El País

Crítica: Distracciones y demoras

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El corredor del laberinto: Las pruebas

Lo mejor:
Hay una innegable profesionalidad y hasta cierto grado de inspiración en las imágenes

Lo peor:
Mucho antes de un desenlace que no es más que otro punto y seguido, uno se ha desentendido de la película

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 18/09/2015
  • Director: Wes Ball
  • Actores: Dylan O´Brien (Thomas), Kaya Scodelario (Teresa), Thomas Brodie-Sangster (Newt), Ki Hong Lee (Minho), Nathalie Emmanuel (Harriet), Aidan Gillen (Janson), Katherine McNamara (Sonya), Giancarlo Esposito (Jorge), Patricia Clarkson (Ava Paige), Barry Pepper (Vince), Lili Taylor (Mary Cooper), Rosa Salazar (Brenda), Jacob Lofland (Aris Jones), Bryce Romero (Jack), Tatanka Means (Joe)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Esta segunda entrega de la serie cinematográfica basada en las novelas distópicas para adolescentes escritas por James Dashner, adolece de todos y cada uno de los problemas que suelen aquejar a este tipo de producciones. En especial, es el caso, cuando se erigen en capítulos intermedios. Significativamente, El corredor del laberinto: Las pruebas puede considerarse la secuela más tediosa estrenada en lo que llevamos de 2015 desde que viese la luz el pasado mes de abril La serie Divergente: Insurgente (2015), segunda parte a su vez de otra saga cortada por el mismo patrón.

 La lástima es que, en lo que atañe a sus planteamientos y sus valores de producción, la cinta que nos ocupa -como ya sucediese con El corredor del laberinto (2014) respecto de Divergente (2014)- es bastante más sugestiva que la cinta protagonizada por Shailene Woodley. Lo que no obsta para que, como aquella, y como tantas otras propuestas recientes en la misma línea, se regodee para desesperación del espectador en eso que la crítica estadounidense ha definido ya como dilatory pacing: una cadencia lánguida, plagada de distracciones y demoras, con la que se pretende según los productores hacer honor a las novelas de partida, aunque, tanto estas como sus adaptaciones, solo busquen en realidad, a golpe de nuevos volúmenes o películas, que el consumidor pase por caja o taquilla las veces que el bolsillo o la paciencia se lo permitan.

 Como es habitual, El corredor del laberinto: Las pruebas comienza exactamente allá donde concluía su antecesora; es decir, con Thomas ( Dylan O´Brien) escapando, junto a otros jóvenes, de un claro lindante con un laberinto lleno de peligros al que se les había arrojado a todos ellos sin que supiesen la razón, en un futuro apocalíptico. Los chicos van a parar a una instalación entre lo sanitario y lo militar donde creen estar a salvo; los responsables del lugar les aseguran que podrán volver pronto a sus hogares. Sin embargo, las cosas no son en absoluto lo que parecen. Thomas y sus amigos se verán obligados a luchar de nuevo por sus vidas -ahora a la intemperie, en un mundo devastado- en busca de una organización rebelde que podría ayudarles a luchar contra el orden establecido que dispuso anteriormente de sus vidas en el laberinto y que ha emprendido en esta entrega una caza sin cuartel contra ellos.

 Hay varios elementos de interés en El corredor del laberinto: Las pruebas. Durante sus minutos iniciales, la ficción sabe reinventarse, de modo que, volviendo a un universo conocido, tenemos la sensación bienvenida de que todo es aún posible. El diseño de producción y los efectos digitales son excelentes, lo que, unido a la labor otra vez firme de Wes Ball tras la cámara, deriva en momentos tan afortunados como la persecución a que se ven sometidos Thomas y una compañera inédita de aventuras, Brenda (Rosa Salazar), por parte de unas monstruosas criaturas entre las ruinas de un rascacielos abatido sobre otro. Y, en contadas ocasiones, es irrelevante que la acción no lleve a ninguna parte, gracias a la empatía primaria que suscitan los personajes, y a que los escenarios son tan atractivos como para que nos apetezca perdernos por sus rincones, como si nos encontrásemos en un videojuego de entorno abierto.

 Pero, como ya hemos apuntado, dichos detalles no son suficientes para soslayar, durante la mayor parte de un metraje que sobrepasa las dos horas, las conversaciones absurdas, los tiempos muertos, el embrollo deliberado en torno a qué ambicionan unas y otras facciones y lo que ello supone en términos de idas y venidas. La tolerancia del espectador se agota, lo que le lleva a ser inclemente con otros aspectos de la película: la configuración trasnochada de Thomas como macho alfa que todo lo arregla y todo lo puede, o el recurso estereotípico a actores de cierto renombre antaño -aquí Giancarlo Esposito o Lily Taylor-, que luego no ejercen más que de comparsas, o son acribillados a balazos antes siquiera de que al pesado de turno le dé tiempo a chillar desde el patio de butacas "¿Ese no es...?".

 El estreno del tercer episodio de El corredor del laberinto, The Maze Runner: The Death Cure, está anunciado en principio para el 17 de febrero de 2017. No tenemos ninguna prisa en que llegue esa fecha.

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