Crítica: Demasiada tierra media

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

Lo mejor:
El ataque de Smaug a Ciudad del Lago

Lo peor:
La batalla final es absolutamente interminable

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  • Género: Aventuras
  • Fecha de estreno: 17/12/2014
  • Director: Peter Jackson
  • Actores: Martin Freeman (Bilbo Bolsón), Richard Armitage (Thorin Escudo de Roble), Luke Evans (Bardo), Evangeline Lilly (Tauriel), Orlando Bloom (Legolas), Ian McKellen (Gandalf), Christopher Lee (Saruman), Manu Bennett (Azog), Cate Blanchett (Galadriel), Hugo Weaving (Elrond), Benedict Cumberbatch (Smaug / Nigromante), Aidan Turner (Kili), James Nesbitt (Bofur), Graham McTavish (Dwalin), Billy Connolly (Dain), Mikael Persbrandt (Beorn), Dean O´Gorman (Fili), Sylvester McCoy (Radagast), Ken Scott (Balin)
  • Nacionalidad y año de producción: Nueva Zelanda, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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A diferencia de lo que ocurriera hace ya una década con la trilogía del anillo, todas y cada una de las decisiones estratégicas relativas a la gestión de la nueva franquicia están mediatizadas por criterios de marketing y por imperativos económicos. La saga de " El Hobbit" ha acabado cuajando como un sensacional sacacuartos. Ni rastro, de hecho, de la pasión contagiosa con la que se conducía Peter Jackson en la primera serie. La nueva franquicia es todo músculo; no hay ni rastro de esa calidez sentimental de antaño, de la extraordinaria dimensión épica de un relato de nueve horas largas con soberbio manejo de los tiempos y de los excesos. Hay una diferencia esencial entre las dos sagas, una que es la que define la diferencia abismal entre las dos propuestas: la trilogía original tiene a Tolkien como guionista, este tiene a Jackson y su gente, y las comparaciones resultan del todo odiosas.

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos arranca dando marcha atrás, nada menos que con el clímax de la segunda mitad, que se nos negó entonces, y se nos endosa ahora descontextualizado y a destiempo (el propósito, claro, era tener dragón a toda costa en las dos películas). A partir de ahí acusa y arrastra los agudos problemas estructurales del segundo. En este sobra, minuto arriba minuto abajo, una hora de película, en la segunda entrega sobraba otro tanto. Conclusión: tratando de alargar el filón para multiplicar beneficios se cargaron dos películas que, de haber sido una sola, podrían haber sido el capítulo dos de un díptico muy apañado.

Las dos últimas películas de la saga son un goteo de desequilibrios, de subtramas accesorias sin razón de ser (la historia de amor entre la elfa y el enano se lleva la palma con las secuencias más involuntariamente cómicas de la serie), una constante exhibición de criaturas monstruosas irrelevantes, de infinitas variedades de orcos, de cameos extremadamente forzados (Legolas sigue sin pintar nada en esta fiesta, lo mismo que Saruman y Elrond que desfilan por desfilar), de guiños ortopédicos a la trilogía original, tratando de tender un puente entre ambas sagas con demasiada urgencia.

Hay prisas, nos tememos, incluso en el proceso de posproducción: en líneas generales el apartado técnico exhibe la abrumadora pericia de los técnicos de Jackson, pero hay efectos visuales que desentonan, fruto quizá de un proceso de edición con márgenes escasos. Una hora larga de interminable batalla (carente por completo del calado épico-emocional del asedio de Minas Tirith de El retorno del Rey), de redundantes combates individuales y de lugares comunes autorreferenciales (a ratos suena más a remake que a secuela propiamente dicha), que siguen a pies juntillas el esquema, los conflictos y los dilemas existenciales de los héroes de la primera trilogía.

Y en mitad de tanto pliegue y repliegue despunta el genio de Jackson para las secuencias de acción y batallas en entornos CGI, dosificando material potente echado a perder por un montaje hiperinflado en torno a tribulaciones demasiado planas. No está Tolkien detrás de esos incontables minutos de relleno (no de los otros, en realidad), por eso la trilogía de El Hobbit cuaja como una saga épico-fantástica de recorrido muy corto. Al final vuelve a haber regreso a la Comarca, pero esta vez sin nudo en la garganta, sin conmoción por la enormidad del viaje, sin nostalgia por las inolvidables horas de cine que precedieron el retorno a Ítaca.

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