El País
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Crítica: La ética de lo amoral

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
Kingsman: Servicio secreto

Lo mejor:
Si se sabe ver sin prejuicios, es una película más que interesante

Lo peor:
Se queda al borde de lo memorable

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  • Género: Acción
  • Fecha de estreno: 27/02/2015
  • Director: Matthew Vaughn
  • Actores: Mark Hamill (James Arnold), Samuel L. Jackson (Valentine), Colin Firth (Harry Hart), Michael Caine, Mark Strong, Jack Davenport (Lancelot), Taron Egerton (Gary ´Eggsy´ Unwin), Neve Gachev (reportera), Sofia Boutella (Gazelle), Sophie Cookson (Roxy), Tom Prior (Hugo), Corey Johnson (Lider de la Iglesia), Velibor Topic (gran matón)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, EE.UU., 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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El estreno en nuestro país de la segunda realización del británico Matthew Vaughn basada en un cómic de Mark Millar tras Kick-Ass (2010), ha coincidido con la publicación de Pompa y circunstancia; un "diccionario sentimental de la cultura inglesa" a cargo del periodista Ignacio Peyró, que loa sin inhibiciones las virtudes asociadas por el imaginario colectivo a lo británico.

 El libro de Peyró es de un tradicionalismo militante. Soslaya cualquier manifestación de cultura baja o subversiva a la hora de articular (su) "cierta idea de lo inglés", clasista y racional. Y, sin embargo, hay algo de transgresor precisamente, de inglés, en esa negativa a ceder a los imperativos de lo alternativo y la demagogia; como hay por el contrario en Kingsman: Servicio Secreto, bajo su gamberrismo de ascendencia punk, una defensa cerrada de los valores de la Gran Bretaña eterna, similar a la que planteaba sutilmente Attack the Block (2011).

 En ese tira y afloja más o menos agresivo de contrastes, en ese equilibrio dialéctico entre el orden y la anarquía, puede que resida lo exitoso de esa entelequia llamada "lo inglés", que experimenta en los últimos años un rearme moral y patriótico puesto también de manifiesto en lo que a cine respecta por Skyfall (2012) y la ahora mismo en cartel The Imitation Game (2014), y que tiene su equivalente político en el gobierno desde 2010 del conservador David Cameron, apólogo del contundente binomio "libertad y responsabilidad".

 El rearme del que hablamos tiene mucho que ver con la actual Gran Recesión, con la inmigración y el fundamentalismo islámico, con la desestructuración juvenil y la violencia callejera. Kingsman: Servicio Secreto es en este aspecto un ejercicio de propaganda y reclutamiento brillante. No tanto una burla de James Bond, modelo evidente en espléndida forma popular desde que lo encarna Daniel Craig, como una relectura del personaje creado por Ian Fleming conjugada en presente y sin maquillajes.

 Una suerte, en definitiva, de Bond Begins, sobre un joven, Eggsy (Taron Egerton), que escapa a su entorno proletario -o, mejor dicho, a una representación del mismo en las antípodas formales e ideológicas de un Ken Loach- iniciando un feroz entrenamiento como agente secreto para una organización de espionaje que reverdece el espíritu de la Mesa Redonda: los Kingsmen. Eggsy habrá de darse prisa en completar su formación si quiere ayudar a detener a Richmond Valentine ( Samuel L. Jackson), un gurú de las nuevas tecnologías con un diabólico plan eugenésico cifrado en el uso masivo por parte de toda la humanidad de sus novedosas tarjetas para teléfonos móviles...

 Vaughn, participante en la elaboración del cómic, honra las capacidades proverbiales de Mark Millar para el espectacular más difícil todavía sin que nos desentendamos del argumento planteado y sus protagonistas, y para el retrato alegórico de nuestro enloquecido hábitat sociopolítico y mediático. Pero su labor formal es mucho más diestra y elegante que la brindada por las viñetas, algo que no extrañará a quien haya seguido con atención la trayectoria previa del director de la citada Kick-Ass, Layer Cake: Crimen organizado (2004) y X-Men: Primera Generación (2011). La consecuencia es una película que peca a veces de calculada, de puntillosa -véanse los subrayados en la secuencia postrera del pub-, pero que, en líneas generales, resulta vibrante, muy divertida; un ejercicio perfecto de narrativa y violencia pop, como ponen de manifiesto esos estallidos de cabezas que nos remiten a la animación lisérgica de los sesenta, o esa litografía de un revólver obra de Warhol que adorna el despacho de Richmond Valentine y, que, sorpresa, también colgaba en el despacho del villano de Kick-Ass, Frank D´Amico ( Mark Strong, asimismo en el reparto de Kingsman: Servicio Secreto).

 Lo más interesante es que la explosiva mezcla de tradición y extravagancia que nos propone Vaughn, de indiscutible incorrección política, acaba depositando sobre nuestro tiempo lábil, fanático, hipócrita, en precario equilibrio entre la autocomplacencia y la autodestrucción, una mirada cuya amoralidad aparente acaba constituyéndose en la única expresión ética creíble. Hay muchos apuntes al respecto a lo largo de Kingsman: Servicio Secreto, pero quedémonos con la abrumadora escena de la matanza en la iglesia, cuyo virtuosismo formal es indisociable de su comentario crítico. Solo por ese momento, cuya radicalidad quisieran para sí otros registros cinematográficos más venerados, la cinta de Vaughn ya se habría ganado un puesto entre lo más destacable de 2015.

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