El País

Crítica: Círculos en la arena

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
El viaje de Arlo

Lo mejor:
La animación de la Naturaleza es maravillosa

Lo peor:
Es prescindible, algo que jamás habría podido decirse de Pixar hace diez años

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  • Género: Animación
  • Fecha de estreno: 27/11/2015
  • Director: Peter Sohn
  • Actores: Raymond Ochoa (Arlo), Jeffrey Wright (Poppa ), Steve Zahn (Thunderclap), A.J. Buckley (Nash), Anna Paquin (Ramsey), Sam Elliott (Butch ), Frances McDormand (Momma)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: Todos los públicos y especialmente recomendada para la infancia

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¿Qué habría ocurrido si el meteorito cuyo choque con la Tierra dio lugar supuestamente hace 65 millones de años a la extinción de los dinosaurios, hubiese pasado de largo? Es el planteamiento de la nueva producción de Pixar para Disney, guionizada por Meg LeFauve - Del revés (2015)- y dirigida por Peter Sohn, veterano animador del estudio norteamericano. LeFauve y Sohn han imaginado en El viaje de Arlo que, gracias a no producirse la colisión, los dinosaurios han podido evolucionar hasta un estadio de sedentarismo agrícola. En esa coyuntura, el medroso benjamín de una familia de apatosaurios, Arlo, ansioso por demostrar a los suyos su capacidad para afrontar retos que le permitan dejar una huella en el mundo, se ve alejado bruscamente de su hogar y forzado a emprender un azaroso camino de vuelta a través de la naturaleza salvaje. Arlo solo tendrá como compañero fiable de viaje a Spot, un ejemplar infantil de ser humano, especie que acaba de empezar a dar sus primitivos pasos iniciales por nuestro planeta.

 Pese a que sus fans irredentos continúan proclamando a voces que las películas de Pixar están inspiradas por el Espíritu Santo y merecen automáticamente por ello calificaciones de cuatro y cinco estrellas, lo cierto es que, a partir de su adquisición en 2006 por Disney y sus crecientes popularidad y prestigio, el estudio liderado por John Lasseter ha experimentado una crisis creativa de crecimiento. Ello hace posible hablar a partir de Toy Story 3 (2010) -por emplear términos afines a las estrategias de Marvel Studios, otra productora absorbida por Disney- de una Fase II en su trayectoria: a diferencia de una Fase I en cuyo seno cada película pretendía erigirse en hito técnico y cultural, la presente está alternando las ficciones empeñadas tortuosamente en perpetuar esa imagen cualitativa de marca - Brave (2012), Del revés-, con otras derivativas hasta el punto de ser en muchos casos secuelas. Estas últimas aspiran, ante todo, a disputarle la atención de los niños más pequeños a productos con mejores rendimientos en taquilla de compañías como DreamWorks Animation o Illumination Entertainment, y a dejar una impronta perdurable en los ámbitos del multimedia y el merchandising.

  El viaje de Arlo es una de esas películas. Se trata de una odisea nada original, tampoco vibrante, de iniciación física y alegórica a la madurez, espectacular en lo tocante a la recreación del medio ambiente, pero esquemática en el diseño de personajes y sus relaciones. Nos topamos, por supuesto, con esos inevitables momentos sentimentales a lo Pixar, cuya mecánica y efectos nos descubrió Del revés, manual de instrucciones corporativo sobre las emociones: alguno, como el de los círculos en la arena, de una considerable impudicia, que el estudio subraya en los títulos de crédito finales al apropiarse de ese signo, con el que se comunican niño y dinosaurio, en tanto empresa. Y tampoco faltan los encuentros significativos que jalonan cualquier peripecia de este tipo que se precie, por lo general inspirados: véanse los enfrentamientos de Arlo y Spot con un triceratops neurótico, o con un trío de pterodáctilos carroñeros.

 Aunque hay críticos que han achacado a la película el ser un producto oportunista por aquello de ubicar su acción en algún punto intermedio entre el Cretácico y la Edad de Piedra -recuérdense otros títulos recientes en la misma línea como Los Croods: Una aventura prehistórica (2013) o la serie Ice Age-, lo cierto es que su ambientación es lo de menos. Su atención a la naturaleza y lo rural, las vicisitudes por las que pasan Arlo y Spot, las melodías compuestas por Jeff y Mychael Danna, nos remiten a una atmósfera de western y aventuras muy querida para John Lasseter; si bien, domesticada al estilo de las antologías televisivas Disney para la sobremesa presentadas por el propio Walt entre 1954 y 1966. Por tanto, insistimos, un registro calculadamente menor, fugaz en la memoria como los círculos de arena referidos en la piel de la tierra; pero preferible en cualquier caso a películas tan ambiciosas sobre el papel pero tan deformes en la práctica como WALL·E (2008), Up (2009), Brave y Del revés.

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