El País

Crítica: Genealogía de la vida

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Éternité

Lo mejor:
La película es de una extraordinaria belleza, y hace honor al argumento que le presta su título

Lo peor:
Será aborrecida por muchos espectadores, y uno mismo podría haberla detestado con otro estado de ánimo

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 16/12/2016
  • Director: Tran Anh Hung
  • Actores: Audrey Tautou (Valentine), Bérénice Bejo (Gabrielle), Mélanie Laurent (Mathilde), Jérémie Renier (Henri), Pierre Deladonchamps (Charles), Irene Jacob (Madre de Gabrielle), Arieh Worthalter (Jules)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2016
  • Calificación: Pendiente por calificar

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A punto de concluir, 2016 sorprende al espectador arrojando contra las costas de la cartelera española un objeto cinematográfico difícil de procesar, desconcertante como mínimo. Una producción franco-belga con escasa presencia en festivales internacionales, y cuyo estreno en nuestro país vecino se saldó el pasado mes de septiembre con reacciones críticas dispares. Todo ello, a pesar de contar en su reparto con Audrey Tautou, Bérénice Bejo, Mélanie Laurent, Jérémie Renier e Irène Jacob, y tratarse de la sexta realización de Tran Anh Hung; cineasta vietnamita muy ligado a la cultura gala que, con su ópera prima, El olor de la papaya verde (1993), fue candidato al Oscar a la mejor película en habla no inglesa y obtuvo dos premios en Cannes, y con la siguiente, Cyclo (1995), ganó el León de Oro del Festival de Venecia.

Tran Anh Hung fue uno de los nombres asociados a las mutaciones y globalización del medio que pusieron en valor hace veinte años como síntomas de un determinado presente cinematográfico Jonathan Rosenbaum y Adrian Martin. Corriente que, como todas, se ha metamorfoseado en otras, dejando atrás los cadáveres de numerosos realizadores considerados en su momento luminarias inmortales de lo fílmico. Hung ha sobrevivido a estos cambios de tendencias deviniendo un trovador errante capaz, tras la trilogía ambientada en su país -que clausuró Pleno verano (2000)-, de filmar un problemático thriller con el actor estadounidense Josh Harnett como protagonista -Vengo con la lluvia (2009)- o de adaptar en Tokio Blues (2010) al escritor japonés Haruki Murakami. Al fin y al cabo, para él "la única nación es el cine, y la expresividad de lo que vemos en pantalla es su lenguaje".

Unas y otras películas hicieron gala de una misma pericia técnica excepcional y preciosista, y de una sensibilidad culterana y de flâneur que daba al traste con la idea de relato, para interpretar los espacios filmados como depositarios de nuestra experiencia del existir latido a latido, hasta que esos latidos correspondan a los de otro ser humano. Cualidades que se reiteran en Eternidad con un grado tal de ambición, y de desprecio por las inquietudes autorales del cine actual y hasta por la asfixiante corrección política coetánea, que hacen de ella una de esas películas que, como suele decirse, se aman u odian, sin términos medios. Y es que, para empezar, Eternidad se basa en una novela de la escritora parisina Alice Ferney no publicada aún en España, L´Élégance des veuves (La elegancia de las viudas, 1995), que narra cien años, tres generaciones de una familia, a través de quince defunciones y veinticuatro alumbramientos que tienen lugar en su seno entre mediados del siglo XIX y del XX. Narración apegada siempre a las vivencias de las mujeres del clan, asignadas esposas, madres, viudas.

Una visión muy tradicional, ajustada solo en parte al paradigma colectivo del momento retratado, por mucho que la familia que imagina Ferney pertenezca a la burguesía católica francesa. La autora parece haber pensado que la alegoría a transmitir en torno al sentido profundo de la vida, su flujo a través de nuestros ancestros, nosotros mismos y nuestros descendientes, podía tener un mayor calado ubicándola en ese ámbito sociocultural, y Hung respeta escrupulosamente su intención, aunque ciñéndola a menos miradas de mujer. Conviene en este punto señalar que la película está dedicada por el cineasta a sus dos hijos, y que la ha realizado en estrecha complicidad con Tran Nu Yên-Khê, su esposa y colaboradora más estrecha, que se ocupa en Eternidad de la dirección artística, la continuidad, y la voz en off que puntúa de principio a fin las imágenes con las palabras de Ferney.

Dicha voz en off, sumada a la brevedad de las secuencias, la limitación de estas a lo intimista y a la plasmación de las emociones primarias relacionadas con los nacimientos y las muertes, y su unión mediante continuos encadenados, hacen que cueste acostumbrarse a Eternidad. Hung convierte en núcleo de ella lo que en la mayor parte de las películas son interludios narrativos, o prólogos explicativos que nos ponen en antecedentes para adentrarnos en un metraje restante estable, convencional. Entrar en el juego propuesto supone haber entendido que Hung repudia, tanto la anécdota como el gran relato -que se aprehenden en Eternidad de manera elíptica-, a fin de que atendamos, no a la genealogía de una familia concreta con la que identificarnos como individuos, sino a la genealogía de la vida misma que fluye a través de sus miembros y nosotros, la única que tiene garantizada la eternidad.

Pese a desorientaciones y titubeos ocasionales, esta ambiciosa, arriesgada labor de realización y montaje fructifica en los momentos suficientes como para ser exitosa: un ejercicio de imágenes significativas en perpetua transición. A ello contribuye la apuesta obsesiva por una belleza audiovisual de tintes pictóricos, ornamentales y fetichistas en la que juegan papel esencial la elección de las actrices, una banda sonora plagada de composiciones clásicas, y los oficios del director de fotografía Mark Lee Ping Bin -con quien Hung ya trabajó en Norwegian Wood-. Una belleza que llega a resultar tan incómoda como el rol que desempeña en pantalla la mujer, aunque preste al argumento de la película calidades sublimes, próximas a lo espiritual, en sintonía con toda una tendencia apasionante del cine contemporáneo. No exagerábamos, pues, al avanzar que Eternidad es una de las películas más peculiares que podrán verse este año en nuestras salas comerciales, aunque haya llegado a las mismas en tiempo de descuento.

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