El País

Crítica: Milagro en el Líbano

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Ghadi

Lo mejor:
El atracón de buena onda que regala

Lo peor:
Ciertas concesiones al sentimentalismo de perogrullo

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  • Género: Comedia dramática
  • Fecha de estreno: 31/07/2015
  • Director: Amin Dora
  • Actores: Georges Khabbaz (Leba Seba), Lara Rain (Lara Seba), Emmanuel Khairallah (Ghadi), Camille Salameh (barbero), Rodrigue Sleiman (Gerard), Samir Youssef (Lello), Caroline Labaki (Nisrine)
  • Nacionalidad y año de producción: Líbano, 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Llevar a Capra al corazón del Líbano tiene su mérito. Habituados a proyectar una mirada condescendiente hacia el cine de Oriente Próximo, como esperando por narices el inevitable drama social, la correspondiente nueva bocanada de realismo trágico, Ghadi nos deja temporalmente fuera de juego. Es verdad que ya Nadine Labaki había patentado una fórmula buenrrollista y occidentalizante con destellos de realismo mágico mostrando un Líbano (y un cercano Oriente) mucho más risueño y festivo, pero lo hacía con dosis indigeribles de almíbar. Amin Dora, que es novato en estas lides, es un director con más temple y mejor pulso. A vueltas, también, con ese costumbrismo sacarinado que huye con demasiado esmero del retrato deprimente y deprimido de una realidad social no precisamente boyante, Dora bucea en las rutinas, un tanto idealizadas y reconfiguradas en las exigencias de un cuento de los de "érase una vez" de un barrio humilde en una ciudad libanesa en la que sus vecinos ponen buena cara al mal tiempo.

El director libanés mima la consistencia de las subtramas, creando una suerte de sinfonía coral en torno a un puñado de personajes de esos de los que, girando la esquina del primer acto, ya estamos irremediablemente enamorados. Ghadi no es sino un cuento de hadas moderno, una fábula encantadora que habla cuestiona la dictadura de los prejuicios, que apela a un humanismo ramplón pero contagioso para reivindicar lo diferente y apelar a la capacidad de cada uno para aceptar al prójimo haciendo la vista gorda frente a los errores de fábrica que todos traemos de serie.

Cine plagado de buenas intenciones, de optimismo contagioso, película de esas que te reconcilia con el género humano a costa de derrochar ternura (y, a ratos, ternurismo), la propuesta de Dora se lee como una suerte de híbrido entre el toque Tornatore, el universo Berlanga y el fabulismo idílico de Jeunet. Es decir, las costuras son visibles, y a pesar de todo, grata sorpresa, el relato no zozobra ni se precipita por el barranco de la ñoñería y el sentimentalismo fácil. El resultado final no está exento de trampas, pero a la larga Dora gestiona con habilidad el engarce de tramas y subtramas logrando que el encanto y la emotividad inofensiva ganen el pulso a la trampa y a la sensiblería.

Ghadi es a la larga una película cálida y entrañable, poblada por personajes adorables, y vertebrada alrededor de un personaje, el chaval con síndrome de down que cuaja como ángel redentor, que funciona muy bien como catalizador del drama y la comedia. Dora sale indemne de una ópera prima con pretensiones potencialmente envenenadas. Volveremos a saber de él en los años venideros con toda certeza.

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