El País

Crítica: Bill Condon intenta desmontar el mito Assange con un thriller político demasiado parcial y con continuos altibajos

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
El quinto poder

Lo mejor:
El frenético montaje

Lo peor:
Un posicionamiento demasiado explícito

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 18/10/2013
  • Director: Bill Condon
  • Actores: Benedict Cumberbatch (Julian Assange), Anthony Mackie (Sam Coulson), Stanley Tucci (James Boswell), Alicia Vikander (Anke), Daniel Brühl (Daniel Domscheit-Berg), Carice van Houten (Birgitta Jónsdóttir), Laura Linney (Sarah Shaw), David Thewlis (Nick Davies), Dan Stevens (Ian Katz), Moritz Bleibtreu (Marcus), Peter Capaldi (Alan Rusbridger)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Precedida por el escándalo, la polémica y la indignación no disimulada de Julian Assange y su entorno, El quinto poder ofrece dos lecturas fundamentales. En primer lugar la leemos como un tímido, si bien valioso, acercamiento al apasionante debate acerca de la deriva de los medios de comunicación tradicional, el auge del periodismo ciudadano, la desaparición de los filtros impuestos por espurios intereses económicos y políticos, y la trampa de la transparencia impoluta.

Bill Condon lanza al aire un montón de interesantes preguntas que conciernen al presente y el inmediato futuro de la relación de la ciudadanía con los poderes visibles y fácticos que nos gobiernan. Si demasiadas dobleces y sin honduras reseñables, la cinta invita a la reflexión sobre ese nuevo modelo de difusión transversal de la información que amenaza, o no, con alterar los equilibrios de poder imperantes.

Es, la de Condon, una indagación superficial que, con todo, abre la veda en el cine de ficción a la dramatización y calibración de un fenómeno central en la cultura ciudadana del siglo XXI. Pero como tal reflexión abre sugestivos interrogantes. Pero hay otra película en

El quinto poder

, que asume el disfraz de una hagiografía de Daniel Domscheit-Berg, presunta mano derecha de Assange, disidente de WikiLeaks y, ahora, enemigo número uno de la organización.

Condon cae en la trampa de dar por buenas las tesis de Berg, que a través de un libro de publicación reciente, trataba de desmontar el mito Assange cuestionando frontalmente los principios motores de WikiLeaks. Lamentablemente El quinto poder cae en la tentación de tomar partido a favor de una de las partes en litigio. Berg es un Robin Hood moderno, un hombre de conciencia impecable que camina de la mano de Assange hasta que este traiciona los principios fundacionales de WikiLeaks que solo el heroico empeño de Berg podrán poner a salvo.

Assange es un tipo asocial, un ególatra despótico y narcisista, un producto del marketing, un impostor. Se suponía que El quinto poder iba a trascender las páginas del libro de Berg con un proceso de documentación lo más objetivo posible. Ni rastro de ese presunto empeño. Película pues complaciente con las tesis del gobierno USA (retratado aquí con estrema y sospechosa amabilidad), con la campaña de acoso y derribo contra Assange sin demasiadas contrapartidas, que toma partido sin pestañear en favor del establishment no sin reconocer los méritos de Assange y su camarilla como autores de un tirón de orejas al gran poder, que ya tomó nota y que ya está en fase de redención.

Esa condescendencia es un lastre difícil de arrastrar. Con todo Condon no se pierde en digresiones: su película es extremadamente ágil, la narración fluida, y el montaje vertiginoso. Lástima ese sobreesfuerzo del director de Dioses y monstruos por eludir la etiqueta tele fílmica con una propuesta visual a ratos cargante, que imagina un desconcertante mundo paralelo, un etéreo universo digital redundante e innecesario donde WikiLeaks cobra forma corpórea con recursos estéticos excesivamente forzados que interrumpen y entorpecen el flujo de un relato ya de por sí con demasiados puntos oscuros.

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