El País
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Crítica: Los límites del control

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El hombre más buscado

Lo mejor:
La impecable maquinaria audiovisual que conjuran el guionista Andrew Bovell y el director Anton Corbijn

Lo peor:
Lo impecable no siempre es un rasgo positivo.

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 12/09/2014
  • Director: Anton Corbijn
  • Actores: Philip Seymour Hoffman (Günther Bachmann), Rachel McAdams (Annabel Richter), Robin Wright (Martha Sullivan), Willem Dafoe (Tommy Brue), Daniel Brühl (Max), Mehdi Dehbi (Jamal), Kostja Ullman (Rasheed), Nina Hoss (Erna Frey), Martin Wuttke, Grigoriy Dobrygin (Issa Karpov), Vicky Krieps (Niki)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Para aprehender esta nueva película del director Anton Corbijn y, por extensión, su breve filmografía hasta la fecha, hay que remitirse al título de su ópera prima: Control (2007). Aquella biografía de Ian Curtis, líder del gupo Joy Division, versaba en el fondo sobre los intentos por canalizar profesional y artísticamente las cuitas de la existencia a fin de sobrevivir a sus embates; la segunda película de Corbijn, el thriller El americano (2010), también se centraba en un individuo controlador, un asesino profesional, que acababa sucumbiendo a los azares de la vida. Y El hombre más buscado vuelve a ser otra crónica de un fracaso anunciado; pese a los esfuerzos de todos los implicados por someter a sus intereses un escenario sociopolítico tan ilegible como el actual.

 Como El sastre de Panamá (2001), El jardinero fiel (2005) y El topo (2011), El hombre más buscado se basa en una novela de espionaje obra de John le Carré; autor al que, no por casualidad, devolvieron a la actualidad -al menos en lo que a adaptaciones cinematográficas se refiere- los atentados del 11-S y el sentimiento de paranoia que atenaza desde entonces tanto a Occidente como a Oriente Medio. El argumento de El hombre más buscado gira precisamente en torno a ambos asuntos: su auténtico protagonista, pese a tratarse de una ficción coral, es un joven ruso que aparece en Hamburgo sin papeles y al que los servicios secretos alemanes y estadounidenses consideran un terrorista islámico a punto de actuar. Mientras una abogada y un banquero tratan de que el misterioso recién llegado cumpla con la voluntad real que le ha llevado a la ciudad, quienes le espían estrechan sobre él un cerco, una trampa, que están tendiendo en realidad a sus propias ambiciones y necesidades.

 La intriga funciona durante casi todo el metraje de la película como un mecanismo de relojería, gracias a la sintonía de guión, realización, montaje y fotografía; la verosimilitud de lo que se plantea es absoluta, incluso cuando a estas alturas se nos pide aceptar que Philip Seymour Hoffman es un agente de la ley alemán; y el hecho de que el relato se articule, no solo a través de varios personajes, sino de los prejuicios ideológicos que representa cada uno, no desemboca en el relativismo ni la ambigüedad, sino que perfila con toda claridad un panorama amargo de las relaciones internacionales.

 Y, sin embargo, hay algo que impide que El hombre más buscado sea la gran película que presagian muchas de sus secuencias: la aspiración reiterada de Corbijn al control estético y narrativo de las imágenes, su obsesión por alcanzar la perfección a través del retrato de lo falible en el ser humano. Su incapacidad para desechar una excelencia formal superficial, para primar una réplica visual de la inseguridad soterrada que embarga a todos sus protagonistas bajo sus fachadas implacables. El efecto es desmoralizador, como constata en El hombre más buscado un largo plano final que delata tanto acabamiento en la ficción como, se reconozca Corbijn en ello o no, impotencia cinematográfica.

 En un momento de Control, Ian Curtis exclamaba, "ojalá fuese una serigrafía de Warhol colgada en la pared"; y ese deseo de convertirse en un obra de arte pop, en un objeto más allá de los principios del placer y el dolor, solo revelaba su miedo a ser con todas las consecuencias lo que era, un ser humano creador cuyo camino estuvo empedrado de grandezas, miserias y fragilidad. Del mismo modo, Anton Corbijn -que, no olvidemos, es también fotógrafo y director creativo de bandas como Depeche Mode y U2- sigue empeñado en filmar serigrafías animadas. Y, porque le salen impecables, están casi siempre muertas por dentro, son ineptas a la hora de recrear el espíritu que ha justificado su concreción.

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