El País

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Crítica: Hombres frente al espejo

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El jugador

Lo mejor:
La continua expresión divertida en el rostro de Brie Larson, sin duda tan ignorante como el espectador sobre lo que pretende la película

Lo peor:
Mark Wahlberg anda sobrado últimamente como actor, y en esta ocasión está cerca de hacer el ridículo

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 01/01/2015
  • Director: Rupert Wyatt
  • Actores: Mark Wahlberg (Jim Bennett), Jessica Lange (Roberta), Brie Larson (Amy Phillips), Sonya Walger (Angelina), John Goodman (Frank), Caitlin O´Connor (Poker Masseuse), Michael Kenneth Williams (Neville), George Kennedy (Ed), Leland Orser (Larry Jones), Emory Cohen (Dexter), Natalija Ugrina (Masseuse)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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En un momento especialmente acertado de la tragicomedia costumbrista The Gambler (1974), origen del remake interpretado por Mark Wahlberg que ahora se estrena en nuestro país, Axel (James Caan) escribe en la arena de la playa la cantidad desmesurada de dinero que debe por su adicción al juego. Su madre sale del agua y, mientras se seca, se topa con la cifra. En ese instante comprende la magnitud de los problemas que acucian a su hijo y, más aun, que posiblemente no tienen solución... Los talentos literarios de James Toback, guionista del film, y los visuales de su director, Karel Reisz, confluyen en esos planos para generar un valor expresivo admirable, un momento de pura vida en pantalla.

 El resto de la película, una cavilación típica en el cine estadounidense de aquella época en torno a personajes masculinos que lo tienen todo pero cuya insatisfacción existencial les aboca al abismo, no está siempre a la misma altura. Pero, en cualquier caso, fruto de su autoexigencia en el análisis de las vivencias humanas y de un lenguaje cinematográfico por entonces, no lo olvidemos, en pleno revisión de sentidos, aquella The Gambler manifestaba una coherencia exacta, sin concesiones, entre el fondo y las formas, que hacía indisociable un aspecto del otro: No cabía otro argumento para esos fotogramas, no cabían otros fotogramas para ese argumento.

 Pasados cuarenta años, atrapada la imagen en una espiral solipsista de significantes y significados, y descreídos cineastas y espectadores en lo que atañe a los relatos sobre nuestra condición, la nueva versión de El jugador tan solo delata una dolorosa incompetencia dramática, que comparte con otros desaguisados pretenciosos de última hornada como Sin límites (2011), El ladrón de palabras (2012), Ojalá estuviera aquí (2014) o El juez (2014). Títulos, todos ellos, también sobre personajes masculinos en crisis; aunque, como sus demiurgos, como la contemporaneidad, no sepan interpretarla, responder a ella, sino con una hiperinflación de signos visibles, superficiales, autocomplacientes, que les abocan al conformismo.

 Es, desde luego, lo que sucede en esta El jugador que protagoniza Wahlberg: la historia de Jim Bennett, un profesor de lengua inglesa empeñado en echar su vida por la borda a través del juego, que le procura sensaciones de "todo o nada" en función del propio talento y lo contingente, aspectos menoscabados en la vida diaria por el bien de la mediocridad colectiva. Pero, salvo por los debates al respecto que Jim (Wahlberg) mantiene con sus alumnos, nada funciona en la película. Ni los cambios sobre el guión original adoptados, sin demasiado criterio, por William Monahan, en lo que supone su tercer remake tras Infiltrados (2006) y Al límite (2010); ni las interpretaciones a cargo del propio Wahlberg y una histriónica, horrenda Jessica Lange en el papel de su madre; ni, sobre todo, el trabajo conjunto de dirección, montaje y fotografía llevado a cabo por Rupert Wyatt, Pete Beaudreau y Greig Fraser, que se desentienden o no entienden los dilemas de Jim, obsesionados con que las imágenes sean atractivas, con que las atmósferas de casinos y apartamentos y garitos y aulas sean resultonas, con que las carreras de Mark Wahlberg a pie o en su muscle car por la ciudad recién amanecida no decepcionen en comparación a las que propone un anuncio cualquiera de telefonía móvil.

Una película todavía en cartel, El protector (2014), triunfa allí donde fracasa El jugador porque cifra su labor estilística de reciclado y apropiación de thrillers añejos en los estereotipos y lo icónico. La película de Rupert Wyatt pretende hacer lo propio a partir del drama, cuando las motivaciones y estrategias de tal género están más allá de su comprensión. "Desde una perspectiva estética, el mundo ostenta sentido dramático porque abunda en errores y es pródigo en sufrimiento", ha escrito Harold Bloom. En una época que se niega a sí misma la noción de error y que ha hecho del sufrimiento un modismo, es normal que la perspectiva dramática que se arroja sobre ambos aspectos solo alcance a ser amorfa.

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