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Crítica: La consagración de Blonkamp como narrador de referencia

  • Autor:
  • Fecha: 19/08/2013
Elysium

Lo mejor:
La consagración de Blonkamp como narrador de referencia

Lo peor:
No es la obra redonda e icónica que muchos esperaban

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  • Género: Ciencia-ficción
  • Fecha de estreno: 16/08/2013
  • Director: Neill Blomkamp
  • Actores: Matt Damon (Max De Costa), Jodie Foster (Secretary Rhodes), William Fichtner (John Carlyle), Sharlto Copley (Kruger), Alice Braga, Carly Pope, Talisa Soto, Diego Luna (Julio), Michael Shanks, Faran Tahir (Presidente Patel), Jose Pablo Cantillo (Sandro), Wagner Moura (Spider)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Distrito 9 era un proyecto relativamente modesto, neozelandés, en el que muy pocos creían. Con Elysium Neill Blonkamp ficha por las grandes ligas, para pegarse el lujo de reubicar ideas viejas en el atrezo holgado de una superproducción sin limitaciones presupuestarias. A ratos el set de rodaje deElysium, conceptualmente hablando, es el mismo que el de la aclamada ópera prima del director sudafricano. Una Tierra sucia, inhabitable y decadente, de tecnologías obsoletas; un futuro arcaizante de chatarra y escombros. Blonkamp, en fin, repite la jugada.

 

Como si se hubiera quedado con la duda de saber que habría sido de Distrito 9de haber gozado de un presupuesto de película grande. He aquí el resultado, Blonkamp se saca una espinita repensando los decorados y atmósferas de su brillante ópera prima. Y sí, sería legítimo acusarle de repetir patrones, de replegarse sobre sí mismo, de volver a filmar en el espacio conceptual de una película vieja. Pero en el fondo eso es lo de menos. Elysium consagra a Blonkamp como un cineasta político, como un augur futurista con conciencia de presente, como un teórico popular de las desigualdades crónicas que amenazan con volar por los aires la paz social de las sociedades desarrolladas.

 

En Distrito 9 el énfasis estaba en los flujos migratorios y en los recelos culturales y de raza, en Elysium el acento se sitúa sobre la revitalizada (tristemente) lucha de clases, sobre el abismo cada vez más ancho que, al calor de la "crisis" y de la redefinición de la economía global tiende a borrar a la clase media del mapa. Su película es (vuelve a ser) una parábola sobre el infumable día después del apocalipsis social. Sus ciudades destartaladas, la involución de la especie alrededor de criterios excluyentes, de violencia atroz en defensa de los privilegios de los ricos, son consecuencia no de crisis ambientales, alienígenas o demográficas. La clave es el retorno a la primitiva lucha por los recursos, el despertar, otra vez, del abismo que divide la suerte de las clases pudientes y la mano de obra semiesclava que esta instrumentaliza para preservar sus privilegios.

 

Por eso sus películas calan tan hondo, porque hacen sangre a costa de una conflictividad social y política muy real. En ese sentido Elysium y Distrito 9, y no solo por afinidades de estilo y atrezo, pueden y deben leerse e interpretarse como un conjunto. Con su nueva propuesta Blonkamp vuelve a esbozar preguntas que escuecen, elucubrando sobre un futuro que es en realidad el presente de cualquier mega urbe de las naciones emergentes (la brecha moral que consiente la convivencia en un mismo escenario de favelas y barrios residenciales de lujo), especulando de refilón sobre el presente y futuro de la atención sanitaria como objeto de lujo, como monopolio de una élite sin conciencia.

 

Puede que Blonkamp no vaya más allá de observar sus trágicas hipótesis desde la fachada, pero no por ello Elysium deja de ser una de las películas de multisala más audaces y con más sustancia crítica del presente y pasado reciente del cine USA. Pero si la sangre no llega al río, si las reflexiones son solo bosquejos a medio acabar es porque Elysium es lo que no era Distrito 9, mucho más cínica, corrosiva e hiriente, un blockbuster veraniego en la que la magnitud del espectáculo es y ha de ser la medida de todas las cosas.

 

Blonkamp no decepciona. Es posible que la suya no sea la película de ciencia ficción clave del siglo XXI que muchos vaticinaban, pero lo es también queElysium afianza la identidad exclusiva de un artesano con mundo propio, de un narrador privilegiado que concibe el barniz de género como precisamente eso, un barniz, el envoltorio de una tragedia a pequeña escala, de una película de personajes. Engancha porque sus inquilinos están vivos, y porque detrás del excepcional despliegue técnico, del impecable armazón digital del producto, de la soberbia gestión de acción y movimiento, salpican las tribulaciones emocionales de los personajes que la habitan.

 

Dicho de otro modo, Elysium no es solo el mejor blockbuster del verano es también, con toda probabilidad, la mejor película de ciencia-ficción del curso

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