El País

Crítica: A oscuras

  • Autor: Diego Salgado
  • Fecha:
La mujer de negro: El ángel de la muerte

Lo mejor:
Es la película ideal para ver con el tazón de chocolate caliente y la manta

Lo peor:
Su visionado puede abocar a la ceguera

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  • Género: Thriller
  • Fecha de estreno: 27/02/2015
  • Director: Tom Harper
  • Actores: Jeremy Irvine (Harry Burnstow), Helen McCrory (Jean Hogg), Leilah de Meza (Ruby), Phoebe Fox (Eve Parkins), Leanne Best (Mujer de negro), Oaklee Pendergast (Edward), Ned Dennehy (Jacob el anciano hermitaño), Adrian Rawlins (Dr. Rhodes), Hayley Joanne Bacon (mujer en la estación), Amelia Pidgeon (Joyce)
  • Nacionalidad y año de producción: Reino Unido, 2014
  • Calificación: No recomendada menores de 16 años

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Antes de entrar en mayores consideraciones a propósito de esta secuela de La mujer de negro (James Watkins, 2012), hay que advertir al espectador interesado en verla de que la experiencia puede suponer una tortura para sus ojos, dada su oscurísima fotografía y la discutible calidad de proyección que brindan hoy por hoy la mayor parte de las salas de exhibición comerciales. En los foros de conocidas páginas de Internet sobre cine abundan las quejas al respecto.

 El dato trasciende lo anecdótico, para erigirse en síntoma de lo difícil que resulta en la actualidad abordar con rigor ese subgénero del terror, el gótico, caracterizado por el mimo en la creación de insinuaciones y atmósferas perturbadoras. La renacida Hammer Films, productora de La mujer de negro: El ángel de la muerte, su predecesora, y la reciente El estigma del mal (2014), está tratando de liderar ese regreso al escalofrío de puerta entreabierta y encajes, que también han practicado últimamente No tengas miedo a la oscuridad (2010) y La maldición de Rookford (2011).

 Pero resulta sintomático que la mejor película del lote sea La mujer de negro, realizada por un director que antes había demostrado sus habilidades con un tipo de terror totalmente opuesto en Eden Lake (2008), y que a las restantes puedan ponérseles peros formales (abuso de efectos digitales, el recurso al metraje encontrado) que desdicen su intención de honrar el espíritu de clásicos como Suspense (1961) y La casa encantada (1963), más allá de declaraciones promocionales altisonantes que aspiran, sobre todo, a dignificar los productos de cara a los aficionados al género más retrógrados.

 En el caso de La mujer de negro: El ángel de la muerte, que fracase a la hora de adscribirse al terror gótico parece achacable más bien a la pura y simple incompetencia. A pesar de que el film original protagonizado por Daniel Radcliffe tuvo unas recaudaciones más que decentes, justificativas de hecho de esta continuación, a los ejecutivos de Hammer Films no deben salirle las cuentas o no confiaban demasiado en el supuesto boom del subgénero: todos los nombres implicados en los apartados técnicos e interpretativos son poco conocidos, y su labor en esta ocasión no merece que dejen de serlo.

  La mujer de negro: El ángel de la muerte, inspirada en un argumento de Susan Hill -autora de la novela en que se basase La mujer de negro-, se desarrolla mayormente en la mansión desolada donde el abogado Arthur Kipps ( Daniel Radcliffe) ya se las viese con el fantasma vengativo de Jennet Humfrye, obsesionado con arrebatar a los vivos sus hijos. Sin embargo, han pasado unas cuantas décadas; nos hallamos en 1940, y los nuevos habitantes de Eel Marsh House son un grupo de escolares que huyen de las bombas nazis que asolan Londres. Una de las dos profesoras que les acompañan en ese retiro circunstancial es Eve (Phoebe Fox), que muy pronto sentirá la presencia maléfica de Jennet, empeñada esta vez no solo en hacerse con todos los niños que pueda, sino también en castigar a la joven profesora por un suceso que la atormenta desde hace años.

 No se le puede negar a La mujer de negro: El ángel de la muerte el esfuerzo por sumir plenamente al público en un imaginario no solo inquietante, también melancólico, lo que surte efecto durante los primeros minutos: las sentencias ominosas, el ambiente bélico y la presencia continua de la muerte, la llegada nocturna a los alrededores de Eel Marsh House, llena de presagios… Sin embargo, a partir de ubicarse los viajeros en la mansión, se nos castiga con un relato plagado de incoherencias y digresiones con las que se trata de inflar el metraje, reacciones absurdas por parte de los personajes, y un aluvión de sustos gratuitos (apariciones sorpresivas, aldabonazos sonoros) que están lejos de contribuir a la gesta de un terror elegante, sofisticado.

 En los minutos postreros, la acción abandona los escenarios de la casa para situarnos sucesivamente en un aeródromo simulado y en los pantanos que circundan el inmueble, y de nuevo las buenas intenciones sobre el papel se estrellan contra la falta de rigor práctica. Por ello, cuando el plano último de La mujer de negro: El ángel de la muerte nos apunta la posibilidad de una tercera entrega de la serie, nuestra indiferencia es absoluta. Por no hablar de que, si continúa la merma de calidad, las próximas andanzas de la odiosa mujer de negro darán, como mucho, para una producción a consumir en formato doméstico o vídeo bajo demanda.

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