russell (Ellie), Angela Kerecz (mujer atrapada), Toby Kebbell (Koba), Jason Clarke (Malcolm), Kirk Acevedo (Carver), Kevin Rankin (McVeigh), Keir O´Donnell (Finney), Karin Konoval (Maurice), J.D. Evermore (francotirador), Terry Notary (Rocket), Lee Ross (Grey), Lombardo Boyar (Terry)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Al calor de los mil aciertos de la primera entrega, que es y sigue siendo uno de los blockbusters más finos, lúcidos y sofisticados de lo que llevamos de siglo, El amanecer del Planeta de los Simios se enfrenta a varios retos mayúsculos: el primero es engordar el filón sin caer en la trampa de la reiteración redundante, encontrando espacio para explorar el mito desde otro ángulo, de manera que el enésimo viaje al universo apocalíptico de la hegemonía simia huela a nuevo y no a ortopédica secuela-remake oportunista a rebufo del material pre-existente; el segundo es superar la baja de un Rupert Wyatt que bordó el equilibrio entre la dimensión emocional de la rebelión simia y las exigencias pirotécnicas de un taquillazo veraniego apto para toda clase de públicos.

Lo cierto es que Matt Reeves protagoniza una transición imperceptible. Lejos de los vericuetos intimistas de una primera entrega que planteaba dilemas científicos posmodernos con mucho criterio, y que probaba que aún es posible explotar el filón pre/postapocalíptico sin caer en la mecánica reproducción del estribillo de siempre, el segundo episodio se incrusta en el clima prebélico de una dicotomía irreversible entre dos razas que luchan a brazo partido por la supervivencia, proponiéndose como parábola de ese pánico fronterizo a la diversidad, en torno a las semillas del odio que florecen alrededor de la incomprensión, y el recelo étnico-racial más primitivo. Con todo, el esquema es, sin duda, más condescendiente.

El amanecer del Planeta de los Simios sí es un espectáculo postapocalíptico de libro, y en ese sentido inevitablemente previsible, más acorde con la sensibilidad (o la ausencia de ella) del público de multisala de nueva generación. Pero lo hace sin desfigurarse, fiel a la esencia de una serie en la que el quid de la cuestión no es el barullo estándar de un show digital de un blockbuster veraniego de gran presupuesto. Lo que te mantiene grapado a la butaca es el conflicto emocional de Cesar y los suyos, en el infructuoso empeño de edificar una civilización pacífica, y de promover una convivencia razonable y no destructiva con el vecino humano. Es el universo de Darwin al revés. Los simios evolucionan cuanto más simios son, mientras el hombre involuciona, autodestruyéndose y volando su monstruosa civilización por los aires, apelando a instintos de preservación absolutamente primitivos, mientras los monos se afanan en construir un futuro sostenible. Es esa fascinante paradoja la columna vertebral de una película que vende tragedia y personajes, antes que piruetas digitales y exhibiciones de músculo pirotécnico.

En fin, la propuesta de Reeves funciona porque sus personajes, los viejos y los nuevos, siguen funcionando. Los derroches visuales de la esmeradísima puesta en escena son solo el abalorio de un conflicto ancestral entre progreso sostenible e insostenible, alrededor de una comunidad de simios que derrochan corazón y entrañas, en medio de una irrespirable tensión entre confraternización y diplomacia, por un lado, y rencor y exterminio por el otro.

La expresividad de los primates es absolutamente asombrosa, y es esa excelencia técnica precisamente la que dota a los personajes del bando simio de una humanidad radiante, de una sensibilidad pasmosa. Más elemental, simple incluso, si se quiere, que la película que inauguró la saga, El amanecer del Planeta de los Simios crece en torno a un conflicto emocional tangible, cuajando como secuela modelo y disparando las expectativas de cara a un tercer episodio que, a poco que acierte a mantener la altura del listón, rubricará la consagración de una de las grandes sagas palomiteras de lo que llevamos de centuria.

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