El País

Crítica: Vida y capital

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Eternal

Lo mejor:
Los escasos planos en que la labor conjunta del realizador y el director de fotografía realzan lo contado

Lo peor:
La ciencia ficción acaba siendo un pretexto para la intriga y la acción

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  • Género: Ciencia-ficción
  • Fecha de estreno: 17/07/2015
  • Director: Tarsem Singh
  • Actores: Ryan Reynolds (Joven Damian), Ben Kingsley (Damian), Matthew Goode (Albright), Natalie Martinez (Madeline), Michelle Dockery (Claire), Melora Hardin (Judy), Victor Garber (Martin), Sam Page (Carl), Derek Luke (Anton), Mariana Paola Vicente (Leah)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Son numerosos los títulos a lo largo de la historia del cine que han demostrado la pertinencia de la ciencia ficción para abordar argumentos tan peliagudos como la lucha de clases, la voluntad de poder, la tendencia del ser humano a devenir lobo para con el propio ser humano. Pero la presente recesión ha traído consigo un reverdecer del género más marxista, más lúcido que nunca, en lo relativo a sus especulaciones sobre los condicionantes socioeconómicos definitorios de nuestra identidad y nuestro lugar en el mundo. Al respecto, Eternal -consecuencia del intento por parte de las productoras FilmDistrict y Endgame Entertainment de reeditar el éxito de otro film reciente de ciencia ficción, Looper (2012)- aspira a ser el último eslabón de una cadena de discursos críticos que han ayudado a forjar antes Moon (2009), Daybreakers (2009), Nunca me abandones (2010), Repo Men (2010), Carré Blanc (2011), In Time (2011), Código fuente (2011), Elysium (2013), Snowpiercer (2013), The Puirge:La noche de las bestias (2013) y Anarchy: La noche de las bestias (2014).

 Dado que está escrita por los hermanos Álex y David Pastor, artífices previos de Infectados (2009) y Los últimos días (2013), Eternal fía el impacto político de su propuesta a una narración tan estereotipada -los ecos de Plan diabólico (1966) y, en menor medida, Matrix (1999) son insoslayables- como llena de apuntes atractivos, y a un humanismo más efectivo cuanto menos subrayado. El protagonista del film, ambientado en un futuro cercano, es Damian ( Ben Kingsley), un empresario todopoderoso, convencido de que guía el rumbo de su existencia, hasta que le es detectado un cáncer terminal. Desesperado, Damian recurre a una misteriosa corporación biomédica que le ofrece una alternativa a su fallecimiento inminente: trasvasar su conciencia a un cuerpo joven y sano creado para la ocasión. Damian acepta y adopta una nueva identidad, la de Edward ( Ryan Reynolds); pero, pronto, una serie de recuerdos cuyo origen desconoce, le harán comprender que la cura por la que ha pagado una fortuna esconde terribles secretos.

 A cualquier aficionado a la ciencia ficción le bastaría con la sinopsis esbozada, con que la misma se desarrollase con un mínimo de inventiva, para disfrutar de Eternal. Pero los Pastor pertenecen a esa generación de cineastas españoles nacidos entre los años 70 y los 80 del pasado siglo que, amamantados por un tipo muy determinado de cine estadounidense para el gran público que se produjo en aquella época, barajan conceptos de la intriga, el espectáculo y la acción que, hoy por hoy -como evidencian también las películas de Jaume Collet-Serra, Rodrigo Cortés o Alejandro Amenábar-, solo cabe tildar de trasnochados. Así pues, aunque, como ya se ha señalado, Eternal auspicia reflexiones de interés, en torno al valor de la vida humana cuando vivir ha pasado a tener para muchos un precio prohibitivo, deriva muy pronto en un relato enfático, regado de secuencias de acción y golpes de efecto, del que el espectador se desentiende mucho antes de que llegue a su fin.

 Con todo, lo más decepcionante es la labor como realizador de Tarsem Singh, que, como han puesto de manifiesto La celda (2000), The Fall (2006) e Immortals (2011), es uno de los estilistas más peculiares del Hollywood contemporáneo. En Eternal, Singh y su director de fotografía en los últimos años, Brendan Galvin, han abdicado casi por completo de su idiosincrasia visual, lo que redunda en la mediocridad última de la película. En definitiva, uno de esos estrenos fugaces de verano que sirven únicamente al propósito de salvar una tarde cualquiera de calor tórrido, en la estela de Peligrosamente unidos (1991), Freejack: Sin identidad (1992), Máquina letal (1994), Timecop, policía en el tiempo (1994), Johnny Mnemonic (1995), Soldier (1998) y tantas otras contribuciones espurias a la ciencia ficción que a estas alturas solo recuerdan quienes las vieron hace veinte o treinta años.

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