El País

Crítica: Los mercenarios IV

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El nuevo exótico hotel Marigold

Lo mejor:
A lo mejor no hay tercera parte

Lo peor:
La ceremonia de boda "colorista" y "emotiva" en que desemboca la película

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 27/03/2015
  • Director: John Madden
  • Actores: Judi Dench (Evelyn Greenslade), Maggie Smith (Muriel Donnelly), Bill Nighy (Douglas Ainslie), Richard Gere (Guy), Dev Patel (Sonny Kapoor), Tamsin Greig (Lavinia), Penelope Wilton (Jean Ainslie), Celia Imrie (Madge Hardcastle), Ronald Pickup (Norman Cousins), Tina Desai (Sunaina), Diana Hardcastle (Carol)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Hace unos meses, al escribir en esta misma publicación sobre Así nos va (2014) tragicomedia romántica interpretada por Michael Douglas y Diane Keaton, intentamos perfilar los signos de un registro cinematográfico en auge, pero quizás no identificado del todo como tal, que dimos en llamar "cine geriátrico". En el mismo, encuadrábamos la gran cantidad de películas que, de un tiempo a esta parte, se están estrenando con la tercera edad como protagonista. La razón de esa preeminencia es obvia: los mayores disfrutan hoy por hoy de un aumento en su calidad de vida y su estatus social, al menos en comparación con un entorno generalizado de recesión socioeconómica. Además, han salvaguardado la pintoresca costumbre de pagar por ver cine.

 Pues bien, El exótico hotel Marigold (2011) puede considerarse la piedra angular del cine geriátrico. Su buque insignia, su superproducción. Su título de referencia junto a Amor (Michael Haneke, 2012). Aquella comedia sobre un grupo de ancianos británicos que decidían apurar el invierno de sus vidas en un marchito hotel hindú, y que acababan contribuyendo a devolver el establecimiento a la actividad turística, recaudó en todo el mundo cerca de 140 millones de dólares, cuando su presupuesto había rondado solo los diez millones. Eso la convirtió a lo largo de los tres años siguientes en noticia, evento mediático, fenómeno popular, para pasmo de críticos despistados y ejecutivos de los estudios cinematográficos.

 La consecuencia es El nuevo exótico hotel Marigold. Otro hito, ya de entrada, por su condición de secuela de la anterior, y por insistir además en mantener el mismo perfil bajo: volvemos a hallarnos ante una comedia costumbrista con toques sentimentales, que trata de equilibrar un realismo mínimo en lo tocante a los personajes y sus cuitas, con un escenario (para algunos) idílico y con los requerimientos emocionales de las feel-good movies. El añadido de un reparto plagado de actores reconocibles pero capaces a la vez de transmitir que son el jubilado de enfrente, supuso, en el caso de El exótico hotel Marigold, la guinda a una película que no insultaba demasiado la inteligencia del espectador, y que se prestaba incluso a ciertas lecturas en torno al tratamiento en la gran pantalla de los anhelos y las frustraciones de la tercera edad.

  El nuevo exótico hotel Marigold, sin embargo, pone de manifiesto que la fórmula solo daba para una entrega; o, al menos, que el guionista de ambos films, Ol Parker, no ha sabido desarrollar los argumentos más allá de lo planteado en la novela de Deborah Moggah que dio origen al film original. Volvemos a toparnos básicamente con los mismos personajes que en la ocasión anterior, pero no hay lugar para la sorpresa o la profundización en los motivos que los llevaron hasta la India; solo anécdotas, y algún que otro secreto o malentendido banales, en torno a su aclimatación y evolución en un escenario que ha pasado a ser familiar. Las semejanzas con una serie televisiva cualquiera -formato al que es probable termine abocada la saga- se hacen evidentes, algo a lo que no es ajena una realización de John Madden menos entusiasta que en El exótico hotel Marigold.

 Pero lo más frustrante de esta segunda parte anida en la aparición de Richard Gere como sospechoso huésped recién llegado a las instalaciones hoteleras, y de David Strathairn en un rol secundario. La presencia de la estrella y el actor norteamericanos, un tanto forzada, nos descubre repentinamente que ya no se nos está brindando una ficción, y de ahí la abulia con que se nos narra; lo que estamos viendo es un celebrity show de tintes cómplices y nostálgicos, en la línea de Los mercenarios y sus secuelas, que apuesta con descaro por la identificación generacional instantánea del público con quienes son populares por habernos acompañado toda la vida desde la pantalla o las revistas de cotilleos.

 No es de extrañar que los muchos fans de estas películas estén especulando ya en foros de Internet con qué viejas glorias, qué secundarios de lujo, aceptarán sumarse a los repartos de posibles futuras continuaciones. El afán por hacer la gracia de cineastas y espectadores, de guiñarse el ojo y darse codazos cada vez que rostros reconocibles, más mediáticos que artísticos, se sobreponen al paisaje de la fábula, hace que esta pase a carecer de interés y hasta de sentido. Pensándolo bien, en vez de una serie, bastaría con organizar un programa a lo ¡Qué tiempo tan feliz!, y nos ahorrábamos en todo caso el pasar por la taquilla del cine.

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