El País

Crítica: El mismo Haggis de siempre

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
En tercera persona

Lo mejor:
Una premisa argumental con cierto potencial.

Lo peor:
Que Haggis no aprende de los errores.

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 06/03/2015
  • Director: Paul Haggis
  • Actores: Liam Neeson (Michael), Maria Bello (Theresa), Mila Kunis (Julia), Kim Basinger (Elaine), Michele Melega (Giorgio), Adrien Brody (Scott), Olivia Wilde (Anna), Katy Louise Saunders (Gina), James Franco (Rick), Loan Chabanol (Sam), Riccardo Scamarcio (Marco), Moran Atias (Monika), Daniela Virgilio (Claire)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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En vista de que crítica y público le dieron la espalda después del inexplicable éxito de Crash (2004), uno de los Oscar a mejor película menos defendibles de la historia del cine, Paul Haggis ha optado por desandar lo andado y volver al abrigo de la fórmula que le dio notoriedad y premios. Los malo es que no parece haber aprendido nada en el camino. Con ese mismo desgarro histriónico, melodramático hasta el tuétano, recargadísimo de angustia y desazón impostada, construye Haggis el universo cruzado de seis personajes en el filo del abismo, cuyas existencias (o no) colisionan en un cortocircuito amoroso múltiple en torno a una idea motriz que es, en sí, el único rasgo de identidad de una película ahogada en sus desmesuradas pretensiones.

Haggis indaga en los claroscuros del oficio del narrador, en el en ocasiones traumático proceso de proyección de emociones al límite sobre el papel, tendiendo un puente entre el mundo de la realidad y el de la ficción, que es la clave de bóveda de este cóctel de universos pasionales en ruinas, del que no damos más pistas para evitar spoilers. A partir de ahí enchufa Haggis los tres cables al mismo interruptor, desglosando el menú de desencuentros con una estructura tripartita en la que, de nuevo, le pierde la obsesión por la intensidad, por la dramatización hipertrofiada.

Simplemente el director de En el valle de Elah es incapaz de dejar que los personajes hablen por sí mismos, de dar oxígeno al relato para que el espectador elabore por sí mismo los significados en su propia mente. Haggis es un director intervencionista, manipulador y en muchos sentidos también tramposo. En efecto su última película es una sucesión de trampas narrativas torpemente dispuestas que pretenden dilatar el previsible cruce de caminos con artes bastante discutibles.

A ratos tienes la sensación de estar viendo tres películas distintas montadas para que sean una sola, y que el hilo conductor que a la postre une los destinos de ambas es un aparatoso quiero y no puedo. El resultado es un tríptico cuyos retablos se eclipsan unos a otros. Las tres historias se pisan, estorban e interrumpen unas a otras. El puzzle va cobrando forma ante nuestros ojos, pero faltan piezas, sobran cabos sueltos y unas pocas dosis de sentimentalismo blandito. Mucho reparto para una película de esas que por querer abarcar mucho acaba, sencillamente, apretando poco.

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