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Crítica: Liam Neeson se sobrepone a la nive y a los lobos en un llevadero survival thriller de arquitectura dramática más bien pobre

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Infierno blanco (2012)

Lo mejor:
Liam Neeson, quintaesencia de actor todoterreno

Lo peor:
Los torpes esfuerzos por dotar al relato de un sustrato emocional diferenciador

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 17/02/2012
  • Director: Joe Carnahan
  • Actores: Liam Neeson (Ottway), Dallas Roberts (Hendrick), Frank Grillo (Diaz), Dermot Mulroney (Talget), Nonso Anozie (Burke), Joe Anderson (Flannery), Ben Bray (Hernandez), James Badge Dale (Lewenden), Anne Openshaw (esposa de Ottway)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2012
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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La sola presencia de Liam Neeson suele bastar para subir la cotización de una película mediocre. Es el caso; el formidable actor norirlandés se mete en el pellejo de un cazador profesional que mata lobos mientras pasea su fantasmal existencia por la nieve rumiando nostalgia de tiempos mejores. Infierno blanco (2012) es una película de acción discreta, un survival thriller tópico pero decentemente armado que casi siempre se mete en un barrizal cuando intenta de dotar a la distraída persecución lobuna de un contexto emocional y unos antecedentes dramáticos; Carnahan despacha el empeño con una retahíla de estereotipos muy contundentes.

Infierno blanco (2012) hace aguas cada vez que el atribulado cazador rememora sus días y sus noches al lado de la mujer que amó, y cuya ausencia solo desciframos en la secuencia de cierre. Los flashbacks se insertan en un esfuerzo tan necesario como torpe de dotar a la cacería de un sustrato emocional mínimamente serio; pero no hay suerte. Cada vez que la cinta navega en la raíz de los traumas del héroe se pierde el hilo de lo que de verdad importa.

Es decir, los personajes no están bien esculpidos; la arquitectura dramática del relato es muy pobre, pero Carnahan insiste en buscar un hervor de intensidad psicológica forzado y desmesuradamente elemental. Y es esa insistencia la que perturba la curiosa inercia de la odisea de supervivencia de Neeson y compañía. Una odisea que arranca replicando el Viven de Frank Marshall con un accidente aéreo en un quinto pino nevado y un atroz reto de supervivencia para un puñado de afortunados (o no) supervivientes.

La cosa gana en interés cuando comienzan a merodear los lobos. Infierno blanco (2012) deviene entonces un thriller de supervivientes asediados por los aullidos de una manada de bestias agresivas que sienten su dominio territorial amenazado. Si olvidamos el pretencioso runrún de fondo, los poemas y el nostálgico recuerdo del padre y la parienta la propuesta de Carnahan engancha y la intriga por conocer el destino de los heroicos supervivientes mantiene la llama ardiendo de principio a fin. Donde no llega Carnahan llega el impagable Neeson, que dota de presencia y carácter (y voz) a un personaje previsiblemente insípido en manos de otro con menos planta

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