Crítica: Entre Mabuse y Bourne

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El contable

Lo mejor:
la interpretación de Ben Affleck.

Lo peor:
es una de esas películas mucho menos inteligentes e ingeniosas de lo que pretenden en cada plano.

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 21/10/2016
  • Director: Gavin O´Connor
  • Actores: Ben Affleck (Christian Wolff), Anna Kendrick (Dana Cummings), Jon Bernthal (Braxton), J.K. Simmons (Director Raymond King), Jeffrey Tambor (Francis Silverberg), John Lithgow (Lamar Black), Cynthia Addai-Robinson (Marybeth Medina)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Christian Wolff ( Ben Affleck) trabaja en apariencia como contable en una pequeña gestoría del Medio Oeste, empleo para el que el autismo que sufre se ha desvelado un don magnífico. En todo caso, como descubrirán pronto Dana Cummings ( Anna Kendrick), empleada en una compañía auditada por Christian, y Marybeth Medina (Cynthia Addai-Robinson), una agente al servicio del gobierno estadounidense, bajo esa fachada inocua, Wolff se descubre una mezcla del Doctor Mabuse y Jason Bourne; un genio de la picaresca contable, y un fuera de la ley con habilidades de combate extraordinarias.

 Como nos hacía notar el crítico Israel Paredes a la salida del pase de prensa correspondiente, El contable es una película que ostenta ese look Warner que tan familiar le resultará al cinéfilo adepto a las producciones de aquel gran estudio norteamericano; sin duda, uno de los más estimulantes en activo hoy por hoy en Hollywood, aunque ello le arrastre con cierta frecuencia a fiascos creativos y/o de taquilla.

 Dicho look, que, por otra parte, ha sido marca de la casa en otros periodos históricos -véanse las películas gestadas por la major en los años treinta y cuarenta del siglo pasado-, es perceptible sobre todo en sus propuestas de estilización realista, que, en los últimos años, han encontrado en el cine de Clint Eastwood su mayor paradigma e influencia. Así, en El contable, la fotografía de Seamus McGarvey, el montaje de Richard Pearson y la planificación del director Gavin O´Connor se conjugan para brindar a las escenas una contundencia, una severidad, que, durante los compases iniciales del metraje, pueden hacernos llegar a creer que nos encontramos ante uno de los escasos ejemplos de cine adulto que la industria estadounidense tiene a bien ofrecernos cada temporada.

 Nada más lejos de la realidad. A la postre, El contable es una mezcla incómoda de géneros; un híbrido de drama, noir y cine de acción que acusa defectos, para empezar, en lo que se refiere a la multitud de puntos de vista sobre lo narrado, la exposición del pasado y el presente del protagonista, y la claridad del relato principal. Problemas que hacen que pesen lo suyo sus más de dos horas de duración, y que delatan que el guión obra del poco experimentado Bill Dubuque -coautor previo, por otra parte, de la horrenda El juez (2014)- habría necesitado de un trabajo considerable de reescritura antes de ser producido.

 No sorprende el dato de que el guión de Dubuque hubiese estado dando vueltas por la Meca del Cine durante años sin que nadie se decidiera a concretarlo: al ingenio superficial con que plantea algunas ideas -sobre todo en lo tocante al autismo de Christian Wolff y la repercusión en su ánimo y actividades- no le corresponde una mínima fluidez del conjunto. Y es algo que emana continuamente de las imágenes de El contable, cuyos efectismos y falsa gravedad son equiparables a los típicos de esas novelas gráficas auspiciadas por editoriales como Marvel y DC Comics para un público sofisticado y, en la práctica, tan inmaduro como el que tiene el cómic de grapa como epicentro de su dieta cultural.

 Al final, inesperadamente, lo más sugestivo acaba por ser la interpretación de Ben Affleck, que dota a su personaje de cierto carácter entrañable y un humor soterrado, con gestos mínimos obligados por la dolencia que aqueja a Wolff. Frente a la mesura de Affleck, quedan más en evidencia los histrionismos de Anna Kendrick -a quien, por otra parte, se nota muy perdida-, un J.K. Simmons autoparódico, y un Jon Bernthal al que toca además lidiar en los últimos minutos con el argumento más ridículo de la película, que termina por hacer de la misma un producto de serie Z revestido, sin éxito, con los ropajes de un thriller para mayores de catorce años.

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