El País

Crítica: Tras el telón

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
La excepción a la regla

Lo mejor:
Es una película muy especial si se ha seguido la trayectoria de su realizador

Lo peor:
En sí misma, es inequívocamente menor

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  • Género: Romántica
  • Fecha de estreno: 28/04/2017
  • Director: Warren Beatty
  • Actores: Paul Sorvino (Vernon Scott), Alden Ehrenreich (Frank Forbes), Matthew Broderick (Levar Mathis), Candice Bergen (Nadine Henly), Martin Sheen (Noah Dietrich), Annette Bening (Lucy Mabrey), Lily Collins (Marla Mabrey)
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Puede parecer paradójico, incluso triste, que esta nueva película de Warren Beatty -una de las personalidades más destacables del cine que se producía en Estados Unidos hace cuatro décadas- haya pasado sin pena ni gloria por las salas comerciales de aquel país, al mismo tiempo que el actor y realizador saltaba a la palestra mediática por el error ajeno que protagonizó junto a Faye Dunaway durante la última entrega de los Oscar. Pero, en el fondo, hubo mucho de significativo en la anécdota en torno a La La Land (2016) y Moonlight (2016) ocurrida en la ceremonia; mucho de aplicable a la filmografía de Beatty. Porque, en buena medida, su cine ha versado acerca de la contradicción implícita en esforzarse por llevar a cabo labores concretas de cualquier tipo en ámbitos sometidos al escrutinio público como los de Hollywood o el mass media, cuando, en ellos, acaban por tener más importancia los avatares de la figura en el escaparate, los relatos ligados al glamour y los escándalos, que los logros de dicha figura en tanto individuo con intereses creativos.

 Filmes de Beatty como Rojos (1981) y Bulworth (1998), y títulos con él de protagonista como Bonnie & Clyde (1967), Shampoo (1975) y Bugsy (1991), ya habían abordado ese argumento, que no le es en absoluto ajeno a él mismo. Al fin y al cabo, Beatty ha intentado sacar adelante una carrera llena de inquietudes como director, en paralelo a una estampa suya reiterada hasta lo chistoso en el mundillo del papel cuché como sex symbol y semental… por ello, muchas de sus películas no versan, únicamente, sobre el fracaso existencial del estadounidense medio a la hora de perseguir sus sueños, engañado por el espejismo de un american dream genérico cifrado en lo monetario y lo mediático. Además, están llenas de aristas autobiográficas, en especial por lo que atañe a la gestión en pantalla de su propia imagen. La excepción a la regla persiste en esa idea, si bien, la avanzada edad de Beatty, casi octogenario, le ha llevado a adoptar un rol secundario -con todo, revelador, el del reclusivo millonario Howard Hughes, que siempre le ha obsesionado-, mientras que los protagonistas de su quinta película son dos jóvenes, Lily Collins y Alden Ehrenreich.

 Collins encarna a Marla Mabrey, una modosa aspirante a actriz que viaja en 1958 desde Virginia a Hollywood acompañada por su madre, Lucy ( Annette Bening), para poner en práctica un contrato firmado con el estudio RKO -propiedad por entonces de Hughes- sin que la chica haya realizado ni siquiera una prueba de pantalla. Pasan las semanas, y Marla aún no ha tenido la oportunidad, ni de conocer al peculiar Hughes, ni de pisar un set, aunque disfrute de un lujoso alojamiento, en el que convive con su madre, pagado por el magnate. Mientras Lucy empieza a recelar del motivo real por el que Hughes tiene a Marla, y a otras jóvenes y atractivas actrices por estrenar, aparcadas en apartamentos diversos, la chica empieza a sentirse atraída por el chófer que se les ha sido asignado durante su estancia en Los Ángeles: Frank (Ehrenreich), que no se resigna a esa posición y desea más responsabilidades laborales, aunque ello pueda suponerle acabar devorado anímicamente por el enrarecido universo del potentado.

 Escrita por el propio Beatty con aportaciones de un viejo colaborador, Bo Goldman, experto en Hughes, La excepción a la regla tiene bastantes puntos en común con Bugsy, de la que podría considerarse heredera espiritual, aunque la película que ahora nos ocupa es mucho más endeble que aquella. La narración es confusa, el registro de comedia dramática y sentimental carece de chispa, y la arritmia del metraje hace que el espectador se desentienda pronto de las cuitas de Marla y Frank, obligados a madurar en un entorno donde resulta casi imposible que ello ocurra de manera constructiva. No es de extrañar que aparezcan acreditados hasta cuatro montadores, incapaces en cualquier caso de salvar un filme que, ya producido en los años noventa, habría tenido algo de anacrónico.

 Cuando concluye La excepción a la regla, al crítico le asalta la sospecha de que Beatty estaba interesado sobre todo en dar vida como fuese a Hughes, con el que debe sentir un tipo especial de conexión. Y, en este sentido, la aparición última del personaje, oculto del mundo tras una cortina que semeja un telón, comunicado con los demás vía circuitos cerrados de televisión, rodeado de fotografías suyas con celebridades en las que su rostro ha sido sustituido por el de Beatty, hace que la película se erija en comentario terriblemente lúcido sobre la incomprensión y soledad del creador y las servidumbres de cualquier show business, y en apólogo moral sobre la posibilidad de vivir de otra manera, ajena a todo ello, que les es concedida a Frank y Marla. Una película mediocre, pero que alberga reflexiones crepusculares de notable calado.

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