El País

Crítica: De la medicina como maldición

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Hipócrates

Lo mejor:
No aburre en ningún momento

Lo peor:
La obsesión de sus responsables porque no aburra en ningún momento

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 08/05/2015
  • Director: Thomas Lilti
  • Actores: Vincent Lacoste (Benjamin), Jacques Gamblin (Profesor Barois), Reda Kateb (Abdel), Marianne Denicourt (Denormandy), Félix Moati (Stéphane), Carole Franck (Myriam), Philippe Rebbot (Guy), Julie Brochen (Madame Lemoine), Jeanne Cellard (Madame Richard), Thierry Levaret (Monsieur Lemoine), Zohra Benali (Koka), Juliette Aoudia (Juliette)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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Aunque haya sido candidata a siete César en la última edición de los premios de la Academia Francesa de Cine, y aunque se haya paseado por los festivales de Cannes y Gijón, lo cierto es que Hipócrates es, para bien y para mal, un ejemplo más de la capacidad del cine francés para facturar, no como excepción sino como regla, productos comerciales con cierta relevancia sociológica, lo que atestiguan el millón de espectadores obtenidos por la película en su país de origen y su estreno ahora en España. Y no solo eso: la industria gala tiene incluso el poder de auspiciar que alguien sin una experiencia demasiado amplia en el medio, pero con algo cualificado que decir sobre cierto estado de las cosas, pueda expresarse.

 Es el caso del co-guionista y director de Hipócrates, Thomas Lilti, de créditos fílmicos hasta la fecha menores, pero con el aval de haber sido doctor durante diez años. Algo fundamental si tenemos en cuenta que, como subraya su título, Hipócrates es una película sobre la medicina y, más en concreto, sobre su ejercicio hoy por hoy en Occidente; un auténtico campo de minas, debido a la pérdida creciente de poder patriarcal por parte del gremio, una tendencia tradicional al secretismo y el compadreo que resulta incompatible con nuestra era de la transparencia, y una recesión económica que ha convertido la falta de medios y la precariedad laboral en una estresante rutina.

 En este sentido, es un acierto por parte de Lilti y sus colaboradores de escritura Pierre Chosson, Baya Kasmi y Julien Lilti (su hermano) convertir en protagonista de Hipócrates a Benjamin ( Vincent Lacoste); un recién licenciado en medicina que inicia su carrera profesional imbuido de un espíritu burgués de clase que tiene como modelo cercano a su propio padre, el profesor Barois ( Jacques Gamblin), prestigioso galeno bajo cuyas alas empieza a trabajar en un hospital parisino. Sin embargo, la novela de iniciación, de formación, a la que se verá sometido de inmediato Benjamin, le obligará a revisar todas sus certidumbres y seguridades, a relativizar lo que había heredado como valores inmutables, a descubrirse a sí mismo como ser humano muy lejos de la perfección, y a transformar su día a día en el reino de lo factible, una vez ha descubierto que la medicina, como le advierte un colega, "no es una carrera, sino una maldición".

 A través de las peripecias de Benjamin, Hipócrates tiene el valor de enfrentar al espectador con una batería de consideraciones poco indulgentes, que dan de lado las disquisiciones filosóficas sobre la vida y la muerte en la balanza de la medicina, y que certifican en cambio las ruindades laborales cotidianas que tratamos de justificar individual y colectivamente, que escondemos y nos escondemos a nosotros mismos dándonos sonoros golpes de pecho mientras debatimos cuestiones abstrusas. Hipócrates da voz a una amplia panoplia de caracteres humanos, desde el pragmático y acobardado gerente del hospital hasta el heroico Abdel (Reda Kateb), chivo expiatorio de un sistema que, hoy como ayer, quizás hoy en mayor medida que ayer por culpa de las circunstancias, prima el conformismo, los prejuicios y la adaptabilidad por encima de cualquier otra cosa. Ni siquiera Benjamin se libra de ser un personaje incómodo, hasta repulsivo por momentos.

 A pesar de todas estas virtudes, Hipócrates está lejos de ser memorable debido a una paradoja de efectos muy perniciosos: Thomas Lilti se esfuerza tanto por hacer una película popular, incluso populachera, a partir del tema que controla, que acaba por desdibujar este y hasta por hacerlo inverosímil tal y como se plasma en pantalla. El recurso a un formato panorámico insulso, a rostros conocidos en determinados papeles, a un costumbrismo chocarrero y superficial, a golpes de efecto dignos de un melodrama, acaba convirtiendo Hipócrates en un entretenimiento más cercano a un folletín televisivo cualquiera sobre médicos, que a títulos capaces de marcar una diferencia como M.A.S.H. (1970), Anatomía de un hospital (1971), Britannia Hospital (1982), La moindre des choses (1997), Las confesiones del doctor Sachs (1999), Máscara de papel (1990) o la reciente serie The Knick (2014).

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