El País

Crítica: De renglones torcidos

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha:
La cabeza alta

Lo mejor:
El trío protagonista

Lo peor:
Ciertos dejes de cine social de brocha gorda

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  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 18/09/2015
  • Director: Emmanuelle Bercot
  • Actores: Rod Paradot (Malony Ferrandot), Catherine Deneuve (La juez Florence Blaque), Sara Forestier (Séverine Ferrandot), Benoît Magimel (Yann), Ludovic Berthillot (Ludo), Catherine Salée (Gladys Valée), Diane Rouxel (Tess), Anne Suarez (La directora de CEF), Aurore Broutin (Maman scandale), Martin Loizillon (procurador)
  • Nacionalidad y año de producción: Francia, 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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A medio camino entre el Truffaut de Los 400 golpes y el realismo social sensible a los problemas de la adolescencia de los Dardenne o Tavernier, e incluso el Ken Loach de Felices dieciséis, Emmanuelle Bercot se afana en destripar las miserias del sistema educativo francés, que fracasa sistemáticamente en la integración de los marginados, que solo da respuestas punitivas a esos iracundos jóvenes de suburbio que crecen en ambientes disfuncionales, en el seno de familias desestructuradas y dependientes del oxígeno del estado en forma de subvenciones. El epicentro del relato es una de esas ovejas descarriadas, un adolescente extraviado, agresivo y desafiante que reclama la atención y comprensión que ni la familia ni el sistema son capaces de proporcionarle.

Bercot procede con un retrato creíble de las correrías del angelito, de su permanente y tenaz reincidencia en el jaleo y el delito. Pero es, en definitiva, la sintonía de un estribillo bien conocido. Falta profundidad quirúrgica en un relato que, a la larga, cuaja como homenaje a los sufridos funcionarios encargados de lidiar con los renglones torcidos, tornándose, secuencia a secuencia, en un forzado aplauso al sistema de reinserción galo de jóvenes delincuentes, capaz de proporcionar a esos críos huérfanos de todo de la oportunidad que sus dramáticas circunstancias vitales no le dieron.

Paso a paso el mensaje deviene buenista y conciliador y, con ello, el discurso se vuelve plano y monolítico. La cinta va perdiendo fuerza como pieza de realismo social; le falta mordiente y matices en los retratos para erigirse en una mirada nueva, en una perspectiva fresca sobre una temática muy sobada por el cine social a lo largo y ancho del globo. Es el empeño y la profesionalidad del sólido elenco lo que, a la larga, mantiene el edificio en pie. Es la frescura del novato Rod Paradot, que no se amilana ante la responsabilidad de cargar sobre sus hombros con el peso del drama, combinada con el insultante oficio de Catherine Deneuve y de Benoit Magimel, el mejor y más sólido argumento de una película que traza con buen pulso la relación de amor-odio entre el problemático adolescente y la jueza de menores a su cargo, pero que falla en el dibujo de los contornos, en la contextualización, un tanto plana, del relato y en la definición de un porqué que reivindique su singularidad frente a otras propuestas (incontables) más o menos recientes de semejante pelaje.

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