El País

Crítica: Peter Jackson nos lleva de vuelta a la Tierra Media con una excelente cinta de aventuras lejos, eso sí, de los méritos de la excepcional, e irrepetible, "El Señor de los Anillos"

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
El hobbit: Un viaje inesperado

Lo mejor:
Que, más allá de comparaciones odiosas, es una magnífica cinta de aventuras

Lo peor:
Sobra película y faltan personajes más carismáticos

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  • Género: Fantástica
  • Fecha de estreno: 14/12/2012
  • Director: Peter Jackson
  • Actores: Martin Freeman (Bilbo Bolsón), Ian McKellen (Gandalf), Andy Serkis (Gollum), Cate Blanchett (Galadriel), Elijah Wood (Frodo Bolsón), Orlando Bloom (Legolas), Christopher Lee (Saruman), Hugo Weaving (Elrond), James Nesbitt (Bofur), Lee Pace (Rey Thranduil), Luke Evans (Bardo), Evangeline Lilly (Tauriel)
  • Nacionalidad y año de producción: Nueva Zelanda, EE.UU., 2012
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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La diferencia fundamental entre la trilogía El Señor de los Anillos y el tríptico El Hobbit es que la primera tenía a Tolkien como guionista, y la segunda solo como inspiración. El Señor de los Anillos es un relato de redención colectiva desde las tinieblas; El Hobbit es una novela infantil, un bosquejo blanco e inmaculado de oscuridades venideras que aún no poblaban, por entonces, la imaginación de Tolkien. Sí, el uno es la antesala del otro, pero es difícil encontrar dos libros parientes que acuñen tonos y propuestas narrativas tan radicalmente opuestas. Jackson se esmera en lograr lo que Tolkien no quiso lograr: una línea de continuidad de estilo y de tono entre las dos sagas, una homogeneidad en las formas que sortee, a matacaballo, la grieta que separa las dos novelas más emblemáticas del autor inglés.

El Hobbit es un libro para críos, un cuentecito de dobleces gruesas y elementales, una nana para dormir a los chavales de noche. Y he ahí donde reside el problema. Jackson quiere una precuela de El Señor de los Anillos y no una(s) película(s) autónoma(s) con vagos parentescos anilleros. Es decir, esta vez no hay materia prima para tanta película, luego hay que rellenar huecos con ingenio o subtramas puntuales de otros trabajos tolkienianos menos mediáticos ambientados en la Tierra Media. No, El Hobbit no es El Señor de los Anillos. El material bueno era el otro.

Al fin y al cabo la historia acabó resituando a El Hobbit como un mero boceto, un ensayo de lo que habría de venir después en la madurez literaria de Tolkien. Con esas limitaciones sería ingenuo y poco realista esperar de lo último de Jackson una réplica, la cuarta, de la película redonda, de nueve horas, que fue El Señor de los Anillos. No lo es; pero es difícil concebir mejor manera de exprimir librito tan intrascendente, novela tan infantil y líneal que la que aplica Peter Jackson, buscando las cosquillas adultas a un relato entrañablemente naive, urdiendo, con habilidad y más de una redundancia, los entresijos de una precuela en toda regla de El Señor de los Anillos.

Inútil sortear ciertas semblanzas de literatura para críos porque están en la esencia misma de la novela, e inútil también hacer una película de El Hobbit que no sea El Hobbit. Es decir, la cuarta entrega de la franquicia, porque eso es lo que es, no está a la altura de los ilustres precedentes por la sencilla razón de que el material objeto de adaptación tampoco lo está a la de los tres volúmenes de El Señor de los Anillos. Asumida esa limitación nos enfrentamos con dos muros. Jackson quiere engordar la película más de la cuenta (su querencia por los metrajes cercanos a las tres horas raya lo patológico), solapando la aventura sobre sí misma más de una vez y más de dos. A ratos El Hobbit: Un viaje inesperado se hace pesada, algo inconcebible en el clímax perpetuo de las tres películas anilleras.

Jackson, además, no tiene a disposición personajes con el carisma de Frodo, Aragorn, Boromir o incluso el Gandalf original. La empatía con enanos, elfos, magos y hobbits es menor, y eso perjudica inevitablemente la soltura del relato. Cierto que Thorin “escudo de roble” es el Aragorn de guardia, y que la Montaña Solitaria es el Monte del Destino pero sin cráter. La dinámica de este viaje es gemela de la del viaje antisauron de las tres primeras entregas, pero si eso ha de ser un motivo para denostar El Hobbit: Un viaje insperado, muerte a todas las películas de James Bond y a todas las franquicias Marvel de superhéroes que clonan una y otra vez la misma película. Superando, de hecho, el umbral de las odiosas comparaciones, lo nuevo de Peter Jackson se propone como película imperfecta, pero a la vez como una excelente película de aventuras que reivindica la excepcionalidad de lo menudo y fascinación del viaje por el viaje, de la aventura por la aventura.

Jackson recicla trozos de El Simarillion y los apéndices de ESDLA haciendo del primer Hobbituna precuela coherente y enormemente prometedora. Hay, a lo largo de los 180 minutos de película, un puñado de secuencias de cine grande: el prólogo acerca de la caída de Erebor, el duelo de acertijos Bilbo-Gollum, el flashback que explica el origen del mito de Thorin o la lucha de los gigantes de piedra retienen el aliento épico incomparable de la saga de los anillos. Entre medias, natualmente, altibajos, pero no tantos como para que El Hobbit. Un viaje inesperado no sea, y lo es, la mejor película posible, o casi, considerando, y es obligado considerarlo, las limitaciones de la fuente.

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