El País

Crítica: Familia, Estado

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El clan

Lo mejor:
Es una película que fluye con facilidad, siendo muy ambiciosa

Lo peor:
Que el espectador solo sepa apreciar la anécdota, no sus repercusiones

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  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 13/11/2015
  • Director: Pablo Trapero
  • Actores: Guillermo Francella (Arquímedes Puccio), Antonia Bengoechea (Adriana Puccio), Gastón Cocchiarale (Maguila Puccio), Stefanía Koessl (Mónica), Peter Lanzani (Alejandro Puccio), Franco Masini (Guillermo Puccio)
  • Nacionalidad y año de producción: Argentina, España, 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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La coincidencia en la última edición del Festival de San Sebastián de la producción chilena El club y la argentina El clan, permitió constatar, no solo las calidades formales del cine gestado en Hispanoamérica; también, su capacidad para indagar en los claroscuros de países cuyos pasados recientes continúan ejerciendo -ocurre también en España, aunque, con excepciones como La isla mínima, los cineastas locales no estén por la labor de reflexionar sobre ello- una influencia directa en el presente.

Si Pablo Larraín abordaba de manera alegórica en El club las connivencias de la iglesia con el entramado sociopolítico chileno, Pablo Trapero es más literal en El clan, al recrear en pantalla un hecho real: en la Argentina de principios de la década de los 80 del pasado siglo, la inmediatamente posterior a la dictadura del general Videla, un clan delictivo compuesto por el abogado y empresario Arquímedes Puccio, varios de sus hijos, y otros cómplices, llevaron a cabo una serie de raptos por causas económicas que solían desembocar en los asesinatos de los secuestrados, hasta que fueron detenidos en 1985.

 La historia es en sí misma fascinante, dado que, lejos de constituir una familia disfuncional o en situación económica precaria, los Puccio se hallaban totalmente integrados en un entorno de clase media y alta. Su motivación era la codicia, y sus crímenes se caracterizaron por sus tintes pequeñoburgueses, por la ausencia de una mínima moral: seleccionaban a sus víctimas de entre sus conocidos y amigos, y las ocultaban hasta deshacerse de ellas en su propio domicilio, donde el clan seguía viviendo sin pestañear su día a día.

 Pero lo más significativo es que los modos y maneras de los Puccio a la hora de concretar sus secuestros y asesinatos, reflejaban el terrorismo de Estado practicado antes por la Junta Militar de Videla -desde su juventud, Arquímedes había formado parte de organizaciones subversivas y de espionaje ultraderechistas-; y que, si sus actividades se saldaron con éxito durante años, fue debido a la tolerancia de estamentos policiales y militares no precisamente depurados en cuanto a sus miembros ni sus actitudes.

 El clan lo tenía difícil para superar las implicaciones ya evidentes en el simple recuento de los hechos, o lo que podría aportarnos un documental informativo. Sin embargo, consigue erigirse en ficción significativa gracias a su apuesta por renunciar a la perspectiva de amplio espectro, ilustrativa. Trapero se ancla a lo particular por perturbador que le resulte al espectador. Su mirada nunca trasciende las dinámicas emocionales y cotidianas generadas en el seno de la familia Puccio, lo que nos obliga a comprenderlos en lo que son y a entender hasta qué punto ejemplifican los valores -o la falta de los mismos- de todo un corpus social con el que no se vislumbran fricciones.

 No son ajenos al acierto de la propuesta los co-guionistas de El clan, Esteban Student y Julián Loyola, que habían aplicado la misma estrategia de proximidad a otro film con temática similar, Crónica de una fuga (2006); pero la viveza, la verosimilitud de las imágenes, hay que agradecérselas sobre todo a la labor del montador Alejandro Carrillo Penovi -todoterreno del cine contemporáneo argentino-; el reparto liderado por Guillermo Francella; y el director, Pablo Trapero. Realizaciones suyas previas como El bonaerense (2002), Leonera (2008) o Elefante blanco (2012) habían dado cuenta de una evolución estilística y comercial tortuosa, en ocasiones contradictoria. Esta nueva película de Trapero no permite aclarar nada al respecto, pero hace algo más interesante: demostrar que cualesquiera paradojas artísticas pueden redundar en el ámbito del cine popular, vía el trabajo continuado, en una forma de sincretismo expresivo tan enriquecedora como la que se aprecia en El clan.

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