El País
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Crítica: Quiero la verdad

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
La conspiración del silencio

Lo mejor:
Sabe trascender lo convencional de sus planteamientos formales

Lo peor:
Llega a nuestras pantallas sin la repercusión de otros títulos similares

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  • Género: Histórica
  • Fecha de estreno: 23/01/2015
  • Director: Giulio Ricciarelli
  • Actores: Alexander Fehling (Johann Radmann), André Szymanski (Thomas Gnielka), Friederike Becht (Marlene Wondrak), Johannes Krisch (Simon Kirsch), Hansi Jochmann (secretaria Schmittchen), Johann von Bülow (Otto Haller), Robert Hunger-Bühler (Fiscal general Walter Friedberg), Lukas Miko (Hermann Langbein), Gert Voss (Fiscal general Fritz Bauer)
  • Nacionalidad y año de producción: Alemania, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

+ info

Ya de entrada, La conspiración del silencio, como la reciente Escobar: Paraíso perdido (2014), brinda al espectador la circunstancia curiosa, meritoria, de constituirse en ambicioso debut como largometrajista de alguien que hasta ahora solo había sido actor de perfil modesto y, en el caso que nos ocupa, también firmante de varios cortos, el italiano Giulio Ricciarelli. Ayudado en el guión por Elisabeth Bartel, Ricciarelli ha decidido seguir en su ópera prima la estela de otros films producidos en Alemania durante los últimos años con repercusión crítica y popular que han analizado desde perspectivas revisionistas, o simplemente inéditas, periodos convulsos en la historia cercana de aquel país: Goodbye, Lenin! (2003), El hundimiento (2004), Sophie Scholl - Los últimos días (2005), La vida de los otros (2006), RAF Facción del ejército rojo (2008), Hannah Arendt (2012)...

 En La conspiración del silencio, Ricciarelli y Bartel abordan un evento no tan célebre como algunos de los que se recreaban en los títulos citados, aunque sus resonancias fuesen hondas: el juicio celebrado entre 1963 y 1965 en Frankfurt contra responsables del campo de concentración de Auschwitz, que sirvió al efecto de que la ciudadanía alemana afrontara por primera vez su responsabilidad en lo que sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, tras cierres en falso como los procesos de Nuremberg y Cracovia (1947).

 Basten dos escenas de La conspiración del silencio para mostrar hasta qué punto fueron necesarios los juicios de Frankfurt, incluso decepcionando finalmente por causas varias en lo relativo al número de encausados y condenados: en la primera, recién iniciada la película, un superviviente de Auschwitz se topa cara a cara con uno de los implicados en el funcionamiento del campo, que, lejos de vivir en la clandestinidad, trabaja como maestro; en la segunda, el joven y ambicioso fiscal que promueve el juicio, Johann (Alexander Fehling), se descubre a sí mismo ignorándolo todo sobre la verdadera naturaleza de Auschwitz y alumbrando la sospecha repentina de que propios conocidos suyos de cierta edad pudieran ser cómplices de la tragedia.

 Como habrá anticipado el lector, el protagonismo de Johann lleva La conspiración del silencio por el camino clásico, trillado, de la película de tribunales, en la que un inocente ávido de conocer y hacer justicia ejerce como cicerone del público en un entramado que combina los devenires personales y cotidianos, las panorámicas sociales y políticas, las cavilaciones sobre el alcance del ordenamiento legislativo y jurídico ante situaciones excepcionales, y las mentiras y disimulos que sustentan lo colectivo. No puede decirse que Giulio Ricciarelli se la juegue en exceso a la hora de relatar los hechos. Su adscripción a los registros del cine de prestigio, narrativo y melodramático, es indiscutible.

 Pero, por otra parte, Ricciarelli ha corrido el riesgo, y sale bien librado del mismo, de acogerse a formas convencionales del relato para aplicar después sobre las mismas un sutil efecto de extrañamiento, de alienación, propio honestamente de quien contempla, tanto el silencio posterior a Auschwitz, como la algarabía generada por el juicio de Frankfurt, desde la distancia que aportan sesenta años. Con nuestro conocimiento y, sobre todo, comprensión de la magnitud del Holocausto, ver cómo Johann va haciéndose a la idea de lo que pasó, y cómo las autoridades hacen todo lo posible para que el asunto siga sumido en el silencio, transforma La conspiración del silencio casi en una película de ciencia ficción, en una fábula sobre la posible materialización en un mundo, nuestro mundo, de un horror imposible de concebir.

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