El País

Crítica: Pacino y nada más

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
El señor Manglehorn

Lo mejor:
Un Pacino empeñado en redimirse

Lo peor:
La escasa entidad del drama alrededor de su jugoso personaje

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 14/08/2015
  • Director: David Gordon Green
  • Actores: Al Pacino (A.J. Manglehorn), Holly Hunter (Dawn), Chris Messina (Jacob), Harmony Korine (Gary), Natalie Wilemon (Clara Massey), Edrick Browne (Rudolf)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Ocupando, ya irremediablemente, un rincón marginal de la industria, Al Pacino se resiste al ocaso, descolgándose con sonadas exhibiciones de carácter como en la reciente La sombra del actor o, ahora", este El señor Manglehorn. El actor de raíces italoamericanas es de esos intérpretes que acaban por constituir un género en sí mismos. En plena singladura otoñal, de espaldas al Hollywood de primera línea, Pacino desmenuza los desvelos de un tipo maduro de vuelta de todo, cínico y descreído, reñido con el mundo y consigo mismo, solitario y estoico y confinado en una jaula de fabricación propia a la que solo acceden el gato y los recuerdos de un viejo amor que le dejó marcar de arriba a abajo.

Lo hace con la misma credibilidad, ya decididamente más mansa y menos histriónica, que en la citada película de Levinson, más allá de los matices argumentales. Es el clásico papel de actor con canas al que Hollywood ya da la espalda, a rebufo del Bill Murray de St. Vincent, el elogio del cascarrabias que es, a la vez, el elogio de un veterano al que los estudios ya no hacen el caso que debieran.

Así las cosas El señor Manglehorn es una película de personaje (en singular). Todo orbita alrededor de la descripción de usos y costumbres del setentero irredimible. El hilo argumental, insignificante e irrelevante, las cosas como son, es solo cuerda para que el actor homenajeado tenga espacio para desplegar su arrolladora personalidad con un personaje fabricado a medida. Por ello, la caracterización de Pacino es brillante, y el recorrido de la película decididamente corto. David Gordon Green delega demasiado en su brillante y excesivo protagonista, dejándole casi todo el peso del drama, matizado con un puñado de recursos visuales más que efectistas (gratuitamente efectistas, añadiríamos) que pretenden dar color a una ficción demasiado irregular, de ritmo errático y excesivamente dispersa, que se entretiene mirando a las musarañas, enredada en digresiones que, con frecuencia, no llevan a ningún sitio.

Hablamos, pues, de la clásica película para fans irredentos del mediático protagonista. Pacino dibuja con la sabiduría que se le presupone la redención cuasi imposible de un outsider de libro en una nueva demostración de que tiene cuerda, si le dejan, para rato. Sus esporádicos vis a vis con otra grande venida a menos, necesitada, con méritos sobrados, de una segunda oportunidad, como Holly Hunter, nutren la cinta, con todo, de destellos puntuales de gran cine.

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