El País

Crítica: Silly Symphony

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Independence Day: Contraataque

Lo mejor:
Alguna escena espectáculo, y la visión de actores como Jeff Goldblum, Charlotte Gainsbourg y Bill Pullman manteniendo la compostura

Lo peor:
Ni siquiera es tan mala como para resultar divertida

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 01/07/2016
  • Director: Roland Emmerich
  • Actores: Liam Hemsworth (Jake Morrison), Maika Monroe (Patricia Whitmore), Joey King (Sam), William Fichtner (General Adams), Jeff Goldblum (David Levinson), Bill Pullman (President Whitmore), Charlotte Gainsbourg (Dr. Catherine Marceaux), Vivica A. Fox (Jasmine), Sela Ward (President Lanford)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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El director alemán Roland Emmerich, auteur por antonomasía del cine catastrofista, ha cometido un grave error en nuestra opinión, que podría refrendar la discreta acogida crítica y comercial de Independence Day: Contraataque en Estados Unidos. Realizaciones suyas últimas como 2012 (2009), Anonymous (2011), Asalto al poder (2013) y Stonewall (2015), empezaban a dar cuenta en el cine de Emmerich de cierta sofisticación ausente de casi toda su obra previa, así como de un interés por historias diferentes a lo habitual en él que acababan delatando argumentos y motivos a considerar en el conjunto de su filmografía.

 Pero, presionado sin duda por la necesidad de volver a tener un gran éxito -el último de su carrera fue la citada 2012-, Emmerich ha decidido jugar sobre seguro apuntándose a la moda actual de Hollywood de reverdecer el valor comercial de marcas -que no ficciones- familiares para el espectador. Así, ha regresado al universo de una de sus películas más toscas: Independence Day (1996), reformulación del cine de ciencia ficción de los años cincuenta, que tuvo un enorme impacto popular en su momento gracias a una serie de causas intransferibles -su maquiavélico estreno un 4 de julio, el protagonismo de Will Smith, la iconicidad de algunas imágenes, la obsesión coyuntural por la figura del presidente estadounidense, su reinterpretación de ciertas claves genéricas- que no podían soslayar lo estúpido de su desarrollo narrativo, diríase que formulado por un niño de cinco años, y lo pedestre de su realización y sus efectos visuales.

 Sin pestañear, sin dudas aparentes acerca de la pervivencia de su creación, Emmerich articula Independence Day: Contraataque como una secuela llena de guiños a la anterior película, y, como es habitual hoy en día, un remake encubierto de la misma en lo tocante a la formulación de características clave. La acción tiene lugar pasados veinte años desde que los seres humanos lograsen, con grandes dificultades, expulsar a los alienígenas que pretendían hacerse con la Tierra. Nuestra especie está alerta ante una posible nueva invasión, y cuenta además con la ventaja que les procura haberse hecho en su momento con la avanzada tecnología de los extraterrestres. Sin embargo, nada de todo eso resultará eficaz ante la magnitud de la nueva amenaza…

 Es precisamente en ese aspecto, el del corregido y aumentado en cuanto a las escenas de magnificencia y destrucción apocalíptica, una constante en el cine de Emmerich, que Independence Day: Contraataque ofrece algo digno de reseñarse, y eso que su materialización -el retrato ambicioso de un futuro cercano, una nave de miles de kilómetros de longitud posándose en la Tierra, la ciudad de Dubái precipitándose desde el aire sobre la de Londres- no está a la altura de las ideas que las alumbran. Por lo demás, no funcionan, ni los intentos de tender puentes con Independence Day, ni la conjunción de personajes conocidos y otros debutantes. Mientras que el humor tontorrón, el avance tedioso de la trama porque sí -a golpe de diálogos explicativos en boca de actores incrédulos- y la mediocridad y hasta la chapucería de algunos apartados técnicos, hacen dolorosamente obvio que nos hallamos ante un anacronismo puro y duro en tiempos del clever blockbuster, la superproducción inmersiva, las estrategias Marvel y los éxtasis visuales de un Michael Bay.

 Es chocante que Roland Emmerich no haya caído en la obsolescencia de su propuesta teniendo en cuenta que, a lo largo del metraje, se suceden concesiones, antaño no tan requeridas, a la corrección política y a la importancia de los espectadores chinos para que a Hollywood le salgan las cuentas con superproducciones como esta. Posiblemente, las taquillas obtenidas en China o Dubái sean de hecho decisivas para que Independence Day: Contraataque tenga a su vez la continuación que se enuncia literalmente en sus últimos compases, y que no tenemos ninguna prisa porque se concrete.

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