Crítica: Sin esencia cinematográfica

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha:
Into the Woods

Lo mejor:
La entregada profesionalidad de Emily Blunt

Lo peor:
Su fealdad visual y la incapacidad de Rob Marshall por imprimir en las imágenes algo de chicha cinematográfica

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  • Género: Fantástica
  • Fecha de estreno: 23/01/2015
  • Director: Rob Marshall
  • Actores: Meryl Streep (La bruja), Anna Kendrick (Cenicienta), Christine Baranski (madrastra de Cenicienta), Lucy Punch (Lucinda), Emily Blunt (esposa del pastelero), James Corden (pastelero), Chris Pine (príncipe de la Cenicienta), Johnny Depp (el lobo), Mackenzie Mauzy (Rapunzel), Tammy Blanchard (Florinda), Lilla Crawford (Caperucita Roja), Daniel Huttlestone (Jack), Frances de la Tour (el gigante)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

+ info

Antes coreógrafo y director de musicales teatrales tan aplaudidos como Cabaret (en su versión de 1998) que realizador cinematográfico, Rob Marshall se especializa en el género desde sus primeros pinitos en el mundo del cine, tal como certifican Victor o Victoria (1995), Mrs. Santa Claus (1996) o la versión televisiva de Annie (1999), su debut en la dirección.

 Su consagración definitiva en el medio se produce con la adaptación a la gran pantalla de Chicago, el celebérrimo musical de John Kander, Bob Fosse y Fred Ebb, que se alzaría con seis Oscar, entre ellos el concedido a la mejor película. El secreto del éxito del filme se cifra menos en la discreta cámara de Marshall que en un reparto colmado de estrellas, una cuidada escenografía, un brillante diseño de vestuario y en el fragor técnico de un largometraje cuya mirada hacia un pasado fílmico y musical académicamente deificado -los años 20- terminan de explicar el entusiasmo que generó incluso entre la crítica más conservadora.

 Chicago marca un antes y un después industrialmente hablando y se instituye en un modelo a seguir dentro y fuera del cine. Modelo al que el propio Marshall se adscribiera en la posterior Nine (2009), película que, quizás debido a sus mayores ambiciones creativas, relevaba la poca maña a la hora de rodar de un cineasta que, con el tiempo, ha demostrado ser poco más que humo cuando la producción no está a la altura de lo que exige el producto en cuestión.

 En cualquier caso, y dado el prestigio que lo precede, no resulta, en modo alguno, extraño que Walt Disney Pictures haya vuelto a reclutar a Marshall -quien ya se encargara de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas (2011)- para tomar las riendas de la adaptación de un musical de la envergadura de Into the Woods, proyecto largamente acariciado tanto por el director como por la major. La fuente de inspiración es el espectáculo en dos actos Dentro del bosque, escrito y compuesto por el veterano Stephen Sondheim -responsable asimismo del libreto y las canciones de Sweeney Todd o Follies, entre otras- que lleva representándose con enorme éxito desde 1987 en Broadway y en otros circuitos dentro y fuera de Estados Unidos.

 El largometraje, puntillosamente fiel al original, utiliza el bosque como espacio mitológico en el que se entrecruzan personajes del cuento infantil clásico como Caperucita Roja, Rapunzel, Cenicienta o Jack, el niño de las habichuelas mágicas. Una oscura fantasía puesta al servicio de una reflexión pesimista -y acaso revulsivamente reaccionaria- sobre el deseo y sus encrucijadas. El aspecto más interesante del filme se lo debemos, sin lugar a dudas, a Sondheim: su inteligencia para extraer la dimensión mítica de cada una de las historias, dotando al conjunto de cierto talante ensayístico.

 No obstante, y pese al entusiasmo con el que está siendo acogida Into the Woods por críticos y académicos -seleccionada por el American Film Institute como uno de los mejores largometrajes estrenados en 2014-, se trata de una obra disfuncional hasta límites alarmantes. Para empezar, nunca llega a cobrar consistencia cinematográfica; esto se lo debemos, principalmente, a una puesta en escena plenamente teatral, que no se desliga ni por un momento del original, condenando a Into the Woods a ser un relato pesado y artificioso, sin naturaleza propia. Marshall no parece estar capacitado para reinterpretar el material desde coordenadas puramente cinematográficas, y cuando ha de trascender el plano-contraplano o los travellings que acompañan los paseos del personaje de turno, alcanza cotas de incompetencia preocupantes. La planificación y el montaje de la emboscada que los protagonistas tienden a la mujer gigante es uno de los máximos ejemplos de esta bochornosa torpeza.

 Por si fuera poco, Into the Woods sufre las miserias de un diseño de vestuario funcional en el mejor de los casos, de un feísimo diseño de producción y de un tempo narrativo plúmbeo que hace eternas las dos horas de metraje. Un despropósito del que apenas uno puede destacar los esfuerzos del reparto, especialmente James Corden, Anna Kendrick y Emily Blunt. Nada de esto importa realmente de cara al éxito de Into the Woods: el doble prestigio del sello Disney-Marshall, así como la participación en su elenco de la sacrosanta -y aquí un pelín cargante- Meryl Streep, le auguran una saludable vida comercial a este trabajo pobre y desnutrido en términos audiovisuales.

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