El País

Crítica: Joe Wright combina el cine de espías y el cuento de hadas en un relato excelso en lo formal pero de entrañas vacías

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Hanna

Lo mejor:
El indiscutible genio visual de Joe Wright

Lo peor:
La oquedad detrás del esmerado ejercicio de estilo

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 10/06/2011
  • Director: Joe Wright
  • Actores: Saoirse Ronan (Hannas), Eric Bana (Erik), Cate Blanchett (Marissa), Tom Hollander (Isaacs), Paris Arrowsmith (Ténico de la CIA 1), Olivia Williams (Rachel), John MacMillan (Walt), Jason Flemyng (Sebastian), Tim Beckmann (Walt), Vicky Krieps (Johanna Zadek), Christian Malcolm (Cabeza de Oops), Jamie Beamish (Burton), Tom Hodgkins (Monitor), Michelle Dockery (Falsa Marissa), Nathan Nolan (Doctor del campo G)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, Alemania, EE.UU., 2011
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Los corsés estrechos del academicismo pre y post victoriano de Orgullo y prejuicio y Expiación, susurraban excelencia, y la consagración, aún germinal y contenida, de un director con apabullantes recursos narrativos. Hanna es la película del desmelene. Joe Wright suelta lastre y se deja ir delante del proyecto soñado: una película anárquica por construir cuyo libreto dejaba espacio como para una tesis de puesta en escena. Y como tal la exprime el director británico, deslumbrando con un sofisticado ejercicio de estilo que se mira vanidoso en el espejo.

En efecto, "Hanna" es un prodigio de puesta en escena, una película rabiosamente contemporánea que cuaja en un grito de libertad calculadamente excesivo. Planteada como un juego de apariencias, filtrada a través del reflejo distorsionado de un puñado de espejos deformantes, la cuarta película de Joe Wright explora el periplo de iniciación en la perra vida de una adolescente adiestrada para romper cuellos y reventar tibias que abandona la hermética protección del elegiaco hogar paterno para adentrarse, literalmente, en la boca del lobo y hacerse mujer a mamporro limpio en el camino.

Hanna es una fábula sobre el amargo tránsito de la infancia a la edad adulta donde el género es metáfora y las hiperbólicas convenciones del cine de espías un señuelo, un jeroglífico. Wright inserta los alucinógenos destellos del heterodoxo thriller en la dinámica, muy rococó eso sí, de un cuento de hadas de manual. Saoirse Ronan es su Caperucita Roja y Cate Blanchett el coco, el lobo, el intruso que se cuela en su iniciático rito de madurez. Todo al estridente ritmo de los temas de Chemical Brothers para fabricar el espejismo de la película estéticamente más elaborada del año.

Pero debajo del disfraz, de la evidente metáfora Wright esconde la levedad crónica del singular capricho. Estructuralmente demasiado compleja para la chicha que la sostiene, "Hanna" es víctima del desequilibrio entre el tono jondo y de autor de su inspirada puesta en escena y la anemia emocional de un relato cebado a base de esteroides. Wright se desahoga a gusto a costa de montar un artificioso escaparate en el que promocionar su indiscutible virtuosismo.

Lo malo es que su película, no exente de méritos, y muy notables, se lo tiene muy creído. Pura fachada; detrás del elaborado dispositivo visual es todo hueco; el cuento no conmueve, ni emociona ni implica; Hanna entra por los ojos pero acaba diluyéndose en el desmesurado volumen del juego formal-conceptual

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