El País
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Crítica: Nostalgia de uno mismo

  • Autor: Ignacio Pablo Rico
  • Fecha: 25/11/2016
La reina de España

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  • Género: Comedia
  • Fecha de estreno: 25/11/2016
  • Director: Fernando Trueba
  • Actores: Penélope Cruz (Macarena Granada), Cary Elwes (Gary Jones), Mandy Patinkin (Jordan Berman), Javier Cámara (Pepe Bonilla), Santiago Segura (Castillo), Loles León (Trini Morenos), Jorge Sanz (Julián Torralba)
  • Nacionalidad y año de producción: España, 2016
  • Calificación: No recomendada menores de 7 años

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Casi veinte años después de estrenar su último gran éxito cinematográfico, La niña de tus ojos (1998) –que arrasó en los Premios Goya y en taquilla, aparte de impulsar definitivamente a Penélope Cruz al estrellato–, Fernando Trueba intenta secuela mediante recuperar la gloria de unos ’90 comercialmente fructíferos, con títulos como la oscarizada Belle Époque (1992) o Two Much (1996), su fugaz paso por Hollywood. El horroroso cartel original de La reina de España, así como los problemas judiciales con los guionistas del filme original, fueron un pésimo punto de partida para la promoción de la película, de la que tantos esperaban –esperábamos– una catástrofe de proporciones épicas. Sin embargo, La reina de España no cuenta con el interés anómalo propio de los abortos industriales. Es, llanamente, un largometraje gris, carente de vida.

El retorno de los personajes interpretados Penélope Cruz, Antonio Resines, Jorge Sánz, Loles León o Santiago Segura, ya en plenos años ’50 y en el marco del rodaje de una coproducción hispano-estadounidense, nos transmite la certeza desde los primeros minutos de que Trueba ha sido incapaz de adaptar los arquetipos, el sentido del humor y los códigos de la primera parte a nuestros tiempos. El regreso literal –hasta en las líneas argumentales– a aquel microcosmos, así como el trazo grueso y perezoso en el retrato de la cultura de la época, revelan el auténtico espíritu de La reina de España: un ejercicio no de añoranza en torno a otra manera de concebir la ficción cinematográfica –pese a un desenlace que remite a Argo (Ben Affleck, 2012)–, sino de nostalgia por parte de Trueba de su propia belle époque.

A partir de los 2000, el cineasta se había reconvertido en realizador artie –pensemos en El embrujo de Shangai (2002), El baile de la Victoria (2009) o El artista y la modelo (2012)–, lo cual le había permitido mantener intacto su prestigio académico. La reina de España, en ese sentido, huele a grave error. La mediocridad y las medias tintas no impiden, por cierto, que nos ofrezca uno de los instantes más grotescos del año: una violación homosexual digna de chiste de Arévalo. Su dependencia de una mirada sobre el pasado trasnochada, teñida de tintes ideológicos que remiten a productos como Las cosas del querer (Jaime Chávarri, 1989) o ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990), rematan el talante extemporáneo de La reina de España. Una ociosa labor de reciclaje integrada en un relato flácido y concretada en imágenes rancias.

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