El País

Crítica: Principio de indeterminación

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El regalo

Lo mejor:
Jason Bateman, y la certidumbre de que vale la pena seguir con atención las inquietudes creativas de Joel Edgerton

Lo peor:
La película requiere de un público dispuesto a romper con lugares comunes aún existentes en torno a las autorías y los géneros

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 18/03/2016
  • Director: Joel Edgerton
  • Actores: Jason Bateman (Simon), Rebecca Hall (Robyn), Joel Edgerton (Gordo), Allison Tolman (Lucy), Tim Griffin (Kevin ´KK´ Keelor), Busy Philipps (Duffy)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Antes de debutar como guionista y director con este su primer largometraje, el actor australiano Joel Edgerton, visto en films como El gran Gatsby (2013) y Black Mass: Estrictamente criminal (2015), ya había demostrado en las historias que había escrito para The Square (2008) -dirigida por su hermano Nash-, El rastro del delito (2013) y The Rover (2014), un ojo muy atinado para calar en las procelosas corrientes ocultas sobre las que navegan, con maneras tan pragmáticas y prepotentes como en el fondo inestables, los órdenes civilizatorios colectivos.

 En los títulos citados, Edgerton invocaba con persistencia docta e ingeniosa los registros de la intriga y el noir, cuyos golpes de efecto tendían menos a provocar el sobresalto lúdico derivado de una mera distorsión narrativa, que un desasosiego abisal suscitado por la percepción de que las naturalezas consabidas de los relatos son espejismos, equiparables a los constitutivos del sistema que los propicia y que nos ha acostumbrado a que tomemos sus artimañas por naturales. Todo ello se percibía aún con mayor claridad en sus dos primeros esfuerzos tras la cámara, disponibles en Internet, cuyo naturalismo estilizado en la puesta en escena albergaba, de puntillas, la capacidad para sembrar infinidad de dudas en lo relativo a nuestros consensos sobre lo establecido: los cortometrajes The List (2008), acerca de un asesino a sueldo que nunca llegaba a comprender que su nuevo encargo suponía un ritual de autoinmolación, y Monkeys (2011), en torno a un tipo abrumado por una enigmática crisis de identidad cuando su mejor amigo imitaba su corte de pelo.

  El regalo, interpretada por el propio Edgerton junto a Rebecca Hall y un Jason Bateman magnífico en un papel de lo más desagradecido, se erige en culmen provisional de las inquietudes señaladas y, al mismo tiempo, en promesa de que, si nada se tuerce, podemos hallarnos ante uno de los cineastas más apasionantes de los próximos años. Sus protagonistas son Robyn (Hall) y Simon (Bateman), un matrimonio joven, dotado con gracias varias, ante el que se abre todo un abanico de posibilidades emocionales y profesionales; su plácida existencia conjunta se ve sin embargo amenazada hasta el extremo de la ruina por la aparición de un viejo y lúgubre conocido de Simon, Gordo (Edgerton), empeñado en entablar con la pareja una relación caracterizada por gestos en principio indescifrables y actitudes susceptibles de ser interpretadas el fruto de un desequilibrio mental.

 Durante el transcurso de El regalo, que tiene al espectador en vilo sin delatar en casi ningún momento signos de artificio, Edgerton se las apaña con ánimo perverso para subvertir nuestras expectativas en lo tocante a un tipo de fábula que hizo furor en los cines hace cuarto de siglo y que hoy se estila hasta la náusea en el ámbito de las producciones televisivas para sobremesas de festivos: el ataque por parte de inadaptados contra la idea de felicidad que ejemplifican el matrimonio, los hijos, un empleo de prestigio, una vivienda de alto standing. La película consigue sorpresa a sorpresa que nos planteemos dos interrogantes que dan al traste con ese escenario idílico al que continúa abocándonos lo mainstream: ¿Sabemos quién es realmente aquel o aquella con quien hemos decidido poner en práctica un modelo de vida que obliga de entrada a renunciar a toda franqueza? Y, la más inquietante, ¿tenemos conciencia de hasta qué punto son violentos, monstruosos, los estereotipos identitarios, y en especial los de género, que configuran el día a día estimado por la mayoría deseable y respetable?

 Edgerton brinda respuestas contundentes a ambas preguntas; pero -y es la cualidad que termina quizás de hacer su propuesta altamente recomendable- no deja que las mismas surtan un efecto catártico en nosotros a través de la ficción. El regalo concluye sumiendo a Robyn y, en especial, Simon, en un vertiginoso principio de indeterminación; en una crisis existencial de proporciones cataclísmicas ante la que no valen bálsamos ni parches, empezando por los que suelen procurarnos las películas tras hurgar a lo largo de un metraje aceptable en nuestras incoherencias, sumisiones y miserias cotidianas.

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