Crítica: Pecados de nuestros padres

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha: 31/07/2015
La horca

Lo mejor:
Algún susto memorable

Lo peor:
El epílogo

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  • Género: Terror
  • Fecha de estreno: 31/07/2015
  • Director: Travis Cluff, Chris Lofing
  • Actores: Cassidy Gifford (Cassidy), Pfeifer Brown (Pfeifer), Ryan Shoos (Ryan), Reese Mishler (Reese), Alexis Schneider
  • Nacionalidad y año de producción: EE.UU., 2015
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Aún no ha dejado la cartelera española  Eliminado (2014), cuando llega para recoger su testigo de cara a completar el verano 2015  La horca. Otra película de terror materializada con un presupuesto irrisorio, con el sobreexcitado público adolescente como objetivo, y abonada al registro del metraje encontrado o terror en primera persona; es decir, la simulación de que los hechos han sido registrados por los propios personajes con las innumerables cámaras que nosotros mismos llevamos encima a todas horas y nos rodean en nuestro plano de realidad.

En el último aspecto citado,  Eliminado y  La horca no se diferencian de tantas otras muestras de un registro estándar para el terror desde hace unos años a base de pura insistencia, con las que puede uno toparse a diario en formatos domésticos, plataformas de visionado online y páginas de descargas alegales. Pero hay un dato de producción muy relevante, y es que ambas deben su existencia a la implicación de Jason Blum, uno de los productores más ingeniosos y rentables del momento. Por ello, una y otra han conseguido distribución internacional a través de grandes estudios, y se han abierto paso hasta nuestros cines de extrarradio.

Por lo demás, la coincidencia en cartel de Eliminado y  La horca es interesante, por cuanto demuestra la evolución y versatilidad del terror en primera persona, que, pese a contar con hitos insoslayables con todos los peros que se quiera como REC (2007) y  Paranormal Activity (2007), sigue despertando la ira de espectadores clasicistas y el silencio de críticos perezosos. Si en  Eliminado la narración tenía lugar en la pantalla de un ordenador, lo que equiparaba al espectador con un internauta y suscitaba todo un discurso sobre la aterritorialidad de la imagen y la identidad contemporáneas,  La horca nos remite al pasado, a un escenario teatral y a los pecados de nuestros padres, lo que deriva en una dialéctica apreciable entre modos culturales de representación, recepción e interpretación y control de lo real.

Todo ello, por supuesto, sin que medie intención ninguna por parte de los artífices de  La horca, los guionistas y directores casi sin experiencia  Travis Cluff y Chris Lofing, consagrados únicamente de manera desprejuiciada, sin escrúpulos, a que el espectador se lleve una ración de sustos proporcional al precio de su entrada, y a que ello les abra las puertas de la industria del cine. Y hasta cierto lo merecerían, pues, a partir de las peripecias de cuatro chicos atrapados una noche en un teatro de instituto donde al día siguiente volverá a representarse una obra que veinte años atrás acabó en tragedia, aciertan a poner en escena un cuento de terror tan breve como efectivo, a través de cuyo desarrollo se permiten todo tipo de licencias creativas; una agresividad en el uso de la imagen y el sonido que convierten en algunos momentos la película en abstracción tenebrista de luz y color digitales.

Por desgracia, también debe apuntarse que la verosimilitud del registro -justificado en esta ocasión por ser un supuesta prueba policial- hace aguas en demasiadas ocasiones; que a veces se pierde la paciencia ante los estiramientos de las situaciones; y que un desdichado epílogo delata que  La horca, como ha sabido señalar el crítico Roberto Morato, también quiere apostar, bajo sus andamiajes actuales, por ser una reedición de las películas de asesinos seriales y venganzas de los años noventa, incluyendo el intento por hacer del monstruo una criatura carismática y singular, con background, merecedor de secuelas. En definitiva, como suele pasar casi siempre, cuanto más confía  La horca en la fuerza de las imágenes más efectiva resulta, mientras que cae en picado cuando se esfuerza por aclarar, profundizar o aprovecharse de lo que nos plantea.

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