El País

Crítica: La masculinidad en crisis

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Fuerza mayor (2014)

Lo mejor:
Su precisa caligrafía formal hace de ella una película demoledora, ambivalente y de un hondo calado reflexivo

Lo peor:
Que muchas escenas apenas aporten matices al conflicto central

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 27/02/2015
  • Director: Ruben Östlund
  • Actores: Johannes Kuhnke (Tomas), Lisa Loven Kongsli (Ebba), Clara Wettergren (Vera), Vincent Wettergren (Harry), Kristofer Hivju (Mats)
  • Nacionalidad y año de producción: Noruega, Suecia, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Premiada en los festivales celebrados en Cannes y Sevilla, la cuarta película del cineasta sueco Ruben Östlund lo lleva a explorar senderos narrativos y estéticos que, hasta entonces, le habían sido ajenos. Sin embargo, lo que se mantiene incólume es una mirada contemplativa y escrutadora -nunca meramente documental-, capaz de sacarle los colores a un orden sistémico que, bajo su apariencia pulcra y funcional, sufre en silencio toda clase de dolencias y desórdenes.

 Tanto en las corales Gitarrmongot (2004) e Involuntario (2008) como en Play (2011), Östlund meditaba -o, mejor dicho, incitaba a meditar- acerca de cómo los roles sociales y de género asignados por las modernas democracias occidentales -en concreto, la sueca, con todas sus peculiaridades- han creado identidades falaces, pero robustas, que cortocircuitan cuando nuestros instintos primitivos colisionan contra ellas. Algo que solo podría ocurrir en una situación límite, porque el director viene a decirnos, además, que en realidad formamos parte de rediles en los cuales la disidencia no parece una opción si uno tiene la intención de sobrevivir. Desaparecidos los cazadores, los mamuts y las existencias a la intemperie de la jungla, la sumisión -al Estado, a las elites económicas o al grupo- se instituye en la condición esencial para la conservación de la propia vida.

 La familia se halla en el punto de mira de la magnífica Fuerza mayor (2014) . En el centro del relato, un pequeño acontecimiento que nos remite a otros ideados anteriormente por el realizador, pero cuya resonancia reflexiva, en este caso, no tiene parangón: durante unas vacaciones en los Alpes, una avalancha amenaza con llevarse por delante el restaurante del hotel en el que se alojan los protagonistas, lo que provoca la huida repentina de Tomas ( Johannes Kuhnke), que abandona a su mujer Ebba ( Lisa Loven Kongsli) e hijos a merced de la naturaleza. Cuando el suceso termina, felizmente, sin heridos, Tomas regresa, pero los apacibles días de esquí y vistas hermosas han terminado.

 A partir de ese momento, Fuerza mayor (2014) gira en torno a las consecuencias de la desagradable anécdota. Neutralizada la figura del protector en una familia de configuración tradicional, Ebba llegará a replantearse su papel dentro de una institución en la que ya no puede creer; Tomas, poco a poco, se verá obligado a reconocer que su relato identitario -que es el de la masculinidad y la figura paternal hegemónicas, aunque no se halle exento de connotaciones generacionales- ha entrado en crisis. Un desenlace tan discutible como fascinante culmina un trabajo brillantemente provocativo, cuyas imágenes, casi siempre ambivalentes, incitan a la reflexión y al debate.

 Y es que, si algo convierte a Fuerza mayor (2014) en un filme sobresaliente es su arquitectura formal, fruto de unos trabajos estupendos de realización, fotografía y montaje que se traducen en la decisión de Östlund de dejar atrás los modos falsamente naturalistas de su filmografía previa y apostarlo todo por un esteticismo y una concepción milimétrica de la planificación ya latentes, para los buenos observadores, en las mencionadas Gitarrmongot, Involuntario y Play, alternando el lirismo con la subversión representacional del "estar en el mundo" particular de la clase media europea.

 De ello resulta una obra perversamente divertida pero también profundamente incómoda, cuya sofisticación estética responde a la plasmación de unos códigos morales y políticos, los de la burguesía del siglo XXI, en plena decadencia; una deslumbrante arquitectura visual que no hace otra cosa que alimentar el carácter opresivo de una aventura que, en sus últimos compases, parece a punto de mutar en fábula.

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