El País

Crítica: Terror en el salón

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Insidious: Capítulo 3

Lo mejor:
La veterana Lin Shaye, convertida de forma tan insospechada como efectiva en aguerrida luchadora contra lo sobrenatural

Lo peor:
Leigh Whannell ha perdido una oportunidad única para dejar huella en una serie que se prolongará hasta perder cualquier perfil distinguible.

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  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 04/06/2015
  • Director: Leigh Whannell
  • Actores: Dermot Mulroney (Sean Brenner), Stefanie Scott (Quinn Brenner), Angus Sampson (Tucker), Leigh Whannell (Specs), Lin Shaye (Elise Rainier), Steve Coulter (Carl), Tate Berney (Alex Brenner)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Los minutos iniciales de esta tercera entrega de la serie de películas de terror creada por el director James Wan y el guionista Leigh Whannell para el productor Jason Blum son sorprendentes.

 Whannell no solo vuelve a encargarse esta vez del guión, también de la realización de la película. Todo un reto. Y no solo porque nunca hubiese ejercido esa función previamente. Además, reemplaza a un Wan cuyos ejercicios de estilo en Insidious (2010) e Insidious 2 (2013) habían derivado en taquillazos, en la reinvención hasta cierto punto del subgénero de las casas encantadas, y en un reconocimiento al fin por parte del Hollywood de los grandes estudios que le ha hecho firmante de Fast & Furious 7 (2015).

 Whannell aboga con buen criterio por no competir con su amigo Wan. Las anteriores Insidious estuvieron caracterizadas por la vigorexia formal, por una reinterpretación en términos de atracción festiva de los espacios domésticos invadidos por presencias espectrales. Insidious: Capítulo 3, en cambio, opta por una calma en la planificación que, superficialmente, puede parecer tradicionalista, incluso vulgar, una manera de contribuir al objetivo de rellenar metraje; pero que en la práctica sirve con inteligencia -como sucedía en el caso de la minusvalorada Annabelle (2014), derivación a su vez de otro acierto de James Wan, Expediente Warren (2013)- al efecto de devolver el terror a lo cotidiano, a la realidad fílmica, así como de introducir al espectador como si no lo conociera en el universo Insidious: al fin y al cabo, no nos hallamos ante una secuela sino ante una precuela.

 En efecto, la película se desarrolla unos años antes de que la veterana médium Elise Rainier ( Lin Shaye) haya de lidiar con la fantasmal mujer de negro que acosará a la familia Lambert. Elise ya tiene noticia de la siniestra criatura, que trata de acabar con ella cada vez que se interna en el mundo de los muertos a petición de vivos atormentados u hostigados. Debido a esa razón, y a la muerte de su marido Jack (Adrian Sparks), la médium ha renunciado a ejercer su actividad; hasta que una adolescente, Quinn (Stefanie Scott), llame a su puerta debido a la intrusión en su vida de una terrorífica aparición, "el hombre que no puede respirar", que en principio ha confundido con el espíritu de su madre, fallecida año y medio atrás.

 La charla temprana en la que se conocen Elise y Quinn y se plantea la historia de Insidious: Capítulo 3, es posiblemente la mejor escena de la película, gracias al mimo con que, como ya hemos comentado, Whannell se entrega a la labor de retratar espacios cotidianos y sembrar en ellos las semillas de la inquietud existencial, el fatum, el terror. Mientras se continúa esa senda, que hace del fantasma que acosa a Quinn únicamente la gota que colma el vaso en la vida de una adolescente abocada por numerosas razones a la catástrofe, el film no deja de tener interés.

 Sin embargo, llega un momento en el que Insidious: Capítulo 3 se ve obligada a sumergirse en el mundo en que se desenvolverán sus secuelas; a ser menos una película autónoma que la tercera representante de una marca que debe retroalimentarse ficción a ficción de cara a los fans. Como consecuencia, y por mucho que Whannell haga gala del mismo ingenio que en los primeros episodios de la saga Saw (otro éxito de su asociación con Wan) para retorcer sobre sí mismo el argumento a fin de simular que hay novedades relevantes en el mismo, todo pasa a ser lugar común, reiteración, guiño, humor ramplón. En definitiva, se potencia la complicidad con el espectador en vez de su extrañeza, y la inquietud se va al garete. Un caso flagrante de cine popular modesto, interesante, digno, que acaba renunciando a sus potenciales para pagar el peaje de su inserción en una franquicia que, como todas, terminará agonizando entre estertores de indignidad.

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