El País

Crítica: El Paraíso perdido

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Horns

Lo mejor:
Pese a su extrema rareza y arriesgada fusión de registros, funciona a la perfección.

Lo peor:
Algunos apuntes de trazo grueso

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 04/06/2015
  • Director: Alexandre Aja
  • Actores: Daniel Radcliffe (Ig Perrish), Juno Temple (Merrin Williams), Joe Anderson (Terry Perrish), Kelli Garner (Glenna Shepherd), James Remar (Derrick Perrish), Kathleen Quinlan (Lydia Perrish), Heather Graham (Veronica), David Morse (Dale Williams)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2013
  • Calificación: No recomendada menores de 18 años

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Miembro insigne del Splat Pack -integrado por cineastas del calibre de James Wan o Eli Roth-, a quienes debemos, al menos en los mejores casos, una estimulante labor de renovación del terror audiovisual, Alexandre Aja es, junto a Pascal Laugier, el más importante de los directores galos afincados en el género que comenzaron su carrera en los albores del presente siglo. Reciclando tradiciones narrativas y estéticas, Aja ha sido un cronista feroz y sardónico del declive de la familia tradicional, sacrificada en Alta tensión (2003) en el altar de los deseos inconfesables; condenada en Las colinas tienen ojos (2006) -remake superior al original de la película de Wes Craven- a la destrucción por parte de una sociedad tribalista regida por la violencia y el caos; destruida por su propio reverso tenebroso en Reflejos (2008); o desmembrada en un catártico festival de sangre y vísceras en Piraña 3D (2010).

  Horns, adaptación de la novela homónima de Joe Hill, toma como punto de partida una anécdota disparatada: acusado de asesinar a Merrin ( Juno Temple), su novia desde la infancia, Ig Perrish ( Daniel Radcliffe) es expulsado de su Edén particular, obligado a convertirse en el ángel caído que pondrá patas arriba a una comunidad regida por una mezquindad estremecedora. El poder que le conceden los cuernos que, una mañana resacosa, aparecen de pronto en su frente, es el de desatar a voluntad lo peor de sus congéneres. Harto de sufrir continuas vejaciones y de ser asediado por periodistas y policías a todas horas, buscará al verdadero culpable apoyándose en el poder recién adquirido. No obstante, las consecuencias, como ya imaginará el espectador, serán del todo inesperadas.

 Pese a que se haya insistido tanto en lo errático de la trayectoria de Aja en Hollywood, Horns no solamente certifica la coherencia de su carrera, sino que reafirma su carácter de explorador incansable de formas expresivas; así pues, el filme violenta las claves del cine kitsch de romances trágicos adolescentes, despojándolo de su candidez habitual y nutriéndolo, en cambio, de una agresividad visual que transita del gore a lo goyesco. Aja consigue un difícil equilibrio entre tonos y registros disímiles, adscribiendo la ficción a una comedia negra más armoniosa de lo que cabría esperar de un producto de estas características. Especialmente en su desenlace, la idea del Paraíso perdido, apenas recuperable como mera ensoñación, da lugar a instantes de gran belleza, fruto en cierta medida de la estilizada fotografía de Frederick Elmes. Pero Horns funciona de un modo ejemplar, sobre todo, gracias a un desarrollo sorprendente cargado de twists magníficamente orquestados y a un salvajismo sin bozal del que ya quisieran presumir muchos supuestos enfants terribles.

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