El País
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Crítica: Fluyan tus emociones, dijo el gran estudio

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Home. Hogar dulce hogar

Lo mejor:
Los momentos de auténticos viaje y aventura, muy escasos

Lo peor:
La música de Lorne Balfe y Rihanna, que enfatiza hasta la náusea lo que corresponde sentir en cada momento

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  • Género: Animación
  • Fecha de estreno: 19/03/2015
  • Director: Tim Johnson
  • Actores: Jim Parsons (Oh), Jennifer López (Lucy), Rihanna (Gratuity ´Tip´ Tucci), Matt Jones (Kyle), Steve Martin (Capitán Smek)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: Todos los públicos

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Apenas llegado a casa tras ver en pase de prensa Home: Hogar dulce hogar, nueva propuesta del estudio responsable de las sagas Kung Fu Panda y Cómo entrenar a tu dragón, DreamWorks Animation, este crítico se topaba en la plataforma Tumblr con la crítica más exacta posible de la película: la ilustración de un interruptor con dos posiciones explícitamente señaladas como "on" y "off", enmarcada bajo una leyenda lacónica: "emociones".

 Y es que Home: Hogar dulce hogar, adaptación del libro ilustrado para niños de Adam Rex El verdadero significado de Smekdia (2007), puede que sea el ejemplo más descarado, brutal, de las miserias que aquejan a la animación comercial gestada hoy por hoy en Estados Unidos. Animación que ha pasado de atravesar en los últimos años una indudable Edad de Oro, a representar en el ámbito de la cultura popular de manera terrible esa interpretación, bajo el signo del capital, de las emociones y hasta lo humano "en términos cuantitativos, empresariales, de cálculo-negociación, medios-fines, ganancias-pérdidas, que niegan a la subjetividad sus cualidades ambivalentes y ambiguas" (Luis Roca Jusmet).

 La estrategia, que Disney lleva practicando años pero que se ha generalizado y sofisticado en tiempos recientes, pasa en primera instancia porque el niño y sus padres liguen los sentimientos estereotípicos y formas coloridas proyectados en pantalla, así como las reacciones programadas que unos y otras generan en las comisuras de sus labios y sus lacrimales, con el acto de gastar fuera y dentro del cine, a lo Pavlov, en todo aquello que les devuelva a las emociones vividas en la sala.

 Pero esa equiparación entre experiencias y consumo, apela a nivel más profundo a la interiorización por parte de pequeños y mayores de todo un orden de valores: una cultura de la emoción terapéutica, productiva, y una docilidad política que redundan en la sumisión y la identificación con la lógica económica reinante. Como adelantábamos, Home: Hogar dulce hogar sirve de manera perfecta a la intención descrita: El verdadero significado de Smekdia, novela de formación protagonizada por una niña de doce años y un pequeño alienígena a través de cuyas peripecias Adam Rex revisa las convenciones culturales (en especial las norteamericanas) con un espíritu satírico adaptado a la chiquillería pero deudor de Jonathan Swift y Mark Twain, se traduce en tanto cine como apariencia de relato sostenido sobre la ocurrencia y lo arbitrario, y sometido a una estética audiovisual y unos recursos dramáticos edulcorados que hacen sangrar la vista y los oídos.

  Home: Hogar dulce hogar es el equivalente a una enorme bolsa de chucherías en la que, parafraseando Forrest Gump (1994), uno no sabe en ningún momento qué va a encontrarse, aunque eso no lleve a otra cosa que al saciamiento y el tedio. Pero, a partir de cierto momento, resulta que sí se desvela un trasfondo a la película: la conversión de Oh (el alienígena cuya especie, los Boov, ha colonizado nuestro planeta) a la idiosincrasia de Tip (la niña que ha escapado a la invasión y que busca a su madre). Oh es proclive a ello, dado que no comparte la naturaleza de los Boov: insensibles, aburridos, asociales, incapaces de bailar... mientras que Tip, revestida de todas las cualidades del emprendedor y ninguna de las del pensador, ama a su madre con una intensidad casi patológica, siempre está moviéndose animadamente entre todo tipo de objetos brillantes, y no deja de tararear y moverse bajo el influjo de la música (obra de la cantante Rihanna, que también presta su voz al personaje en la versión original y que ha empleado Home: Hogar dulce hogar como inteligente carta de presentación ante un target de público inédito).No reventamos nada al concluir que Oh decidirá que lo suyo es la Tierra o, mejor dicho, esa Tierra de fiestas con pizza, helado y baile en entorno familiar y socioeconómico ordenado, al que se suma en los planos últimos toda la galaxia. La adhesión acrítica, inmediata, automática de Oh a una configuración simplona, insultante de la vida humana que pasa por dejar el cerebro en la puerta de la misma, es perfectamente equiparable a la que se exige del espectador para disfrutar de la película. Una producción, no tanto para niños, como para empleados tempranos de la empresa vida. El mejor momento de  Home: Hogar dulce hogar, puede que irónico pero reafirmado por su desenlace, es aquel en el que los humanos son abducidos de sus hogares por los Boov y reinstalados en un universo artificial de viviendas suburbiales con todas las comodidades. Así no se rebelarán contra su secuestro, parecen pensar los Boov; y lo cierto es que no se les ocurre hacerlo en ningún momento.

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