El País

Crítica: Crisis de crecimiento

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Election: La noche de las bestias

Lo mejor:
Apuntes como el de la chica que solo quiere su chocolatina, vitriolo contra la generación de la gratificación instantánea o la frustración

Lo peor:
No aporta nada de calado a lo ya plasmado en la segunda entrega de la franquicia

Valoración GDO


Valoración usuarios
  • Actualmente 3 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
3.2
21 votos

Gracias por tu valoración!

Ya has valorado esta página, sólo la puedes valorar una vez!

Tu valoración ha cambiado, gracias por contribuir!

  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 15/07/2016
  • Director: James DeMonaco
  • Actores: Elizabeth Mitchell (Charlene ´Charlie´ Roan), Frank Grillo (Sargento), Mykelti Williamson, Ethan Phillips (jefe Couper), Raymond J. Barry (Caleb Warrens), Edwin Hodge, Terry Serpico (Earl)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 18 años

+ info

Aún es pronto para determinar, es de suponer que bastarán uno o dos años para que una nueva entrega nos saque de dudas, si este tercer episodio de la saga iniciada por el guionista y director James DeMonaco con The Purge: La noche de las bestias (2013), ha sido víctima de una crisis de crecimiento, de unas prisas excesivas por parte de los productores Jason Blum y Michael Bay a la hora de seguir exprimiendo económicamente la franquicia, o de una autoconciencia excesiva del propio DeMonaco en cuanto a los potenciales discursivos de su creación. Puede que sea una conjunción de los tres factores la que haga de Election: La noche de las bestias una propuesta decepcionante, y de prórroga a primera vista complicada; un paso atrás respecto de Anarchy: La noche de las bestias (2014), la película que hasta la fecha más jugo ha sabido sacarle a una premisa tan delirante como llena de resonancias incómodas.

En efecto, el primer film, protagonizado por Ethan Hawke, apenas supo hacer otra cosa que forjar un thriller barato de acoso y derribo en interiores a partir de la descripción de unos Estados Unidos alternativos a los presentes, libres de sus problemas socioeconómicos al precio de una reinvención perversa de la figura de los padres fundadores de la nación, y la instauración de un día al año durante el cual todos los crímenes son factibles sin que sean castigados. Aunque The Purge: La noche de las bestias estaba plagada de apuntes de interés, estos no sabían canalizarse adecuadamente a través de una intriga tosca hasta lindar con lo ridículo. Nada hacía esperar por tanto lo que nos deparó su secuela, Anarchy: La noche de las bestias (2014), una de las películas comerciales más visionarias de los últimos años; un ejercicio de serie B, exploitation si se prefiere, absorbente, a través del cual se plasmaba sin fricciones una visión alegórica de la crisis material y de valores por la que atraviesa Occidente, de sus responsables y de los movimientos sociales emergentes que tratan de configurar otro orden de las cosas, que llevaba incluso a preguntarse cómo la película había podido materializarse sin problemas en un sistema de producción tan condicionado como el del mainstream norteamericano.

Por tanto, en Anarchy: La noche de las bestias, James DeMonaco acertaba a ampliar literal y figuradamente de manera muy inventiva el campo de batalla planteado en The Purge: La noche de las bestias. Sin embargo, el error más grave que quizás comete la entrega que ahora nos ocupa, es el de limitarse a ser una reescritura narrativa de la previa, con formas por añadidura menos inspiradas. El protagonista vuelve a ser, como en el film previo, Leo (Frank Grillo), antes sargento de la policía y ahora guardaespaldas de una senadora opuesta a los padres fundadores y la matanza colectiva anual, Charlie Roan (Elizabeth Mitchell), que aspira a la presidencia de Estados Unidos. Como era de prever, los poderes fácticos, interesados en perpetuar la sangrienta tradición por motivos eugenésicos y económicos, aprovechan la celebración de la purga para tratar de eliminar a Roan, y, muy pronto, ella y Leo se verán arrojados a unas calles convertidas en la jungla, respaldados tan solo por un puñado de ciudadanos conscientes de su condición de tales.

Salvo por detalles como esas jovencitas capaces de todo por conseguir sus golosinas -sátira de una generación que, si no se ve gratificada de forma instantánea, se hunde en una frustración abisal-, o esas mujeres maduras que han decidido aprovechar la purga para liquidar a sus maridos, Election: La noche de las bestias no es más que una sucesión perezosa de escenas de idas y venidas por pasadizos, garajes, descampados y almacenes -rescatemos la escena del asalto al domicilio de la senadora-, con una excusa argumental débil y unos resabios ideológicos de brocha gorda; lecturas que deben menos a los requerimientos del universo de ficción, que al hecho de que este año hay elecciones presidenciales en Estados Unidos, y uno de los contendientes a las mismas, Donald Trump, ejemplifica todo aquello que DeMonaco detesta y contra lo que ha considerado polémico y rentable arremeter. En todo caso, la mediocridad de la película es una señal de aviso a todos aquellos -sin ir más lejos, quien esto firma- que depositan demasiadas esperanzas en el cine popular, olvidando que sus muestras más inspiradas suelen deberse al talento de sus artífices, pero, también, a una suma de factores, incluyendo el azar, que no es fácil se repitan incluso en el seno de una misma franquicia. Anarchy: La noche de las bestias era una película tocada por la gracia, Election: La noche de las bestias no lo es.

Ir a la película >




Servicios


Recibe semanalmente los mejores
planes y premios del Club. ¡Suscríbete!




Blogs

Logo del blog de Guía del Ocio LA GASTRONOMA

15 RAZONES PARA VISITAR ECHAURREN

De Mapi Hermida

“La culpa la tuvieron las colmenillas”. Sí, esa fue exactamente la frase que dijo una de las personas sentadas en nuestra...


Podcast de cine: BUTACA VIP