El País

Crítica: Kevin Smith sigue sin encontrarse a sí mismo con este descafeinado híbrido de cine gamberro y comedia romántica cursi y repeinada de multicine

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
¿Hacemos una porno?

Lo mejor:
La mayoría de los actores

Lo peor:
Que vaya de dura siendo tan blanda

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 19/06/2009
  • Director: Kevin Smith
  • Actores: Seth Rogen (Zack), Elizabeth Banks (Miri Linky), Traci Lords (Bubbles), Jason Mewes (Lester), Ricky Mabe (Barry), Craig Robinson (Delaney)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2008
  • Calificación: No recomendada menores de 18 años

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Kevin Smith quiere ser dos personas en una, y así no hay manera. El que mucho abarca poco aprieta, y el director de "Clerks" es un tipo de esos que no tiene ni puñetera idea de qué quiere ser de mayor. Se suponía que lo suyo era el indie dicharachero, lenguaraz, clandestino y gamberro, pero las texturas off-Hollywood de su cine se fueron amasando al punto de que del director de "Clerks" nunca más se supo. Por un lado se sabe en deuda con el cineasta que fue, y por el otro camina como Pedro por su casa por la autopista hollywoodiense sin despeinarse, como aquel que en el fondo, aunque ensaye cara de malo, aspira a estar del lado de los que manejan pasta y arrasan copando marquesinas de multicines.

"¿Hacemos una porno?" es la enésima película de psicoanalista del antaño proyecto de niño malo del cine americano. Hay veces que se le va la mano con el azúcar y le salen cosas como "Una chica de Jersey", otras se traviste de sí mismo hace tiempo incrustando en sus películas rémoras de sus inicios, que si dependientes friquis fracasados secuestrados por un hermano de peterpan por aquí, que si Jay y Bob el silencioso por allá; cantidad de diálogos cáusticos, de chistes heavys para mayores con los que Smith entona su particular ´aquí estoy yo´ y mucha cháchara generacional para hijos de los 80 y los 90. El problema es que todo ese arsenal de ingredientes de director a su bola son el barniz que esconde una lealtad cada vez mayor por la comedia romántica en conserva, por la cursilería sentimental y el determinismo del happy ending edulcoradísimo.

El problema, también, es que Judd Apatow le ha ganado terreno y ha acabado por ocupar el sitio para él antaño destinado. Sus comedias son cáusticas aún pero de boquilla. En el fondo todo es azúcar con eructos y tacos de por medio y una patológica necesidad por arrimarse cada vez más y más al Hollywood pesado e industrial. "¿Hacemos una porno? " tiene siempre un palabro en la punta de la lengua, se lo monta de película gamberra y soez fichando al muso de la competencia, Seth Rogen (habitual en el cine de Apatow) para girar sobre el mismo círculo: Zack y Miri son dos fracasados sin rumbo fijo con incontables facturas pendientes de pago que, hasta el cuello de deudas, deciden filmar una película porno en plan casero y colgarla en internet para hacer caja. Hasta ahí todo bien, Smith abunda en lo que mejor sabe: el retrato del treintañero perdedor que encaja las bofetadas que la vida le propina con una sonrisa y un chiste sulfúrico siempre a punto. El problema es que no tiene lo que hay que tener para sacar punta al planteamiento central de la película: la peli porno es un desastre, Smith no se atreve a mostrar absolutamente nada; ladra mucho pero no muerde nada.

Así las cosas la incorrección política se evapora irremediablemente detrás de una cortina de algodón dulce. La película va de grosera y desprejuiciada hasta que llega la hora de dar un paso al frente. Entonces Smith se raja estrepitosamente y su película deviene una vulgar cursilería romántica de libro sobre amores imprevistos, sobre amistades que cuajan en algo más y sobre el ideal del hombre y la mujer de tu vida. Todo muy blandito a pesar del ruido de fondo y de las poses forzadamente provocativas. Seth Rogen es el mejor peón del tablero, y Smith afortunadamente le da cancha. Innegable que al final le queda una película entretenida de las que no dan coartada para mirar relojes. Pero no basta. Smith tira la piedra y esconde la mano, y así no vale. Ya no le damos más crédito. La paciencia empieza a agotarse.

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