Crítica: El escenario de la vida

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Elvis y Nixon

Lo mejor:
Michael Shannon y, quién lo iba a decir, Alex Pettyfer

Lo peor:
Kevin Spacey

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  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 26/08/2016
  • Director: Liza Johnson
  • Actores: Michael Shannon (Elvis), Kevin Spacey (Nixon), Alex Pettyfer (Jerry), Johnny Knoxville (Sonny), Colin Hanks (Krogh), Evan Peters (Chapin), Sky Ferreira (Charlotte)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: Todos los públicos

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En una escena temprana de esta representación biográfica a dos voces -más que recomendable, pese a las apagadas trayectorias hasta hoy de su directora, Liza Johnson, y los tres guionistas del filme, entre los que sorprende toparse con el actor Cary Elwes-, el celebérrimo astro del pop Elvis Presley (en pantalla, Michael Shannon) le comenta a su amigo y lacayo Jerry Schilling ( Alex Pettyfer) que, si los Estados Unidos hubiesen sido comunistas, jamás podrían haber llegado a gestar una figura como la suya.

 Presley lo comenta en serio; al fin y al cabo, los delirios conservadores de sus últimos años de vida le han incitado a viajar hasta Washington para solicitarle al presidente por entonces de aquel país, el republicano Richard Nixon ( Kevin Spacey), una credencial especial del FBI para combatir como agente encubierto (sic) a izquierdistas, narcotraficantes y otros "elementos subversivos".

 Pero, en el marco de la ficción, la reflexión del artista constituye uno de los momentos más reveladores en cuanto al espíritu subversivo que anima Elvis & Nixon: el encuentro verídico, de por sí bizarro, acontecido en la Casa Blanca entre el cantante y el mandatario en diciembre de 1970, es una excusa para trazar un perfil de la nación más poderosa del mundo, la líder del mundo libre, en términos de grotesca puesta en escena colectiva, parada de los monstruos, en la que siempre han tendido a confundir sus rasgos lo real y la representación, hasta el punto de poder hablarse de una sociedad configurada en torno al espectáculo de sí misma.

 Es algo que ponen de relieve otros dos diálogos entre Presley y Jerry, en el que uno y otro apelan a la condición humana del primero bajo los oropeles de su figura icónica del show business… y ambos delatan estarse manipulando mutuamente para conseguir sus respectivos objetivos. Porque, cuando la vida ha aprendido a florecer en el escenario, lo que empieza a desarrollarse entre bastidores pasa a ser, paradójicamente, su simulación. La tragedia de Nixon y Presley no radica en que se perdieran a sí mismos una vez iluminados por los focos de la esfera pública, sino en que no supieran reinventarse en esas circunstancias, que ya no tenían vuelta atrás. Algo de lo que la propia película se olvida a veces, como cuando obliga al cantante a desnudarse emocionalmente a solas frente a un espejo, y, en paralelo, al presidente norteamericano a hacer lo propio en la intimidad del Despacho Oval con uno de sus asesores; los minutos, sin duda, más forzados de la cinta.

 En cualquier caso, el lector no debe inferir de toda esta palabrería que nos hallamos ante una película densa, compleja, sombría. Por el contrario, se trata por lo general de una comedia ligera de costumbres, que narra los preparativos de la cita entre Elvis y Nixon y los avatares de la misma con perspicacia, sentido del humor, y un reparto muy entonado. Salvo por lo tocante a la encarnación del presidente a cargo de Kevin Spacey, caricaturesca, el resto de los intérpretes, y, en especial, Michael Shannon, saben encontrar un equilibrio muy delicado entre el respeto por los personajes, los absurdos existenciales en que se vieron envueltos, y su conciencia en tanto cómicos acerca de la naturaleza de opereta ostentada por las imágenes mismas que protagonizan: véase ese enfrentamiento en un aeropuerto entre un imitador de Elvis y el Elvis, asimismo imitado aunque con pretensiones irónicas de que sea el verdadero, al que da vida Shannon.

  Elvis & Nixon no esconde su filiación con tantos otros biopics centrados en las tensiones entre lo íntimo y lo mediático como se estrenan de un tiempo a esta parte, y, más en concreto, con títulos como El desafío - Frost contra Nixon (2008) o Life (2015). Pero su falta aparente de pretensiones, su ingenio, la calidad de su dirección artística con lo que se perciben medios modestos, la labor de sus actores, y sus cargas de profundidad, hacen de ella una propuesta a no perder de vista entre el aluvión de películas similares que puede elegir el espectador en la cartelera o su plataforma online de visionados favorita.

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