El País

Crítica: Debates de terracita

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
La fiesta de despedida

Lo mejor:
El reparto, cuando atina a dar con algo real en sus personajes

Lo peor:
La película tiene la profundidad de un debate en magazine televisivo de mediodía.



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  • Género: Comedia negra
  • Fecha de estreno: 17/04/2015
  • Director: Sharon Maymon, Tal Granit
  • Actores: Ilan Dar (Dr. Daniel), Levana Finkelstein (Levana), Ze´ev Revach (Yehezkel), Hanna Rieber (Rohama), Aliza Rosen (Yana)
  • Nacionalidad y año de producción: Israel, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 12 años

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En breve intervalo de tiempo, se han sucedido los estrenos en cines españoles de hasta tres producciones que ponen en tela de juicio la supuesta modernidad que, sobre todo en comparación a sus vecinos y/o enemigos árabes, se le suele atribuir al Estado de Israel, al fin y al cabo una incómoda mezcla de imperio de la ley y teocracia religiosa: Mis hijos (2014), que ahonda en los prejuicios y racismo de muchos de sus habitantes; Gett, el divorcio de Viviane Amsalem (2014), una requisitoria contra la posición subsidiaria de la mujer en aquella sociedad; y La fiesta de despedida, que, en un tono más amable que sus predecesoras, aborda el delicado asunto de la eutanasia, inspirado por una experiencia personal turbadora que vivió uno de los dos directores de la película, Sharon Maymon.

 Maymon y Tal Granit han logrado con esta su cuarta realización conjunta -tras el mediometraje televisivo Mortgage (2006) y tres cortos- el premio del público en la edición 2014 del Festival de Venecia; cuatro galardones de la Academia de Cine israelí; y la Espiga de Oro a la mejor película y el premio ex-aequo a la mejor interpretación femenina en la última Seminci de Valladolid para dos de sus actrices, Aliza Rosen y Levana Finkelstein. Tantos reconocimientos están hasta cierto punto justificados, pues La fiesta de despedida sabe gestionar sus peliagudos argumentos con la habilidad suficiente como para ganarse de cara al cinéfilo accidental, el psicólogo o el maestro un lugar junto a títulos como Mi vida es mía (1981), Las invasiones bárbaras (2003) y Mar adentro (2004).

 La película de Granit y Maymon apuesta además por el género de moda, el cine geriátrico: sus personajes son en su mayor parte ancianos recluidos en un asilo. Por aliviar el sufrimiento terminal de un amigo, uno de los residentes inventa un mecanismo capaz de matar a una persona sin que nadie pueda ser culpado por ello. El éxito de su iniciativa desata una auténtica fiebre entre sus conocidos añosos, muchos de ellos en condiciones de salud críticas. La historia se precipita en un enredo de proporciones inmanejables, y, dado que la eutanasia se vuelve un proceso rápido y sin aparentes consecuencias, en reflexiones acerca de quién podría y quién debería ser sometido al proceso; dilema que atañe de cerca al propio inventor, atormentado por la demencia senil que sufre su esposa.

 Como apuntábamos, La fiesta de despedida es una película ideal para propiciar todo tipo de debates casuales y mediáticos sobre un tema que, antes o después, y seguramente por cuestiones no tanto humanitarias como económicas, acabará siendo parte esencial de la esfera pública futura. Pero, por otra parte, el recurso casi patológico de Granit y Maymon a un humor cómplice, facilón, que torna en melodrama a cada tanto para dignificarse y dignificar al espectador, y la estrategia irritante de hacer de los ancianos criaturas menos reales que pintorescas, da al traste con las consideraciones de relieve que asoman la cabeza aquí y allá.

 Son problemas expresivos que, como siempre, delatan el de fondo: La fiesta de despedida tiene un miedo cerval a ser polémica, impopular; a enfangarse creativamente en los abismos de la enfermedad, la muerte, la conciencia individual y los compromisos colectivos. Las imágenes son fieles, por desgracia, a ese temor, a las aseveraciones de los cineastas en torno a que "nuestra propuesta va de la vida, no de la muerte" y a definiciones promocionales de sus distribuidores tales como "singular, divertida y emotiva celebración de la vida". Actitudes que niegan escena tras escena su sentido a lo que presuntamente se nos había planteado, hasta componer un conjunto cobarde, irrelevante, digno para hacer filosofía de terracita, pero no cine. Como ya sabe de sobra la sociedad española, la crítica a órdenes represivos de uno u otro signo no tiene ninguna eficacia, más bien deviene otro orden represivo, si sus armas expresivas son la corrección política, la incuria intelectual, lo timorato y titubeante, la sonrisa beatífica y emasculadora.

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