El País

Crítica: Un errático Gore Verbinski se sumerge en el universo del llanero solitario pero no consigue que el espectador le siga

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
El llanero solitario

Lo mejor:
Una puesta en escena muy solvente

Lo peor:
Candidato a filme fallido del año

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 21/08/2013
  • Director: Gore Verbinski
  • Actores: Armie Hammer (John Reid / El llanero solitario), Johnny Depp (Tonto), Helena Bonham Carter (Red), Barry Pepper (Capitán Jay Fuller), William Fichtner (Butch Cavendish), James Badge Dale (Dan Reid), Tom Wilkinson (Latham Cole), Ruth Wilson (Rebecca Reid)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Con el mismo espíritu de transgresión anti tópicos de género que hizo de Rango uno de los neo-westerns más insólitos, digresivos y lúcidos de los últimos años, Gore Verbinski vuelve a rondar las convenciones del western para ponerlas patas arriba a vueltas con el mito del Llanero solitario, que aparece en el título de la película pero del que apenas tenemos noticia durante las interminables dos horas y media de metraje. No porque no esté, que sí está, sino porque Verbinski se vale su capacidad de convocatoria como icono nostálgico para hacer caja, pero haciendo tan suyo el personaje que termina por desfigurarlo.

El llanero solitario carece de la desbordante imaginación conceptual, y del impagable subtexto de diván de la reivindicable Rango. De hecho carece de casi cualquier elemento de distinción más allá del barroquismo estéril de su cuidada puesta en escena, y el empeño por torpedear sanamente las leyes del género. Lo demás es una confusa inmersión en el universo de George W. Trendle y el oeste insólito de sus historias, un errático vagar por desiertos, llanuras y saloones con puntuales alardes de genio, que con cuentagotas muestran la mejor cara del Verbinski creador de atmósferas, diluidas en una adaptación sin rumbo, que derrocha energía y ocurrencias, que se combinan aquí sin orden ni concierto, y que se presentan sin procesar, en bruto, sin la cohesión mínimamente exigible.

Es decir, energía mal canalizada, un irrefrenable empeño por deslumbrar entrando por los ojos olvidando lo esencial: crear personajes carismáticos y perdurables, ubicarlos en el ajo de una aventura equilibrada, y lograr que los delirios autorales de Verbinski no colisionen con las demandas comerciales de un producto diseñado para llenar las multisalas. El director de Rango no logra forjar ese equilibrio. Su película se entrega a un revisionismo de género tan estimulante como a la postre fallido, naufragando en la búsqueda de una convivencia armoniosa entre los mil y un registros que jalonan el irregular espectáculo.

Verbinski no da con el tono adecuado. El llanero solitario bascula entre la parodia y la caricatura, no cuaja como neo-western ni como comedia de género ni como aventura épica, ni como homenaje irreverente al género americano por antonomasia. A ratos tenemos la sensación de ser testigos del estéril empeño de llevar el espíritu Piratas del Caribe (Johnny Depp sigue poseído por Jack Sparrow y no hay quien lo saque de ese registro) al universo western con el manifiesto empeño de dar cuerda a una nueva saga al servicio del histrionismo crónico del desafinado Depp. A ratos, sencillamente, no sabemos dónde quiere llevar Verbinski al llanero y, lo que es peor, no sabemos dónde quiere llevarnos a nosotros como espectadores

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