El País

Artículo: Recreación de una trauma nacional americano

  • Autor: Roberto Piorno
  • Fecha: 02/12/2011

Robert Redford indaga en clave de drama judicial en el complot que acabó con la vida de Lincoln.

La conspiración
  • Género: Drama
  • Fecha de estreno: 02/12/2011
  • Director: Robert Redford
  • Actores: James McAvoy (Frederick Aiken), Robin Wright (Mary Surratt), Kevin Kline (Edwin Stanton), Evan Rachel Wood (Anna Surratt), Tom Wilkinson (Reverdy Johnson), Justin Long (Nicholas Baker), Danny Huston (Joseph Holt), James Badge Dale (William Hamilton), Colm Meaney (David Hunter), Alexis Bledel (Sarah Weston), John Simmons (John Surratt), Toby Kebbell (John Wilkes Booth), Gerald Bestrom (Abraham Lincoln), Jonathan Groff (Louis Weichmann)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2011
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

+ info

John Wilkes Booth es uno de los personajes más tristemente célebres de la historia de los Estados Unidos. Fue el hombre que mató a Lincoln, el asesino resentido que puso en jaque la supervivencia del delicado equilibrio político-territorial que sustentaba el incipiente proyecto federal. Lo que es menos conocido es la intrahistoria del crimen, las bambalinas, los hilos que movían las manos de Booth, en suma, la existencia de una conspiración en toda regla cuyo objetivo era abortar la consolidación del joven estado.

Robert Redford, experto en las lides de la conspiración mediática (como actor en Todos los hombres del presidente y director en Quiz Show) desempolva un guión que circulaba por los despachos de los principales estudios desde hace años (James D. Solomon comenzó a trabajar en el libreto allá por 1993) para dramatizar un trauma nacional, un parto delicado y una expiación dolorosa. Corre el mes de abril de 1865, el Norte celebra prematuramente su victoria en la guerra de Secesión el día que Lincoln es asesinado mientras asiste a una función de teatro. Uno a uno los conspiradores van cayendo en la red, y a Frederick Aiken (James McAvoy), héroe de guerra y abogado, le toca bailar con la más fea y asumir la defensa de Mary Surratt (Robin Wright), la única mujer presuntamente implicada en el crimen. Aiken no tiene nada que ganar; si pierde el caso quedará una imborrable mancha en su currículum, si gana será objeto del desprecio de sus compatriotas norteños.

Redford con la claqueta

Era uno de los reyes del star system y uno de los actores más deseados del planeta cuando Robert Redford comenzó a abrirse a nuevos horizontes a comienzos de los 80. Primero abrió el Instituto Sundance en unos terrenos de su propiedad en Utah, con el objeto de hacer sitio y dar voz a nuevos talentos del cine americano. Tres años después dirigió su primera película, Gente corriente, y fue llegar y besar el santo, porque la Academia le dio la bienvenida con el Oscar al mejor director. Hubo de esperar ocho años para volver a pasarse al otro lado de las cámaras. Se consagró con Un lugar llamado milagro y después llegaron El río de la vida, saga familiar que lanzó a Brad Pitt al estrellato y sobre todo Quiz Show (que dramatizaba uno de los episodios más escandalosos y fraudulentos de la historia de la televisión americana) por la que volvió a ser candidato a la estatuilla dorada en 1994. Desde entonces ha seguido en la brecha, más centrado en sus obligaciones como productor, con Todos los caballos bellos, La leyenda de Bagger Vance o Leones por corderos, títulos todos de menor categoría.

Y además

Rostros del complot

James McAvoy. Veterano oficial y héroe de guerra, Frederick Aiken se enfrenta un terrible dilema; asumir los compromisos de su código deontológico defendiendo lo aparentemente indefendible o ser fiel a su país y facilitar la condena de los asesinos.

Robin Wright. Da vida a Mary Surratt, la única mujer entre los acusados por el asesinato de Lincoln. Su culpa es regentar la pensión donde John Wilkes Booth y sus cómplices, entre ellos su hijo, se reunían para tramar el magnicidio.

Kevin Kline. Se prodiga cada vez menos pero siempre deja huella. Kline encarna aquí a Edwin Stanton, secretario de guerra y mano derecha del difunto presidente Lincoln. Su obsesión es ejecutar a los acusados, en calidad de ejecutores o cabezas de turco.

Tom Wilkinson. Senador por Maryland y jurista de confianza entre los líderes de la Unión, Reverdy Johnson asumió a regañadientes la defensa de Mary Surrat, pero acabó escurriendo el bulto delegando en el novato Frederick Aiken.

Evan Rachel Wood. Se mete en la piel de Anna Surrat, hija de Mary, y testigo potencialmente clave en el juicio contra su madre. Anna se debate entre su compasión por su madre y su lealtad hacia su hermano, implicado en el complot y huido de la justicia.

Danny Huston. Huston pone rostro a a Joseph Holt, controvertido fiscal en el caso Lincoln en un juicio excesiva e inevitablemente politizado. Su voz es la de Edwin Stanton, y su único objetivo colgar a los presuntos traidores, fuesen culpables o no.

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