El País

Crítica: Los tempos del tiempo

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Heimat: La otra tierra

Lo mejor:
La naturalidad que emana de unas imágenes muy trabajadas a varios niveles

Lo peor:
Puede que la propia película pertenezca ya a otra era, pasada

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 18/09/2015
  • Director: Edgar Reitz
  • Actores: Rüdiger Kriese (Johann Simon), Jan Dieter Schneider (Jakob Simon), Antonia Bill (Jettchen Niem), Maximilian Scheidt (Gustav Simon), Marita Breuer (Margarethe Simon), Philine Lembeck (Florinchen), Mélanie Fouché (Lena Zeitz), Reinhard Paulus (Unkel)
  • Nacionalidad y año de producción: Alemania, 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Aunque la salud del octogenario cineasta alemán Edgar Reitz aún le permite afrontar realizaciones tan exigentes como la que nos ocupa, no parece irrespetuoso afirmar que, en un futuro, lo más considerado de su filmografía -en la que destacan además sus colaboraciones con Alexander Kluge o Cardillac (1969), adaptación de un escritor influyente en él, E.T.A. Hoffman- no podrá ser ya otra cosa que el monumental proyecto de hálito novelesco al que Heimat - La otra tierra sirve de prólogo y epílogo.

 Dicho proyecto, agrupado precisamente bajo el título genérico de Heimat (Patria), consiste en más de cincuenta horas de ficción agrupadas en tres sagas y apéndices varios, que Reitz ha escrito y dirigido durante los últimos treinta años. En ellas, se repasa la historia de Alemania durante el siglo XX merced a las vivencias de las sucesivas generaciones de una familia, los Simon, perfilada con rasgos biográficos del propio autor. La labor titánica de Reitz tiene como objetivo más obvio el de explicarse a sí mismo quién es, su genealogía, a través de fotogramas en los que confluyen los sentidos brindados por lo histórico, lo anecdótico, lo fílmico.

 Pero la ambición de Reitz -que, además de haber practicado el cine, atesora sobradas credenciales como teórico e ideólogo del medio, adscrito al Manifiesto Oberhausen de 1962 y los postulados del Nuevo Cine Alemán-, ha ido mucho más allá de lo que podía brindarle el recurso a la ficción narrativa: en paralelo a lo perseguido por la escena literaria coetánea y pintores como Gerhard Richter y Anselm Kiefer, la primera entrega de Heimat, producida en 1984, ya predicaba con el ejemplo que el cine de su país había de tener el valor de indagar y renovar en sus formas; proceso del que le habían alienado, tanto el predominio del audiovisual comercial estadounidense -Heimat es un buena medida una respuesta a la serie Holocausto (1978)-, como la represión traumática y la apuesta colectiva por la desmemoria posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En palabras del cineasta publicadas en 1979, "Alemania adolece de una desesperante falta de experiencias comunicativas y estéticas articuladas de maneras significativas".

 Para Reitz, pues, indagar en su condición nativa, en la naturaleza de su patria, pasa asimismo por indagar en la patria imagen. Por recrear, en primera instancia, la mutación a lo largo del tiempo de los espacios de lo humano, esa región de Hunsrück que todos sus personajes dudan si abandonar o no, inseguros acerca de si el progreso consiste en atreverse a habitar cualquier lugar o en volver a casa. Y por recrear, también, la aprehensión del propio tiempo en cada momento histórico, pues no es lo mismo la percepción de una hora en la Alemania posterior a la Caída del Muro de Berlín que atendía la tercera entrega de Heimat, producida en 2002, que en la Alemania anterior a Alemania que abarcan las imágenes de Heimat - La otra tierra. "En la obra de Edgar Reitz, el protagonista es el tiempo mismo" (Thomas Elssaeser).

 Por ello, puede que el momento más ilustrativo de esta precuela de su universo creativo, ambientada en la Hunsrück de mediados del siglo XIX, sea aquel en que dos personajes contemplan arrobados al trasluz una geoda tallada, y sus rostros se confunden con los dibujos creados por los siglos en el mineral, pasando a integrarse en una corriente calma y primigenia. Con la excusa argumental de la posible emigración a Brasil de Jakob (Jan Dieter Schneider), miembro temprano del clan Simon, ante las insuficiencias de un medio rural abocado a alteraciones traumáticas, Heimat - La otra tierra se constituye en representación de otro tiempo, y de otro tempo para el tiempo.

 Hablar de relato en una propuesta de casi cuatro horas que lo fía todo a la atmósfera, las anécdotas, los episodios, la sucesión de las estaciones y del día y la noche, sería absurdo. Nos hallamos, por paradójica que pueda parecer la siguiente formulación, ante todo un espectáculo de signo deleuziano sobre la cotidianeidad y los minúsculos cambios que van alterando de manera irreversible sus rasgos, filmado en un formato panorámico fastuoso, y con una fotografía en blanco de Gernot Roll que -como sucedía en Europa (Lars von Trier, 1991) o La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993)-, da paso ocasional a pinceladas de color para dar cuenta de impresiones sensibles de largo alcance. Una película que, como apuntábamos al comienzo, ejerce a la vez como marco y apostilla del conjunto Heimat, y que sustenta definitivamente la idea de que la obra de Edgar Reitz, como ha concluido el ensayista británico Alasdair King, "explora el papel del cine en la construcción de una patria erigida sobre imágenes-tiempo puntuales y locales, en oposición a la primacía en el mundo globalizado contemporáneo del ningún lugar".

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