El País

Crítica: Voluntad de estilo

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha: 19/02/2016
El mal que hacen los hombres

Lo mejor:
La película es innegablemente ambiciosa

Lo peor:
Su repercusión, imaginamos escasa, obliga a reflexionar sobre el sentido de ciertos esfuerzos creativos

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 2 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
1.9
10 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 19/02/2016
  • Director: Ramon Térmens
  • Actores: Daniel Faraldo, Sergio Peris-Mencheta, Andrew Tarbet, Priscilla Delgado, Nikol Kollars, José Sefami
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

+ info

Desde los estrenos de  Celda 211 (2009) y  No habrá paz para los malvados (2011), se percibe en la industria española una pasión por el cine negro y corrientes anexas, debido al éxito de títulos como los citados pero, también, al irrespirable ambiente sociopolítico presente, que hace lógico germinen artísticamente sobre cualesquiera otras especies las flores del mal. Lo más interesante es que el fenómeno no ha quedado acotado a un cine con aspiraciones al espectáculo y el gran público como el que representan  La isla mínima (2014) o la inminente  Cien años de perdón (2016), sino que está impregnando las obras de un puñado considerable de realizadores jóvenes o en las lindes de lo marginal.

Todavía no hay que destacar entre esos trabajos precarios –pensamos en  Obra 67 (2013),  Sicarivs: La noche y el silencio (2015), Berserker (2015) o  Reverso (2015)– ninguno de veras relevante por méritos intrínsecos. Ello hay que achacarlo a que el entusiasmo que manifiestan todos ellos no se corresponde con un talento revulsivo, capaz de otorgar a las propuestas un plus creativo más allá de su adscripción voluntariosa al género. No basta con enunciar el cine negro, el suspense, lo amenazador; hay que lograr que palpiten con organicidad y significación en las imágenes, de manera que los homenajes y el mañana incógnito del género logren revelarse armónicamente en pantalla. En este sentido,  El mal que hacen los hombres supone una novedad bienvenida, puesto que hay en ella una evidente voluntad de estilo argumental y formal. Por mucho que también se quede a la postre en un quiero y no puedo, este cuarto largometraje –cierta experiencia, lógicamente, supone un grado– del catalán Ramon Térmens tras el drama Joves (2004), la intriga  Negro Buenos Aires (2010) y la tragicomedia  Catalunya über alles! (2011), está plagado de sugerencias y llamadas de atención.

Estas comienzan por el título del film, extraído de aquel momento fúnebre del Julio César (1599) de William Shakespeare en el que Marco Antonio reflexiona en torno a que "el mal que hacen los hombres les sobrevive; el bien suele quedar sepultado con sus huesos". Las criaturas que transitan la ficción de Térmens –guionizada por él mismo junto a uno de sus colaboradores más fieles, Daniel Faraldo– se ven abocadas a una situación existencial crítica, en la que habrán de elegir entre la vía fácil del mal que les rodea, o la suicida de un bien que no les procurará por añadidura ningún reconocimiento. Como es habitual en el cine de Térmens, el protagonismo recae en varios personajes, en esta ocasión tres, cuyo cruce de caminos precipita la dialéctica moral: en principio, Santiago (interpretado por el citado Daniel Faraldo), un sicario mexicano, y Benny (Andrew Tarbet), un médico estadounidense, que trabajan para un cártel de la droga deshaciéndose de cadáveres en una siniestra factoría abandonada. De inmediato, Martín ( Sergio Peris-Mencheta), un sobrino del jefe del cártel, que llega con una carga perturbadora, la hija del líder de un gang rival, a la que se habrá de custodiar hasta que se ordene su liberación o su ejecución.

Como puede imaginar el lector,  El mal que hacen los hombres se erige durante la mayor parte de su metraje en un enfrentamiento de tensión creciente entre Santiago, Benny y Martín, presos tanto de sus intereses particulares en lo tocante a la supervivencia, como de inquietudes diferentes en su actitud filosófica hacia el mundo. Es inevitable pensar, viendo la película, en clásicos contemporáneos como Reservoir Dogs (1992), y en el escalofriante imaginario audiovisual de la frontera entre Estados Unidos y México reiterado en los últimos años, que ejemplifican Breaking Bad (2008-2013),  Salvajes (2012),  El consejero (2013) o  Sicario (2015). El mal que hacen los hombres no es equiparable ni mucho menos a ninguna de esas producciones, por culpa de la falta de convicción que transmiten algunas interpretaciones, lo tosco de sus reflexiones, y la lacia dirección de Térmens, que en ocasiones se ve compensada por unas labores de montaje y fotografía que sí tienen claro lo que es suscitar incertidumbre y atmósferas.

A esas virtudes cabe añadir las derivadas de sombríos guiños de tinte religioso que otorgan al lugar en que transcurre la acción un carácter de antesala del infierno; las referencias, de alcance diegético y extradiegético, y no tan caprichosas como podría pensarse, a una de las últimas novelas de Mickey Spillane, Dead Street (2007); y un meritorio diseño de producción, que hace convincente creamos hallarnos en México, cuando en realidad la película ha sido filmada en los alrededores de Barcelona. Todas estas cualidades no consiguen hacer de El mal que hacen los hombres una obra maestra. Pero sí una rareza, quién sabe si en el futuro un título de culto y, sobre todo, como apuntábamos al comienzo, una esforzada muesca más del cine español contemporáneo en el terreno del noir.

Ir a la película >





Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs

Logo del blog de Guía del Ocio LA GASTRONOMA

15 RAZONES PARA VISITAR ECHAURREN

De Mapi Hermida

“La culpa la tuvieron las colmenillas”. Sí, esa fue exactamente la frase que dijo una de las personas sentadas en nuestra...


Podcast de cine: BUTACA VIP