El País

Crítica: Una partida de campus

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Enamorarse (2013)

Lo mejor:
La química entre Andy García y Vera Farmiga

Lo peor:
Su recorrido almibarado y nostálgico por los clichés cinematográficos del amor juvenil.

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  • Género: Comedia romántica
  • Fecha de estreno: 13/03/2015
  • Director: Adam Rodgers
  • Actores: Andy García (George Hartman), Vera Farmiga (Edith Martin), Taissa Farmiga (Audrey Martin), Spencer Lofranco (Conrad Hartman), Nicholas Braun (Justin), Tom Skerritt (Dr. Roland Emerson), Peter Riegert (Boneyard Sims), Mirjana Jokovic (Profesora Riley), Stephen Borrello IV (Travis), Daniella Garcia (Daphne), Briana Henry (Emma)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Enamorarse (2013), ópera prima de Adam Rodgers, se inscribe en una tradición fílmica a la que pertenecen títulos míticos para la cinefilia como Una partida de campo (Jean Renoir, 1936), Breve encuentro (David Lean, 1945), Los puentes de Madison ( Clint Eastwood, 1995) o Deseando amar (Wong Kar-wai, 2000). Todos ellos relatan romances revitalizantes pero condenados a la fugacidad, tratándose de experiencias que colisionan contra la realidad de unos personajes finalmente incapaces de renunciar a la estabilidad -a menudo punteada por la infelicidad y el tedio- que les brinda su día a día.

 Como prueba de la prolificidad cinematográfica del tema, cabe mencionar que unos meses atrás se estrenaba en nuestras salas la discreta El tiempo de los amantes (2013), que seguía durante una jornada a dos individuos que se conocían, amaban y despedían en apenas unas horas. Pese a las concomitancias argumentales, Enamorarse (2013) no podría ser más distinta, pues estamos, principalmente, ante un ejercicio cinéfilo que apela a la memoria sentimental del espectador. Porque la historia de George ( Andy García) y Edith ( Vera Farmiga), quienes acompañan a sus respectivos hijos durante una visita guiada por el campus de la universidad de Middleton, invoca en sus imágenes ecos de una forma de concebir lo romántico que hunde sus raíces, aparte de en las películas mencionadas, en la comedia clásica norteamericana y en hitos populares que intentaron darle continuidad, como, por ejemplo, los remakes de Lubitsch y McCarey dirigidos por Nora Ephron en los 90: Algo para recordar (1993) y Tienes un e-mail (1998).

 Calculadamente demodé, la regresión de dos personas maduras a una juventud en su momento desaprovechada, es asimismo la vuelta a una ingenuidad cinematográfica que Rodgers reivindica a través del carácter descaradamente naif de las travesuras de los amantes fortuitos.  Enamorarse (2013) juega a la autoconciencia, como certifican dos escenas significativas: aquella en la que, en medio de una sesión teatral, se rompen las barreras entre verdad y representación; y los besos a escondidas en una sala de proyecciones donde una solitaria alumna visiona Los paraguas de Cherburgo (Jacques Demy, 1964), filme que da lugar a una conversación entre George y Edith acerca del papel que desempeña el desencanto en la transición de la adolescencia a la adultez. Mientras el ánimo teen reaparece en los mayores, los preuniversitarios Conrad (Spencer Lofranco) y Audrey ( Taissa Farmiga) otean el horizonte para vislumbrar las claves de lo que será su futuro -ya casi encarnado en el presente-. Los primeros se imaginan rompiendo los esquemas; los segundos, interiorizan las reglas.

 Sin embargo, la esforzada arquitectura de sucesos y la solvente realización no implican que Enamorarse (2013) funcione. Para empezar, las situaciones recreadas responden a los peores simulacros audiovisuales de la joie de vivre, desde un descenso en bicicleta escalinata abajo hasta un chapuzón en una fuente, como si el desenfreno juvenil se cifrara estrictamente en la idiotez. Hora y media de déjà vu sin un ápice de inventiva, excepto en lo que atañe a las interpretaciones de García y Farmiga y al talante reflexivo de la propuesta. Por otro lado, el largometraje se limita a guiñarle el ojo -con un afán irritantemente explicativo- a la nostalgia de cierto público de mediana edad, a su desconcierto frente a una juventud "atrapada" en las redes sociales, pero nunca logra decir nada mínimamente clarividente sobre lo que ilustra. Ni hablar de actualizar o revisar un legado que Enamorarse (2013) se limita a reproducir para invocar, con resultados inanes, usos amorosos de un cine pretérito.

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