El País

Artículo: Los cimientos de una nueva sociedad

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha: 18/03/2010

Denzel Washington se pasea por un mundo inhabitable y postapocalíptico mientras guarda como oro en paño el arma más poderosa de todas: un libro.

El libro de Eli
  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 18/03/2010
  • Director: Albert Hughes, Allen Hughes
  • Actores: Denzel Washington (Eli), Gary Oldman (Carnegie), Mila Kunis (Solara), Jennifer Beals (Claudia), Evan Jones (Martz), Joe Pingue (Hoyt), Michael Gambon (George), Lora Cunningham (Chica joven Hijacker)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2010
  • Calificación: No recomendada menores de 13 años

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Con afilada mala uva se ha dicho desde EE.UU. que El libro de Eli iba a ser a la carrera de Denzel Washington lo que Mensajero del futuro a la de Kevin Costner. El tándem de directores Albert y Allen Hughes prefiere, por contra, los piropos de quienes ven en su última película una resurrección del espíritu Mad Max. Probablemente ni lo uno ni lo otro; si acaso una nueva ración doble de acción postapocalíptica en un mundo desolado por una indefinida catástrofe que ha devastado la buena salud del planeta y convertido a sus sufridos habitantes en bestias depredadoras. ¿Suena? Sí, es el atrezo de la excepcional The Road y de unas cuantas películas catastrofistas más con menos pedigrí, apoltronadas en un futuro infumable. El libro de Eli no es una película que destaque precisamente por la originalidad de su planteamiento, pero sus pretensiones son livianas y su platea potencial es mucho menos sofisticada que la de John Hillcoat y su sobrecogedora puesta en imágenes del texto de Cormac McCarthy. Si en aquella se rendía culto al antihéroe, aquí se busca, sin matices, la dimensión heroica del superviviente, en clave de neowestern, a patada limpia y con toda la fanfarria propia de de los justicieros moralmente impolutos y de puños inquietos.

Ambientada décadas después de una monumental catástrofe (no hay un solo plano exterior en la película que no esté adulterado digitalmente), la película traza el fin de viaje de un enigmático y errante superviviente, que arrastra su soledad por un mundo desolado donde la destrucción y la rapiña son las notas predominantes. En sus manos, un arma de poder incalculable. Eli (Denzel Washington) custodia el único ejemplar existente de la Biblia, la esperanza en un nuevo mañana poblado por valores más nobles para él y el imprescindible instrumento de control que necesita el pérfido Carnegie (Gary Oldman), improvisado dictador de un asentamiento informal que gobierna con puño de hierro, para extender su dominio más allá de cualquier límite. Eli, un experto pegador y hombre de pocas palabras, oscila entre la contención de las ambiciones del villano y el inusitado interés que la hija de aquel (Mila Kunis) muestra hacia el recién llegado.

En busca del germen de una sociedad y un mundo nuevos transcurre la particular epopeya de Eli a costa de un Denzel Washington (también productor de la cinta) que recibió instrucción del mismísimo discípulo de Bruce Lee, Dan Inosanto, y que no escurrió el bulto en las secuencias de acción, asumiendo así todos los riesgos habidos y por haber.

Y además

Denzel Washington en clave de ciencia-ficción

Virtuosity (1995)

Después de la nominación al Oscar por Malcolm X y papeles de espesor dramático como los de El informe pelícano o Philadelphia, la carrera de Denzel Washington apuntaba otros derroteros. Pero con Virtuosity se inició una nueva etapa en el cine de acción, y ciencia-ficción en este caso, que ganaría peso en los años sucesivos. Dirigida por el olvidado Brett Leonard, la película acerca de las andanzas de un psicópata virtual no funcionó en taquilla. A pesar del glamour de Washington y su compañero Russell Crowe.

El mensajero del miedo (2004)

Tres años después de su segundo Oscar por Training Day (el primero fue en 1989 como actor secundario por Glory), Washington aceptó el reto de emular a Frank Sinatra en el remake que Johnathan Demme hizo de El mensajero del miedo, de John Frankenheimer. El listón estaba alto pero el resultado final no desmerecía, aunque se cambiaba la guerra de Corea por la de Irak. Ciencia ficción a escala humana en torno a una maquiavélica conspiración gubernamental para controlar las mentes del gran rebaño.

Déjà vu (2006)

En manos de su director fetiche, Tony Scott, probó por tercera vez en el ámbito de la ciencia-ficción en la piel de un avispado agente de policía enfrascado en la investigación de un presunto atentado con ayuda de una sofisticadísima máquina que permite bucear en el pasado. Funcionaba mejor como thriller que como delirio futurista, pero su mera existencia costó un riñón; días antes de empezar a rodar en Nueva Orleans el huracán Katrina destruyó todos los decorados y hubo que empezar de cero.

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