El País

Crítica: Aquellos (no tan) maravillosos años

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
Jersey Boys

Lo mejor:
El descubrimiento de Voncent Piazza, un actor extraordinario

Lo peor:
Se torna demasiado convencional de ecuador en adelante

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  • Género: Biográfica
  • Fecha de estreno: 05/09/2014
  • Director: Clint Eastwood
  • Actores: Christopher Walken (Angelo ´Gyp´ DeCarlo), John Lloyd Young (Frankie Valli), Freya Tingley (Francine Valli), Francesca Eastwood (Waitress), Vincent Piazza (Tommy DeVito), Kathrine Narducci (Mary Rinaldi), Mike Doyle (Bob Crewe), James Madio (Stosh), Aria Pullman (mujer atractiva), Steve Schirripa (Vito)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Eastwood es, no hay duda, un cineasta todoterreno, el maestro del cine de encargo; un artesano superdotado de esos que se adaptan al proyecto, y que no eligen guiones solo porque se adapten a ellos. Jersey Boys es, en efecto, como muchas otras grandes películas del director de "Sin perdón", un trabajo de encargo. Anunciada a bombo y platillo como la primera incursión en el musical puro de su carrera (al fin y al cabo Bird era más bien un biopic con alma de jazz), la nueva propuesta del maestro demuestra dos cosas: la primera es que, a su edad, sigue fiel a sus principios. No tiene miedo a arriesgar, a desafiarse a sí mismo a transitar caminos hasta hoy inexplorados, y eso, en un director de 84 años, es mucho decir.

Jersey Boys no se parece a nada de lo que Eastwood ha hecho hasta hoy, pero el cineasta californiano, al mismo tiempo, es un narrador de cuño viejo, un contador de historias, y su sorprendente "sí quiero" a un proyecto de esta magnitud no nace, en absoluto, del deseo de probarse emulando a los grandes del musical coreográfico. Para entendernos, sus razones para firmar el contrato no tienen nada que ver con las que movieron a Rob Marshall o Bill Condon en tiempos de Chicago y Dreamgirls.

A Eastwood no le interesa el boato exuberante de un género que obliga a hacer pinitos como coreógrafo, entre otras cosas porque no le interesa la dimensión teatral del encargo. Lo que le motiva es la historia, punto, del auge y caída de cuatro chicos listos de Nueva Jersey que conquistaron la cima de la industria musical, y que hipotecaron sus vidas y familias para alcanzar un éxito que acabó por explotarles entre las manos. Es más, de no ser por la secuencia-epílogo (que sí es un guiño a la logística coreográfica del musical original de Broadway), Jersey Boys está mucho más cerca de Bird que de, para entendernos, "Chicago".

Más que nunca, esta vez sí, Eastwood ha barrido para casa, reconfigurando las líneas maestras del proyecto, de tal modo que su película se presente como una hagiografía de los Four Seasons, una película cuasi biográfica de esas, muchas, que desglosan el auge y caída de un artista o grupo musical legendario del panteón rockero estadounidense. Es decir, los amantes del musical teatral quedarán, seguro, decepcionados, al comprobar que Eastwood ha ido completamente por libre, apostando por la estructura de una biografía musical, más que de un musical biográfico, con todo lo que ello implica.

El maestro emula aquí, de hecho, la crónica tragicómica de las malas calles, con actores interpelando a la cámara y un montaje eléctrico a mil por hora, que guiña un ojo, o los dos, al cine gangsteril de Scorsese o, aún más al Robert De Niro de Una historia del Bronx (que era, por otro lado, un sucedáneo de aquel). Impecable ambientación, el descubrimiento de un actor extraordinario en la persona de Vincent Piazza, y la vuelta de tuerca a los entresijos criminales y musicales de la pequeña Italia americana del Nueva York, y alrededores, de los 50 y 60, son la columna vertebral de una película que sabe ser eso, película, y no teatro filmado, al compás de la batuta de un Estwood sólido pero no excelso. Hay un punto de inflexión en Jersey Boys.

El ascenso al éxito y la fama coincide con los mejores minutos de una película que pierde fuelle en el enésimo desglose de las consecuencias de la fama mal digerida, de ecuador en adelante, cuando la amistad se hace añicos alrededor de los oscuros intereses de empresarios y discográficas sin escrúpulos. Jersey Boys acaba volviéndose convencional (tocando fondo con la escena del Salón de la Fama entre quintales de prótesis de látex que insinúan una vejez ortopédica) y demasiado mecánica.

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