Crítica: Sin noticias de Akin

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
El padre (The Cut)

Lo mejor:
El empeño de Tahar Rahim

Lo peor:
Que rara vez te rescate de la completa indiferencia

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 03/07/2015
  • Director: Fatih Akin
  • Actores: Tahar Rahim (Nazaret Manoogian), Simon Abkarian (Krikor), Makram Khoury (Omar Nasreddin), Hindi Zahra (Rakel), Kevork Malikyan (Hagob Nakashian), Bartu Küçükçaglayan (Mehmet), Zein Fakhoury (Arsinée), Dina Fakhoury (Lucinée), Arsinée Khanjian (Mrs. Nakashian), Akin Gazi (Hrant)
  • Nacionalidad y año de producción: Polonia, Rusia, Turquia, Alemania, Canadá, Francia, Italia, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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A Fatih Akin se le termina el crédito. Ha llovido ya demasiado desde aquella turbadora inmersión en los demonios y fantasmas de la inmigración turca en Alemania que le granjeó el aplauso unánime festivalero, y no solo. Contra la pared era una película bronca y contundente, que preludiaba, creíamos, la consagración de un director diferente, capaz de fotografiar emociones a flor de piel a la vez que abordaba con sensibilidad y equidistancia candentes temas sociales y traumas históricos enquistados. Lo cierto es que la consagración no ha llegado. La segunda gran película de Akin once años después aún no está y ya difícilmente se la espera.

El padre (The Cut) es, no hay duda, su proyecto más ambicioso hasta la fecha y también, y es ahí donde se cifra la decepción con la evolución del cineasta germano-turco, la más fallida, la más anónima. Cine de ese que lo tiene todo para hacer camino, para dejar huella: un contexto sociopolítico apasionante, un relato épico que orbita en torno a la refundación de una familia aparentemente destruida por los estragos del genocidio armenio y una apuesta por la reconciliación a través del cine mediante una película de esas que nacen con vocación de cerrar heridas, de suavizar rencores.

Nuevamente Akin zozobra buscando un tono adecuado para una historia que se le escapa de las manos plano a plano. El director de Soul Kitchen no está cómodo en el formato, no se mueve con soltura en las convenciones del cine épico, del relato histórico con ecos contundentes en el presente. Su película es un sonado quiero y no puedo, una sucesión de lugares comunes que se nutre de emociones nada sutiles, apostando por una inmersión en el conflicto fría y maniquea, construida alrededor de personajes carentes de nervio y de tragedias sin el pulso del drama genuino.

Akin se pierde en los ambiciosos pliegues de un proyecto que, parece, le viene algo grande. La cinta viene a cerrar una trilogía en caída libre que arrancó intensa con la citada Contra la pared, que dio sus primeros tumbos con la decepcionante Al otro lado y que se diluye en una tercera entrega sin sangre, en torno a una puesta en escena mecánica y convencional que habla de grandes temas incapaz de cruzar el umbral del mero coqueteo superficial, del tratamiento estereotipado. Hay un notable deficit de autenticidad en esta voluntariosa pero irregular propuesta. Akin no termina de definirse como cineasta, y pasan los años y las películas sembrando más dudas que certezas. Queda la solvencia de la ambientación y el buen oficio de Tahar Rahim; lo demás es, en el mejor de los casos, irrelevante.

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